Finita Vita
En el finito de la materia del infinito
se inclinan sus brazos exhaustos.
La nostalgia del final mece el último aliento
en la penumbra de su alcoba,
suspiro del viento que borra el umbral
de sus párpados, hijo es hora de irme.
El ocaso cubrió sus misiones cumplidas,
el gallo mudo siembra elegías en el alba.
Las lágrimas secas contemplan estrellas:
nieblas de luz en un cielo sin grietas.
La sonrisa del silencio serena el latido,
melodía del viento que mece el quebranto,
ritmo de sombras que bailan en llanto.
El alba se viste de luto en un murmullo final,
y en sus voz quebrada resuena el adiós en la nada
y en aliento el adiós se apaga.
Sus manos se aferran tal fulgor de las miradas
de sus seres queridos, semillas encendidas.
Labios de rocío besan el vacío; la eternidad
cubre su fulgor dormido, marea de luciérnagas
llamas en el trigal nocturno, antorchas del alma
en la siega del tiempo.
Vivirás en la historia, libro eterno del tiempo,
tinta de memorias, no en el ejemplo severo,
sino en la alegría que despliega tu vuelo,
en el viento que guarda tu esperanza al cielo.
Guárdame en el mar de obsidiana: seré lágrima
pura que no olvide el calor de tus abrazos.
Manto de la noche dormida en tu penumbra,
en el caos, seré el grito que desgarra el miedo,
en tu suspiro, la sombra que acuna tu duelo.
Y si el alma te inquieta en mi ausencia,
recuerda que perduro en la boreal luz,
en el cristal del rocío, en el canto del zorzal
que rasga la niebla con su voz de bronce.
Camina descalzo donde la tierra canta
con coro de serafines y raíces que crujen,
huele el petricor que el barro guarda
tus huellas en el rocío del más allá.
El tiempo es niebla que carcome la carne,
sílex afilado que talla memorias en la roca
del alma, pero el alma perdura, diamante
en la raíz.
En la eternidad del tiempo está su alma
vibrando entre los ecos de una sonrisa,
mi fuerza perenne que sigue encendida
la antorcha de su legado: llama de nieve eterna.
Los labios no saben expresar un adiós,
los ojos no pueden ocultar las lágrimas,
y el corazón se aferra a sus manos:
es hora de dejar en libertad el alma.
--Christian Aycho Carbajal



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