La última nota del piano














Cada nota es una herida
un sable cortando cada vena
de aquel cuerpo anónimo
que besa con tristeza
el rostro de la nostalgia...

Cada tecla es un lamento
que rocía miradas caídas
que se rompen en el vacío...
goteando sal carmesí
en las teclas blancas.

Notas que despedazan
las siluetas del sufrimiento
la sinfonía que estalló
el cuásar de mi existencia
con sabor a sables de hierro
que atravesaron mi espalda...

Mi alma es la sombra
que flamea en las grietas
de cada tecla negra
cada dedo del pianista
del tiempo sin luz
se hunde resonante
devorándome en un agujero...

Cada nota es un nudo
en el alma que eriza
la piel del polvo cósmico,
en la soledad de mi espalda
congelada en un eterno atardecer...

Las melodías remembran
mi memoria con imágenes rotas,
llueven gotas de rocío
mis cielos en nubes grises...

Las notas siguen disolviéndose
en mi mirada sin rostro
en mis ojos sin pupilas
en mi corazón sin latidos...

Soy el poema sin sol
sin estrellas, sin papel
una línea blanca
en la noche sin alba...

Siguen sonando las notas
cómo los ecos de mis latidos
ondas que golpean el silencio
que retumba en el espacio vacío...

Se oye en cada rincón
en el lugar donde dejaste
el cuerpo yerto,
la sinfonía fantasmal
del último piano...

Aquellas melodías
que solías escuchar
y que hoy, 
es la herida eterna
de mi sufrimiento...

Mi alma se apaga 
en la última nota del verso,
en las cenizas del piano
escribiendo en sol
la inicial de tu nombre...


--Christian Aycho Carbajal


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