Ayni Cósmico
Un jardín
irradiando
aromas de
rosas,
jazmines y
gardenias,
y bellas
supernovas
en el
firmamento.
Las brisas en
un vals
de polen y
estrellas
creando
un mágico
y eterno
universo.
El perfume de
almíbar
de
melocotón, néctar
divino que
enciende
pupilas,
lenguas y almas.
La glucosa
danza celestial
que se deshace
en luz
de ATP en
lenta sinfonía
transfigura la
vida
en el cosmos.
El místico
santuario
cubierto
de seres que
conviven
y comparten
savia, fotones
y materia.
Desde el
extraño amor
de electrones y
neutrones
que aun
siendo opuestos
se atraen y
forman átomos.
Las estrellas
abrazadas
por su propia
nostalgia
atraen el polvo
olvidado
y en su núcleo
centellan
fotones que nos
encienden.
Las células de
tu cuerpo
ayudan en el
sacramento
mutuo de ayuda
a los demás
para mantenerte
palpitante.
Las células
madre, nodrizas
y germinales
cooperan e
hilan en
silencio impaciente
el Código de
nuestro ADN.
El óvulo, luna
de espera
recibe al
nadador olímpico
y en un eclipse
de luces
recibe, premia
y sella
el código del
linaje,
germinando al
campeón.
En la infinita
red
del árbol
etéreo,
los seres
vivos
comparten
el multiverso
en perpetua
ayuda.
La tierra nuestra sagrada
Pachamama, despliega
sus arterias de
esmeralda
y te brinda el
néctar
que liba e irradia
tu almateria estelar,
el alimento es luz
de todos sus
hijos.
La fuerza
fraternal
de todos los
seres
es un gran
misterio,
todos comparten
la materia
feliz.
Comparten
aquello
que el
otro no tiene,
aquello que es
parte
indispensable
en
su
rompecabezas.
La humanidad
conoce
la cooperación
natural
que practican
hasta hoy,
en el ombligo
del mundo
"El
Tahuantinsuyu" los
hijos de la
Pachamama
para el buen
vivir.
Jesucristo
proclamó
el amor al
prójimo,
pero esto va
más allá,
es una
responsabilidad
vital, ayudar
a los demás.
Llenar ese
vacío, ese alivio
de consuelo,
donde el otro
ya no
tenga hambre, ni sed,
abrigue su
cuerpo y encienda
la luz de su
conciencia
para
compartir vida,
En los
pliegues del tiempo
sin
tiempo luz, eres tú
desde el
primer protón
hasta la última
galaxia.
Eres el pulso
del tiempo
que une el
átomo con
el universo
infinito.
Ya llegará el día,
en que el éter te susurre
sus versos de
luz
un suave
destello
dónde fluya el
secreto.
¡El Ayni
Cósmico,
es el código
vital!
que Dios cifró
en todos,
y está grabado
en los núcleos
de nuestros
corazones,
para construir
del mundo,
nuestro Edén
Cósmico.
--Christian Aycho Carbajal



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