El Contravals Infernal

 
















El enigma de la secuela 

de las guerras,

de la polución,

de la crisis inhumana...

ha quebrado el cuerpo

en un sueño maltrecho.

 

Estremeciendo y distorsionando 

el velo del pristal subatómico 

del ácido desoxirribonucleico 

de la conciencia neural,

socavando la vida

y los ejes del curso

del cosmos.

 

Redoblan los tambores;

el cielo se enciende 

en rayos ultraenergéticos

y ondas que estremecen 

la piel ulcerada...

 

Un eco golpea 

la piel de Pachamama 

con su brumosa sequía

con las almas arsecas

de los bosques desarraigados,

al otro lado del muro

de la historia inhumana.

 

Retumba en el cielo 

una voz que entona

la melodía quebrada 

de un violín discordante

desvanecido en trisor.

 

Es un niño extraviado 

que busca un camino 

sin salida, sin escapatoria:

perdió su última esperanza,

de cambiar mentes muertas.

 

Mientras, las almas de luz 

en las alturas del éter

contemplan con sus manos 

la aflicción de los hombres

en afónica agonía con saliva

amarga del polvo biliar.

 

Envueltos en tragedia 

y nostalgia abismal,

leen cada verso 

del colapso humano,

abrazados a Dios.

 

La armonía celestial 

disipa las tinieblas

de los corazones destrozados 

con su tonada edénica;

irrumpe en el los impenitentes.

 

Cada pausa, un respiro; 

cada nota, un latido:

es la congoja vibrante 

en quietud absoluta.

 

Una paz profunda 

cubre las raíces latentes

de las almas puras 

que observan desde la tribuna

del vórtice temible 

de un futuro apocalíptico.

 

Se abren los portales 

bajo los umbrales,

divisan el panorama 

con la sensación

de estar cayendo 

en el pavor musical.

 

Las tinieblas huyen, 

se ocultan raudos

los demonios sombríos 

bajo las grietas

de llagas sangrientas.

 

En la hondura del pantano, 

en las cimas de oquedales

yacen los espectros,

cuerpos de almas caídas.

 

La sinfonía del Vals y los coros 

quebrantan el caos 

en fragmentos de humo,

hulla y petricor ácido.

 

El piano lacera el cielo, 

solloza en angustia

el llanto de los alejados

que obraron mal,

disueltos en ácido y sal.

 

A lo lejos se oye 

una quena solitaria

flameando en la quebrada, 

y se acerca lento

el compás del réquiem.

 

El tornado Katrina, 

monstruo de cenizas y moho,

se abate sobre los restos de 

la Estatua de la Libertad,

cubriéndola de polvo y asbesto.

 

Su nariz quebrada 

en ostallos humanos,

su antorcha yace besando 

las olas de un mar de crudo,

con huesos y plumas negras 

de ballenas y aves.

 

La ópera celestial 

trajo en sus alas

el sol que apaga 

las supernovas del rocío

en nubes boreales.

 

Millones de almas caídas, 

desangradas en lamentos,

padecen semidesnudas 

en abismos donde la muerte 

¡No está!...

 

Cada pueblo, cada casa, 

es un fantasma de ruinas;

el oxígeno, un recuerdo.

 

Cada cuerpo, un mundo roto 

en la noche trágica,

en requiebre, 

en dolor al unísono.

 

Cual luciérnagas apagadas 

con rostros fracturados,

ondean la sinfonía 

eterna de la crueldad,

fracturando miradas 

sin enfoque a la luz,

con latidos de dolor 

y cuerpos desolados.

 

Cada nota salpica 

el lago nigerridóloro

con sonidos sombríos,

espectros quebrados 

en ríos de seres sin esencia.

 

Machu Picchu y el Amazonas 

son el otro Sahara yermo;

aún persisten las rocas movidas, 

volcanes desérticos,

ríos agrietados en vértebras 

y cuerpos jadeantes.

 

Cada lamento sinuoso 

se desliza cortando costras;

la Torre Eiffel cuelga cuerpos 

ahorcados que siguen vivos,

aleteando con sus manos 

cual pájaros con sogas al cuello,

sin morir.

 

La muerte los abandonó 

para sonreír de su obra,

fundiendo dolor 

sobre dolor.

 

Los puentes 

en sus cauces secos;

yacen suicidas 

en cadáveres ambulantes,

arrastrándose 

en harapos polvorientos,

en dolor devastador, 

sin poder morir.

 

El viajero dormido 

siente escalofríos en la piel,

en su pie siente los filos 

de vidrio carmesí

y del brillante mercurio.

 

Envuelto en asombro 

tras ver la agonía perpetua,

el padecer intenso; 

la muerte huyó de aquí

perfumada en uranio y carbono.

 

Se retuercen sus corazones, 

se oye el palpitar desesperado

con ojos secos 

del intermitente dolor.

 

El suelo plagado de cenizas, 

pólvora, cianuro,

con olor a azufre penetrante; 

una sobrevivencia mefistofélica...

 

Cada inhalación 

es un golpe de angustia 

en amoníaco corrosivo;

un mundo donde 

cuerpos destrozados

permanecen en lo dantesco.

 

El telón constelar musical 

redescubrió lo que un día

fue el hogar humano: 

desiertos de lava, 

ríos de sangre y 

la lápida del ethos.

 

Sufren las criaturas 

en llanto desolador,

curando heridas

que no cierran.

 

Los males oscuros 

los atormentan 

en ciclo interminable;

las pesadillas tomaron forma.

 

Ya no duermen, 

ya no sueñan 

un mañana mejor,

ni un Edén Cósmico; 

solo se ve el neblimar.

 

Sus ahogadas mentes 

en fétido sudario,

en sórdidos espejos cuánticos, 

reflejan en sus pupilas

la absurda ironía del Hades.

 

La maldad y la hipocresía 

han corrompido su ser;

donde se arrastran 

lombrices de sufrimiento 

que les roban la paz.

 

Gimen de angustia 

mientras vomitan blasfemias

que hieren y acusan a Dios 

de su propia autodestrucción.

 

Cada latido desesperado 

es cruel recordatorio

de la áspera ansiedad 

del pavor deshumanizado,

en hedor a metahuso.

 

El dolor sin fin se arrastra 

sin piedad, sin escape, 

en el abismo del sufrimiento

sin el beso final de la muerte.

 

Pero, una voz susurra 

bajo las líneas,

un canto libertador 

que resuena a esperanza 

en el manantial cuántico 

en la conciencia del alma: 

aceptar a Dios no es difícil, 

 

Pues Él siempre 

estuvo presente, 

fue el corazón humano 

quien se alejó

en la densa tentación...

 

La simple tarea 

fue custodiar la vida 

en todas sus formas, 

protegiendo

el manto cuántico, 

tejido con hilos 

de amor y respeto, 

es la esencia 

de la existencia.

 

La fuente divina 

te espera en un abrazo, 

purifica tu alma 

con la calidez de la luz 

y la infinita bondad.

 

Tú tienes la magia

tú tienes la alquimia

que transfigura el infierno 

en el huerto de las semillas 

del amor multiversal...



— Christian Aycho Carbajal


Neologismos:

Ostallos: Oseos de animales, humanos y tallos secos de los vegetales. 
Metahuso: Olor a metales, óxidos y huesos.
Neblimar: Neblinas y mares 
Nigerridóloro: Superlativo de negro y mucho dolor.
Arsecas: Árboles secos en sequía infernal.
Trisor: Tristeza y dolor.

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