Lágrimas en la espada










Te amé hasta los huesos,

ahí de donde emerge 

la savia del éter lumínico

de cada latido, de cada sueño

donde llueven estrellas...


Te amé con cada pulso del corazón

irradiando destellos en tu mirada

en cada sueño ascendiendo

los peldaños al cielo.


Te amé en cada beso distal

con el corazón fractado y frágil,

tomando tus manos 

en el entrelazo soñado

abrazado a tu sombra.


En mis sueños vívidos 

contemplando fijamente 

el color de tus ojos

y cantando tu nombre

en el vals de mi galaxia neural.


En el eco de tus labios,

en tus huellas grabadas 

en mi espejo cuántico 

en el beso de la taza,

en el sorbo de tu almíbar.


Y el calor de tu silueta

en el silencio del cielo,

en las estrellas tras la ventana,

observando la luna caída.


En mis ojos impactados

tras el traverse plateado,

con perfume a hierro,

en mi pecho que latió tu espada,

hasta la última lágrima.


Hasta el último lamento 

de mis cristales amargos de sal,

limpiando el brillo de los rubíes 

que gritaban en el vacío


Viendo en el brillo gris

tu rostro irónico 

riendo la traición

con tu mano temblorosa.


El eco de mis últimos latidos,

en mis versos rotos,

con el dolor hasta los tuétanos,

en la tristeza del otoño en la calle,

en la noche silente...


En la tormenta de mi mente

que rompió sus rocíos

en el filo de sangre

donde se quebró el poema

en papel disuelto.


--Christian Aycho Carbajal

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