El Encanto del Bosque














¡Llévame!

Allí donde el rocío

brilla con el sol

entre el verdor

de las hojas,


Donde el musgo

susurra versos de amor

en cantos de cigarras

y suspiros del río.


Donde flores y hojas

son constelaciones

del verde firmamento,

y las raíces abrazan

la memoria de la tierra.


Ahí donde la brisa

besa tu rostro

con el dulce canto

de los gorriones,


Donde el viento,

con labios de ángel,

teje un beso en tus mejillas.


Y las abejas tejen panales

de tiempo dorado

en latidos cósmicos.


Donde el atardecer

deshoja pétalos de ámbar

sobre tu silueta de sirena.


Dónde el tiempo

se detiene atrapado

entre ramas y troncos,

y los ríos destilan

el elixir de los instantes.


Donde los cuervos

observan tu alma

que flamea en el follaje,

y sus plumas guardan

corazones latentes

de constelaciones secretas.


Allí donde los caminos

te llevan a etéreas

interdimensiones,

en cápsulas del tiempo

que revelan paisajes.


Y el silencio inventa melodías

con las pisadas de los ciervos;

mientras liebres sigilosas

disuelven tus miedos.


Donde duerme el cansancio

de tus ojos en el prado

envuelto a tu cintura.


Y las luciérnagas

encienden la calma

para los sueños perdidos.


Ahí donde el sol

perdió su brújula

y se detiene a mirarte

entre los árboles,


y tu respiración

dibuja el arcoíris

en el cielo azul.


Donde los animales

guardan ángeles

en sus pupilas quietas,

ahí donde sus huellas

firman el libro invisible

de tu memoria cósmica.


Las bicicletas

dibujan caminitos

en el latido del corazón,

y las raíces entonan

canciones de petricor.


Ahí donde cada paso

viene cargado de carcajadas

en historias compartidas,


Y las piedras memorizan

nombres y risas

en la piel del tiempo.


Donde las fotografías

y las locuras se desnudan

en alegrías que encienden

el encanto de lo efímero.


Y el olvido se ahoga

en ríos de caracoles brillantes,

en la fuente donde el amor vibra

en cristales de rocío.


Donde se mastica la luz

y se digiere la eternidad

en vasos carmesí

que beben el soplo

de la galaxia verde.


Y la hoguera del mal

se pierde en la oscuridad

del paisaje profundo.


 Donde misteriosas ardillas 

crean suspensos sorpresivos 

en el pergamino de tu existencia.


La primavera besa el tiempo

y lo envuelve en recuerdos;

miles de pétalos susurran

profecías en código de colores.


Donde el regalo perfecto

eres tú y tus seres queridos,

compartiendo la sinfonía

de latidos en armonía.


Y los abrazos y besos

son semillas bajo tu costilla

que perforan el miedo

y transforman la tristeza.


Donde eres libre

para gritar entre ecos

tus verdades y conjurar

tus deseos al firmamento.


Donde los helechos

archivan tus historias

en rollos de savia antigua.


Allí donde eres tú

y la naturaleza conectados

en abrazo perpetuo.


Tus venas beben de arroyos

que cantan en dialectos orquestales,

y sientes el oxígeno

latiendo esperanza en tu alma.


Ahí donde la tierra

teje un nido de raíces

bajo tus pies descalzos,


y el río bebe tus lágrimas

para florecer versos

de esperanza renovada.


Ahí donde la nostalgia

te devuelve la vida

y repara tus heridas

hasta convertirlas en paz.


Y el bosque cosecha

la luz de la luna,

mientras las raíces cantan:

Eres raíz y alas...

Eres la magia del jardín estelar.


--Christian Aycho Carbajal

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