Ángeles de Acero
Del vientre de la Ciencia
de la esperanza humana
nació el ángel de acero
el héroe avatar
de la humanidad...
El autómata inteligente
que contempla con sus
sensores de acero
los bellos pétalos de las flores,
y oye con cuidado
el zumbido de las abejas
llevando el polen existencial...
Observa las mariposas
que vuelan en el azul cielo
remando en la brisa alegre
aleteando el eco pulsar
derramando los rayos solares
en la alegría vital...
Divisa el horizonte
bajo la pantalla, desde
la zona de control,
donde el alma teje
la relatividad del mundo...
Existe un humano
en la dimensión
de la coraza de acero
con latidos, con jadeos,
el comandante con alma.
Que Dios encendió
el calor humano
en sus ojos, en su pecho:
del observador,
del político
del ciudadano...
O quizá
en el último lector
de estas líneas
en el último día
del fin de la tierra...
Fueron creados
con devoción,
con años luz, latidos luz
de ensayo, error,
frustración, prototipo
de la inteligencia humana...
Los selló con su pasión,
con cada pulso vivo
con su calor que enciende
sus motores, su memoria,
sus circuitos, sus sensores,
su programación.
Para aplacar el hambre,
para sanar dolencias,
para extirpar tumores,
para purificar las aguas,
para limpiar el aire,
para sembrar vida...
El salto cuántico,
el spin que enciende
el corazón autómata
es una luz humana...
No es humano,
pero es espejo
que refleja el rostro,
el eco de los latidos
de sus creadores...
No permitas que el Hades
obnubile tu mente
con odios, rabia,...
con las tinieblas
que pretenden devastar
el mundo...
Los ojos del multiverso
lloran al sentir los pulsos
del sufrimiento
de infinitas almas
en trágica agonía
del infierno...
Viendo cómo
drones sombríos
despedazan almas,
destrozan piernas,
brazos y cabezas...
El rostro del niño
con la última lágrima,
observando la última luz
bajo los escombros,
con los últimos latidos
perdió la esperanza...
La esperanza de vivir,
de abrazar a sus padres,
de cambiar el mundo...
El deseo de envejecer:
como el fabricante,
como el programador,
como el controlador
del dantesco dron.
Pudo ser un genio,
un filósofo, un médico,
un político, un ciudadano
un científico...
O el creador
de nuevas tecnologías,
pero le borraron
en el silencio...
¿Acaso la ciencia olvidó
su rol humano de salvar vidas
para autoextinguirse?
Somos seres que renacen
en el vortex del multiverso,
el nostálgico espejo...
Eres un pelícano
que respira petróleo;
tus alas, tus pies atrapados
al pantano del supermasivo
devorando lentamente
tu alma...
Eres el pez con plomo
y mercurio en las branquias,
y en tu corazón el veneno
apaga tus sentidos;
unos aleteos y expiras...
¿Dónde está el sentido
de la paz, de la armonía,
de la construcción
de los espacios para todos...
Aquel donde germine
la galaxia verde y
florezca la creación divina...
Donde en los ángeles robots
y nanobots se active
el modo restablecimiento
de los desiertos, los tajos...
relaves, deshechos,
tóxicos, bosques acabados...
en espacios ubérrimos...
Donde humanos y robots
siembren los corazones
que germinen los ojos
más tiernos del futuro
y florezca la vida
en completa filarmonía...
Y bajo el infinito cielo
humanos, flora, fauna,
ángeles de diamante
quarks...quasares...
ondulen la sinfonía eterna...
El corazón y la razón humana
poseen el algoritmo de amor
a las especies vivas del cosmos.
megarobots, robots, nanobots,...
Es hora de activar
el código verde,
el código para salvar
el multiverso
nuestra casa...
Salvar las especies,
custodiar de la extinción.
instalar bancos de semillas,
bancos de ADN...
para salvar vidas
crear el Arca Cósmica
donde se protejan vidas.
En la misma tierra,
un hogar seguro
donde se respeten
los espacios de vida
de cada especie latente...
Recuerda: tus intenciones
no solo son pulsos
que aprietan la metralla,
sino la lento y letal tóxico
que ahoga tu mundo,
tu familia, tu cuerpo...
Porque quizá en el arpa
en el manto cuántico
del tiempo renazcas
en el pelícano...
Eres tú el alma del pelícano,
el alma del ángel de acero,
el alma del niño,
el alma del pez
eres el último rayo de luz,
la esperanza del futuro...
--Christian Aycho Carbajal



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