El último candelabro
Tú, sermón que no dilucido
confitura que no pringa el pan,
dedos rozando espejos que rompes,
pisando los escombros que quiebras,
deshojando las cenizas
del libro que incendias.
Acicalando tus uñas de sangre
en el rostro de pilatos ante Cristo,
de tus labios emerge la savia negra
zarpas de leones que brotan el miedo del caos
Ironía que bebe en copas de hierro
los llantos del niño perdido.
Diluvio de mitos contra el castillo
de marmol, castigos en contrasentido
la felonía encarnada en tus golpes.
Recuerdo tus lúgubres graznidos que
desgarraban el cadalso con gritos
sin voz, clamando y sudorando hielo
y piedad al Hades.
suplicando al muro
y a las filosas espadas... ¡libertad!.
Mi alma exhala del pecho un retozo de luz
que aún brilla en este agujero negro,
que entre las sombras de la niebla
sus luces aún titubean.
El último candelabro existencial,
el candor esculpido en un corazón
que los dioses del Olimpo olvidaron
en el latido de los humanos.
Pero un velero que surca el caos avernal
de enjutos y orondos sin alma osea,
Sin hambre de verdad
y sin lágrimas de paz.
Pero en la densa noche cuántica,
el retozo de la conciencia humana
el aurora que desprende su luz
desnuda que reanima el alma apagada,
al retoño que rompe el esqueje.
Se acerca la nueva primavera cuántica
la alegría atómica del sonido en
el canto de millones de pajarillos
que vibran en violines y trompetas
del vasto cielo, dónde arde
el primer candelabro existencial.
---Christian Aycho Carbajal



Comentarios
Publicar un comentario