Orden Supracuántico
El viento susurra jadeos del dolor
y el eco de nuestra humanidad
ríos, mares, árboles y animales
estremecidos en profundos lamentos
de la asfixia del cosmos.
Somos multiversos contenidos
en cristales cuánticos enlazados
por fuerzas electromagnéticas,
formando estructuras de luciérnagas
que portan en sus cuerpos
el río radiante de la existencia.
Partes de un todo,
frágiles al desgarro
del error maligno
que fractura cada pristal
y sorbe el mundo.
El eco roto de las políticas del caos,
de las naciones,
de las crisis económicas,
de las guerras hegemónicas,
de la desertificación de la Pachamama,
de las culturas, de las especies.
Fractura las cuerdas del velo social,
de todas las multidimensiones
irrumpiendo en el latido cósmico
con su vibración devastadora.
Los avances tecnológicos
y la interconexión humana
son inevitables y reforzantes
en la curvatura del bien,
mas el algoritmo del colapso
es nueva guerra por ganar.
Es tarea de las naciones,
de las familias y de ti,
proteger el código ético
y la encarnación cultural
de nuestra evolución,
de nuestra existencia.
La humanidad fracturada,
sumida en el vórtex del caos digital,
en el código error de los algoritmos
que han capturado infillones de
latidos
en el ojo del supermasivo.
Las redes sociales
han abierto portales,
el bagaje de alternativas,
en la búsqueda del placer
y de relaciones de la apariencia.
Mujeres y hombres pierden la batalla
neural, descendiendo al bucle
de la soledad y de la muerte infernal,
las islas de las almas errantes.
Las generaciones
que no verán semillas,
ni flores de su linaje,
muriendo en una oscura habitación
del abandono sin amigos
y sin aquellos quienes decían amarte.
Los espejos de los vórtex
muestran en esencia
el sello de su intención:
acabar con el hilo
que entrelaza el amor,
las familias, los velos sociales
los pueblos, las naciones y el mundo.
Su razón es pervertir
el código genocuántico,
para acabar con la existencia,
rompiendo todo enlace,
disolviendo el amor,
el código ético, los hilos
de los velos cósmicos.
El problema va más allá
de solo desgarrar
el valor existencial del amor;
no solo es destruir
el núcleo de las naciones,
la sagrada familia humana.
En todas las especies latentes
de todo el cosmos
existen velos estelares,
tejidos por los núcleos
de los campos cuánticos
que se atraen para enlazar
y entrelazar los cuerpos
de una dimensión.
La humanidad, un velo dimensional
que se desarrolla bajo esta razón:
mantenerse latente en el tiempo.
Los hijos continúan la transcripción
de la existencia de la especie.
El problema, va más allá:
este código error no solo fractura
el enlace cuántico,
rompe, eclipsa y sorbe
la estructura del universo.
Desde una relación de amor
rompiendo los espejos
de la ternura más pura
del corazón más sincero.
Se conocieron por internet,
salieron para conocerse,
planearon su boda, se casaron,
pero él se enamoró de otra mujer.
Ella, embarazada, vio nacer su hijo
contemplando un firmamento roto
en luminostalgia y sin
esperanzas,
quebrando la mirada.
La otra mujer saqueó
los bienes de aquel hombre
y en un juicio lo pierde todo;
aquella otra mujer se va con otro
dejando un cosmos roto.
El hombre se queda solo,
la otra mujer conoce a otro amor
reverberando el error
en los hijos y nietos.
instalando otra vez el código
en el bucle dantesco.
El sombrío código corrupto
ha destruido hasta encarcelarnos
en islas de almas errantes,
el infierno del sufrimiento humano,
en la horripilante nebulosa neural.
Mas las consecuencias no terminan aquí:
el efecto de la cadena vibrante
afecta en la educación de los hijos,
la violencia, drogadicción,...
Pérdida de la identidad, demencia,
enfermedades,…donde las almaterias
empiezan a sufrir cuadros de desgaste
físico y fallos en la visión
de su reflejo y del mundo.
La neural desgarrada por los problemas,
por la falta de alimentación,
por el caos neural refractado
en cada núcleo del tejido cuántico.
El desgaste entra en un cuadro
vulnerable
donde inician las peores escenas,
infecciones, perversiones, horror,
autodestrucción y polución de la
tierra,
arrasando consigo otras almaterias
otras estrellas latentes del cosmos.
La solución es conocer
este escenario conscientemente
y, desde tu neuroalquimia,
el alimento es tu expresión.
Eres el río cósmico,
¡fluye en ti! el éter cristalino,
la savia lumínica orgánica.
Sé una radiante estrella,
que morir sin nombre es triste.
Deja de fluir en tu alquimia
la polución que aniquila
tu bioeléctrica; eres la esencia
bebiendo la luz de la iluminación
y el aliento que teje el mundo
en tu piel, en tus frecuencias.
Tejer el nuevo horizonte humano,
donde los valores
de la esencia cuántica
refracten sin sombras
la luz de nuestra expresión.
Proteger tu campo bioeléctrico
es proteger el universo,
no es un mandato,
es la esencia melódica
de la sinfonía cuántica y cósmica
que late en tu corazón,
el orden supracuántico primario
que yace codificado en ti.
—Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la humanidad
Derechos reservados ®
Perú, Apurímac, 2025.


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