Gritos bajo el cristal












En el abismo de un atardecer,

hojas del otoño rasgan el viento,

el árbol desnudo susurra sed

al rocío del césped dormido.


El sillón enmohecido del tiempo,

la epífita que aún resiste,

el camino sin fin que se pierde

entre semillas que los pajarillos 

esparcen.


El agitado respiro de la alegría,

el sudor de la brisa que acaricia,

el silencio de una melodía

que evoca la nostalgia de un recuerdo.


El otoño catastrófico en el viento 

el tronco caído en medio del bosque,

el viaje sin retorno que emprendo

al escuchar el canto en vano 

de una golondrina.


El agua de la fuente que fluye,

la lluvia perenne que no cesa,

el jadeo tras un deseo ardiente,

el crepitar de un latido que no se apaga.


El blasón astillado con flechas en piel 

los pies del anacoreta que avanza,

el musgo de un acantilado antiguo,

la travesura de un niño que sueña.


Un vahido desesperado,

la moneda de un deseo lanzada,

la estrella fugaz que se desvanece

en el último parpadeo de la noche.


Un ir y venir irrepetible,

un punto ignoto en el infinito,

una lucha constante sin tregua ni paz,

una batalla enérgica que no cesa.


Un átomo en el vasto universo,

una verdad desconocida que persigo,

el encadenado que anhela libertad,

un grito desgarrador que no logras oír

bajo el cristal envuelto en nieblas.


El gélido frío de un invierno eterno,

la pregunta que resuena en el vacío:

¿Quién soy, sino todo esto y nada,

un eco martillado bajo el cristal 

del éter?


-- Christian Aycho Carbajal 


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