Estentóreo
El silencio rasga su estridente canto,
sus notas astillas de obsidiana rota
en mis venas que laten oleadas carmesí.
Como barcos fantasmas que navegan
hacia puertos del océano sin destino,
Caronte perdió su brújula al ver mi pecho.
Los recuerdos lapidan el alma,
ecos estampados en la habitación,
susurros que incendian el silencio,
agujas que muerden la médula
del tiempo y del espacio, en un
espejo de la dimensión sin salida,
Escuché los sollozos
en el rincón del Inframundo,
en las palabras de un niño:
tú, eres el autor
tú forjas esta historia,
tú me arrastraste hasta aquí.
y que cada trazo que firmes
encarna al pie de la letra
en el reino tangible del mundo.
Mi alma silente, solo podía
oír su voz en la densa niebla,
observa el cuerpo que yace
frío y seco, con una pluma
incrustada en el pecho.
Alma que, dejó aquel cuerpo,
por quien con sus manos
manchadas con tinta de felonía
le arrancó su nombre.
— Christian Aycho Carbajal



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