Elegía a mi Abuela











Recuerdo tu espalda  

cargando mi cuerpo  

tus latidos de amor  

tu respiro maternal y  

el calor de tus manos.  


Tu corazón destilaba  

amor puro a tus nietos,  

tus dedos callosos eran

caricias de seda estelar.


Allí cuando mis ojos  

eran ríos de sal  

que ahogaban  

mis labios en hipo.  


Yo veía entre el brillo  

de mis lágrimas  

y la luz del cielo  

tus ojos de tristeza.  


Tus consuelos vivos,  

el calor de tus abrazos,  

los juguetes y dulces,  

las frutas y propinas  

en el secreto de la casa.  


Me enseñaste la dirección  

de los caminos y sus destinos,  

y el color de la conciencia,  

eras mi dulce fulgor.  


Un día tus ojos dejaron  

de ver la luz terrenal  

para ser una estrella más  

en el vasto firmamento.  


Fuiste mi madre,  

cuando el miedo  

acechaba mi alma  

eras el primer consuelo,

cuando me hacía una herida  

tú llorabas conmigo  

y curabas mis heridas.  


Pasé mi niñez a tu lado,  

cada día un milagro nuevo  

cada amigo, una raíz nueva;  

cada aventura, libro abierto.  


Conocí el cielo azul y nublado,  

el pueblito, la leche  

y la infusión de manzanilla  

con los panes de harina y maíz 

llenaban nuestras mesas.  


La tierra, la agricultura,  

el ayni, la minka  

mi amor a la naturaleza  

es gracias a ti y  

nuestro huerto.  


Los días de siembra, 

cuando el esfuerzo  

se enlazaba al sol  

con el petricor y sudor  

rehidratabas nuestras  

almas con chicha de maíz.  


Para abrir los pliegues  

de la Pachamama  

donde sembramos  

las semillas cósmicas  

de la savia del tiempo.  


En los cultivos y cosechas  

cuando con alegría  

cultivamos las plántulas 

veíamos crecer y florecer

nuestra parcela vital.


Y luego de meses

brotaban coloridos frutos  

y granos que la tierra  

llenaba nuestro tambo.  


Los días de fiesta,  

los días de iglesia  

cada paseo de aventuras  

fueron días de cimiento  

que forjaron mi ser.  


Duelen tus recuerdos  

el hondo peso...

que cuesta respirar

que devasta el vacío  

con suspiros que rasgan

los latidos del corazón.  


¡Te extraño mucho!  

mi madre amada.  


—Christian Aycho Carbajal  


Dedicado a mi Abuelita Petronila Cortéz.








Comentarios

Entradas populares