La última melodía

 











La melodía más dolorosa,  

la tarde que migraron las  

blancas gaviotas, para nunca  

más posar sus patas en el lago  

gris del nevado del Ampay 


En el oscuro manantial,

antes estanque pasional 

ahora fluyen historias  

en coplas de lágrimas.  


Una copa de sombras astilladas

vierte susurrantes delirios  

con golpes de cascabeles  

cabalgando en esqueletos  

en el Sahara de mi existir.


Son las horas más cruentas  

del coma sin escapatoria,  

la angustia estigmatizante  

que lacera mi firmamento.  


Se oye el respiro de la maligna 

pesadilla; viene a llevarse 

cada partícula cósmica 

del corazón, en sus alas 

de negra supernova.  


El recodo de la guitarra  

rompió las grietas del silencio 

y del rocío en lluvia de tormentos  

perennes, con cantos de 

sangre de los lamentos.


El agudo redoble eleva latidos 

de un nudo ahogado,  

en remordimientos caídos  

en el supermasivo del espejo  

lúgubre con ojos vendados.


Las almas beben ríos de llanto  

en copas llenas, entre mareas  

de violines y arpas de un huayno:  

la melodiosa y eterna sinrazón.  


Él la amó con todas sus fuerzas, 

devastadas en piano hundido 

en las profundidades del océano,

con su última nota en sol menor.



--Christian Aycho Carbajal 


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