Duele el mundo







La humanidad 

tiene heridas abiertas 

que sangran, mientras 

los rostros indiferentes 

ignoran el cadáver frío 

del mundo.


Sangra la humanidad 

en los rincones 

de la indiferencia...

enterrando vivas

a inocentes almas 

que gritan al vacío.


Se rompen sus voces

en mares de vidrio 

de sangre molida

en lava de desconsuelo 

que punza y calcina 

la piel.


Se rompe en el dolor 

de una madre viendo 

el cadáver de su hijo 

agonizando en brazos, 

como María vio  a Jesús, 

antes de ser crucificado.  


Todos mudos y sordos

en la indiferencia  

ante los ojos de miles 

de niños asesinados, 

duele que nos roben 

los sueños y el futuro.

  

Duele que se lleven 

nuestros recursos, 

nuestra existencia, 

crearon este infierno 

los monstruos cual

supermasivos de sangre.


Duele el mundo 

hasta los huesos 

secos en sal y hielo 

sumergidos en ácido.


Los verdugos 

sonríen tan inocentes 

con togas de cenizas

con perfume a pólvora 

y hierro rojo.


Justifican muertes 

con sinrazones y ambiciones 

sin cuerpo, sin fe, 

matan a millones; 

no les importa la vida 

del prójimo.


¿Dónde quedó el amor? 

¿Dónde quedaron 

los valores humanos?  


La vida de la humanidad 

para ellos no tiene valor, 

solo les valen toneladas 

de nada intercambiados

por almas y carne en polvo.  


La tierra amarga 

mastica las cenizas 

abrazando las almas 

de sus hijos.


Ellos son oscuros 

arquitectos de

mi humano dolor.


El mundo desangra

sus ojos y corazón,

con huecos de balas

sangrando a la espalda

insensible del mundo.


Y sigue doliendo más 

la indiferencia 

es misil y tanques

que mata a millones

uno a uno.


Es hora de tomar 

conciencia y acciones 

ellos también tienen latidos,

latidos desesperados, 

latidos que lastiman.


El mundo implora 

que cese su llanto 

en escudos y abrazos.


—Christian Aycho Carbajal  

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