El Manantial Cuántico










Hoy no fue mi día,
fue un eclipse neural;
en la nebulosa de mi existir
he sentido agujas punzantes
en el corazón corroído
por lágrimas de hiel.

Soy un suspiro alicaído
en las galaxias del firmamento,
en el oscuro supermasivo
que engulle cada alma,
cada hueso, cada estrella,
cada polvo cósmico.

Soy la última lágrima
de la fuente nostálgica
que el sol olvidó apagar
en el cauce de mis ojos.

Un corazón gélido
ahogado en rocíos de cristal,
que la luna abrazó
con su velo helado.

Congelando mi cuerpo
en un témpano,
en una cápsula dura
cual cuarzo escarchado,
atrapado en el tiempo.

En el ocaso del invierno,
al filo del abismo,
en el vórtice del caos,
pensé en quitarme el aliento.

Acosté mi demolido cuerpo
sobre la sábana del césped:
toneles de esquirlas
de angustia y desesperanza
astillan mi corazón.

Triste y con el rostro frío,
en un rincón tétrico,
los árboles sienten mi quebranto
al caer la tarde
sobre mi piel mustia.

El paisaje estelar,
sigiloso y lucernitente,
observaba mi cuerpo estrellado,
devastado en el suelo
de la verde galaxia.

El firmamento constelar,
con un pulso enigmático,
con la fuerza de los núcleos,
una fuente ondular,
inyectó en mi pecho
una dosis misteriosa de calma,
devolviéndome el alma.

En mi reflejo de hielo
resuena el brillo lacrimal
de los quarks,
destellos de estrellas fugaces
que se derriten y disipan
en los espejos atómicos,
apagando el incendio
de mis tormentas neurales.

En un instante sentí
el zumbido molesto
de una abeja,
cuando ya no quedaba
nada que perder;
iba en busca de flores
a sorber la savia del néctar.

Va tras la vida,
y más allá del todo,
perpetúa la existencia
de las flores y de la savia
del eterno manantial.

En el caleidoscopio subatómico,
aquella abeja soy yo
en un universo paralelo,
persistiendo latente
aun cuando el invierno
parece eterno.

Y desde aquel otro lugar,
alguien lee este poema
con extraña admiración.

El multiverso cuántico,
un mundo desconocido,
donde el silencio
es un enigma de amigos
jugando a las cartas
en el río cuántico
que enciende
el vergel estelar.

Las galaxias del intrauniverso,
de las almaterias,
tejen cada latido
en oscuros conductos
donde la savia lumínica
palpita luz radiante.

Las vidas trenzan
el tenue susurro del entrelazo,
con cantos de cigarras,
de colibríes y abejas…
en zumbidos y melodías
de gluones y fuerzas
que nos enlazan a todos.

Unen galaxias del polen estelar
con protones y neutrones,
orbitados por electrones,
en un manantial de quarks.

Del universo de los tardígrados,
de las bacterias a los elefantes,
de las jirafas a los cuerpos latentes
en infinitas interdimensiones.

Los cantos del éter
son partituras de luz y calor,
son cantos de hadrones
que despiertan y elevan las almas
hacia el éter de la danza estelar.

Besando infinitos vilanos cuánticos,
las almas bailan en mareas
de la cuerda vibrante gluonar
en la inmensa red boreal
del arrebol etéreo.

En la armonía del firmamento,
la miel satisface el panal;
la savia del néctar colorido,
estallado el elíxir existencial
en brotes dulces que alimentan
al río de luciérnagas cósmicas.

Todas las especies latentes
vibran la luz en sus pechos,
libando su aliento
en el beso del cauce,
en los pristales de luz.

La vida es la sinfonía cósmica,
con rayos lumínicos en la piel verde,
el pulmón del firmamento.

Y en ese latir
surge un testigo:
el ser humano,
el habitante, viajero
y héroe del cosmos,

quien observa maravillado
la belleza de la explosión:
desde una abeja aleteando
en la supernova intergaláctica
hasta la flor cuántica.

Hasta el quark
que contempla
las mejillas de la luna
con sus dedos humanos.

Es el firmamento,
el rostro de la vida y la humanidad;
las pupilas que contemplan
y protegen la belleza
de su fuente de vida.

El pristal cuántico,
espejo de almaterias,
de la esencia pura
de la conciencia estelar,
guarda el elíxir
de los seres vivos.

Es la memoria existencial,
el manantial cuántico,
el pristal translúcido
de los quarks,
donde Dios borda la vida
y fluye el gran río cósmico.

— Christian Aycho Carbajal



Neologismos

Maravilado: Maravillado y alado, perplejo y enamorado de la existencia.

Lucernitente: Luciérnagas titilantes, todos los seres vivos son estrellas latentes y radiantes con luz propia.

Almateria: Alma y materia, monismo existencial.

Pristal: Pristino, prisma y cristal cuántico que mantiene la esencia pura de ser, espejo cuántico.


Poema dedicado a la humanidad 2100.

Comentarios

Entradas populares