Cada estrella del cielo
Aún recuerdo sus palabras
de aquella noche de agosto...
los patrones de nostalgia
que colisionaron
en mis velos neurales.
y sensoriales...
La sinfonía de su voz
que quedó plasmado
en mi coordenada estelar.
Aquella constelación
de sílabas de luz:
"Cuenta cada estrella del cielo
y sabrás lo mucho
que te quiero".
Aquellas que,
aún resuenan
en mi galaxia consciente,
martillando cada quark,
triturando mis latidos.
Desgarrando mis lágrimas
en ríos salados
que desbordan
las orillas de mis ojos.
Las noches de los valses estelares
deslizándose bajo nuestro asombro
sentados en el columpio de la luna
nuestras almas
sumidas en abrazos
susurrando luminostalgia
en nuestras miradas.
Las estrellas refractaban
los ecos de la pasión
encendida de ternura.
Sus finos cabellos de oro,
mis dedos rozando
la seda de su piel,
fundiéndome en sus labios rosa
de cristal constelar.
Sus pupilas, su cuerpo,
mi universo
levitan mi alma
y los ejes de mis orbitas.
Aurora espectral de mis ojos
despliegue cósmico
de mis alas,
bajo tu silueta de arrebol,
comandantes de la nave
de nuestro amor.
Yo,
su espectador
su príncipe galáctico
y ella la princesa etérea...
mi Andrómeda estelar.
Miradas infinitas
en sus cristales cuánticos,
reflejos de un amor sinfín
del punto nemo.
Yo la besaba,
con cada latido,
con cada suspiro,
su rostro, su frente, sus ojos,
cada fractal de su ser,
los portales de mi universo.
Anduvimos extraviados
envueltos en un viaje estelar
en modo automático
libando el elíxir alquímico
de sus besos de mango
caricias y gestos almíbar.
Cuando las tormentosas
noches perdían su luz,
yo tenía mi luz
su sol incandescente
mi rosa supernova de ensueño.
Recuerdo los viajes,
tomados de las manos
su alma y la brizna
de sus palabras
revelan miles de sonrisas.
Con su semblante,
con sus cabellos rubios
con las ondas de su quásar
encendía mis latidos.
Aquella mirada
que me ahogaba
en suspiros de felicidad,
embelesado en tu piel
con los ojos eclipsados.
Mis latidos
ondulaban alegría
en el pulsar
de mi pecho.
Amé todo de ella,
sus virtudes
sus grietas,
su calor,
sus sueños,
sus historias
mi núcleo estelar.
Yo me rendía
a sus fuertes abrazos,
a sus dientes suaves,
mordiendo mis labios,
a sus manos blancas y
calientes acariciando
mi rostro.
Yo la miraba
sin parpadear,
sonriendo luces
irradiando serotonina
en los qubits
de mi semblante
mi infinita felicidad.
Mi piel atesora
el eco de sus abrazos
cifrados en mi
memoria cuántica.
Nuestro amor
yace esculpido
en el espejo eterno
de las cuerdas cuánticas.
Aún recuerdo
el álbum de nuestras
locas historias,
las noches de ánimes,
los paseos largos
las tardes de café...
Mi monumento,
mi sirena estelar,
mi pecas de liebre ártica,
mi cuásar de rosa
que brotó un abril.
Cada huella de
nuestros pies, cada silueta
se quedaron atrapados
en los velos estelares.
Te recordaré siempre,
en cada latido
en cada camino
en los abrazos eternos
que sentía en tu piel
sonriente eco cuántico.
Mi primer amor,
fractal herido
de mi intrauniverso
de mi almateria
que aún sangra
galaxias enteras.
En cada eco de tu voz
en la interdimensión,
recuerda siempre:
cuenta cada latido....
y sabrás...
—Christian Aycho Carbajal



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