Se disolvió

  











Su rostro, la estrella de mi firmamento  

y las manecillas marcan mi amor infinito  

que aún sangra con el sol y la luna  


Mi meliflua oxihemoglobina,  

has tiritado mi corazón  

en su gélida y silente ausencia  


La belleza de sus oscuras pupilas  

traspasó al infinito vacío de quasares  

de mi universo cuántico  


Ha cautivado la ternura de mi percepción  

su piel, sus labios, supermasivo que besa mi pasión  


He pintado un mural en mi alma  

con colores de melodía celestial  


He escrito su rostro en mi destino,  

he visto mi cuerpo ya muerto en sus mentiras  


El cañaveral dulce convertido en amargas cenizas

hoy es un averno de almas condensadas en fatales

nieblas donde se rompen sus gritos en polvo

cósmico.


Nada revive ya el cadáver frío  

el amor se ha disuelto en la fuente de sal  


Si tan solo pudieras mi esqueleto  

en postura de eterna angustia  

te ahogarías en su estremecedor tormento  


Sólo fuiste un cometa hermoso 

pero letal qué incendió 

las capas de mi piel, mi atmósfera 

atravesando una filosa daga  

en mi antimateria,

mi relativa y efímera felicidad.  


—Christian Aycho Carbajal  



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