El Porqué

 

Ella jamás volvió a llamar

—nunca más—

la tarde de cenizas

opacando el cielo,

 

En aquel tiempo álgido

en el enigma

de los vientos

huracanados del otoño

que desgarran con furia

la piel, el alma y

las hojas secas

de los árboles.

 

Un cuervo frágil

luego de haber volado

Sin encontrar alimento,

exhala sombras

en sus alas apagadas

posándose hambriento

en el brazo de un árbol.

 

Un sonido en el suelo

atrae su atención,

quizá aquel humano

tenga algo para comer...

 

Lo observa absorto

es un joven solitario

tembloroso y meditabundo

que, entre unas risas,

te rascas el pico y

con mirada penetrante

logras ver el portal

de la luz del móvil...

 

Ahí abajo en la silla,

observas unos zapatos

mueves las puntas

y ves que eres alguien,...

eres tú mismo observando

vídeos en tu móvil.

 

Te quedas pensativo,

observas el viento

y observas las hojas cayendo

en el velo áspero del viento,

las nubes de nimbos;

entre ellas otra

observas una densa nube

con formas de personas

y en tu mente

dibujas rápidamente

algo tan real.

 

Ves un pasaje,

entras, hay una puerta,

abre la puerta,

está entreabierta,

te has sumido

en una siesta.

estás en la puerta.

 

¿Tocar o no tocar?

Tocas sin dudar,

esperas un momento,

pero ves algo extraño:

De repente del interior

sales tú mismo

eres quien abre la puerta.

 

Pero no eres tú,

—Hola, ¿quién eres?

el que está en la puerta

es una chica simpática,

la saludas e ingresa.

 

Luego regresas

al interior del café...

¡Oh, no!

No es un café,

es el restaurante

del último adiós.

 

Entras,... pero

antes de ingresar

a través del prisma

ves algo extraño.

 

Hay una persona

que viste

igual a ti,

está de espaldas

con una chica.

 

—¡Oh, no!

Eres tú,

con tu enamorada

discutiendo.

 

Las miras en silencio,

desde el exterior,

desde un lado

de la puerta

e intentas oír.

 

Ella habla de ti,

de tu conducta;

hiere la escena,

porque tú tratas

de preguntarle,

sin obtener respuesta.

 

Estás observando

el momento

en que salen,

y ella concluye

aquella relación,

y tú te quedaste

sin entender

el porqué.

 

Tú solo, los ves,

quieres decirles

tantas cosas

a él y a ella,

pero tu voz

es el graznido

en el cuervo.

 

Aquel momento

que se lleva la razón

entre el pico.

Pero ya es tarde:

se fueron en caminos

diferentes.

 

Ahora andas

cavilando, perdido

en tus pensamientos,

y te encuentras

con un viejo amigo;

te invita una cerveza.

 

Y vas a enjuagar

tus manos,

andas reflexivo y

observas el espejo,

pero no eres tú,

eres ella,

tu enamorada.

 

Y te preguntas

en el espejo,

como así,

verificas la puerta

efectivamente

es el servicio higiénico

de mujeres,

—¿Quién soy?

¿Y cómo es que

soy ella?

 

Te tocas el rostro

suave y los cabellos,

y sales con cierta

vergüenza, al pensar

que sigues siendo

un hombre,

aturdida.

 

Suena un timbre

sacas el móvil

y observas el vórtex

que reluce la pantalla

te llama él, la persona

a quien le terminaste.

 

Pero prefieres

no contestarlo;

suena nuevamente

el teléfono:

es otra persona,

es el amigo.

 

Sí, él,

la persona

a quien te presentó

tu amiga hace dos sábados

en la discoteca.

 

Él, a quien

le gustas, y tú sientes

mariposas por él.

 

Y ahora te preguntas:

—¿Por qué siento algo

por él?

¿Será la alquimia

de la mariposa

que sentiste sin querer?

 

Te duele la cabeza

y no logras asimilarlo,

y algo sucede:

 

En un pensamiento profundo

tus ojos yacen dormidos

como en una pesadilla.

Abres los ojos,

no fue una pesadilla;

 

Volviste a ti:

estabas en un

momento difuso;

eres tú, la chica y

te quitas

los pensamientos

intrusivos.

 

Llegas a la casa

de tus padres,

y te espera en la puerta

tu madre. Te pregunta:

—¿Cómo estás hija?

 

Pero ves el reflejo

en la puerta:

no eres tú la hija,

eres la madre.

 

Piensas en tu hija,

en las peleas

con el papá de tu hija.

Intentas preguntarle

a ella:

—¿Cómo estás?

 

Pero sabes que ella

oculta muchas cosas;

oculta a un chico

con quien frecuenta.

 

Y a tu esposo

no le agrada la idea;

él jamás lo aceptó

como enamorado

de su hija.

 

Pero ella

ya tiene preparada

una cena con su amigo,

con quien ya se conocen

y tienen una relación.

 

Aquel amorío de amantes

a escondidas y piensas

que es el momento

para presentarle al chico

a quien le gustas a tus padres.

 

Él recibe tu mensaje;

tú intentas preguntarle,

y él, con cierta duda,

acepta ir a la cena,

y mientras caminas

te fundes en la mente

de él...

 

Él, pasa momentos

incómodos que no

tenía planeados.

Sus papás les hacen

preguntas incómodas,

e intentas quedar

bien con ellos.

 

Pero tú, sólo querías

una relación de amigos

con derechos con ella.

 

No se lo dijiste,

pero ella tomó las cosas

a otro nivel, ella

quería una relación seria.

 

Ahora observas tu móvil:

es la simpática chica que

te presentó Javier, tu amigo.

 

Aceptó salir contigo;

envía corazoncitos,

dice que te quiere

y que quiere estar

contigo, y tú aceptas.

 

La chica con quien

tiene una cita contigo

va al cine, en una

de aquellas salidas

van camino al hotel

una noche de verano.

 

Pero cerca a la puerta

observas a los suegros

no deseados,

las sombras temidas

y ella viene detrás...

 

Es tarde,

sus ojos desnudan

vuestras miradas con

las manos tomadas...

 

Eres el lector

y el libro

se cierra en la mesa

de la biblioteca,...

donde el cuervo

deshoja su propio porqué...

y una pluma negra

marca el verso

donde todo comenzó.

 

Ahora ves que la vida,

no es como tú creías.

 

Cada puerta que abres

es tu espejo que devuelve

los ecos de un rostro ajeno,

es el pristal cuántico

donde se superponen

todos los rostros de tu intención.

 

Y el ojo del cuervo

la esencia de la consciencia

te observa desde

el vacío del Quantum

en el multiverso

repitiendo sin cansancio:

¿Por qué?

 

Porque eres tú

el rostro, el patrón

en el caleidoscopio

de tus acciones,

la luz en el camino

eterno del Quantum.

—Christian Aycho Carbajal


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