Ofrenda al Silencio
Dejaste de recordarme
en el silencio sin rostro,
dónde las horas no existen.
Aquellos brillos de tus ojos
ahora son densas
y perennes nieblas.
Los latidos de mi corazón
son ahora el viento
de un eterno otoño.
Me quedé gélido en el vacío
de una milésima de segundo,
en el nudo cuántico de un latido.
Mi alma cuál sombra herida,
es un pez atrapado en hielo
aferrado a ti, amartelado,
cuál niño embelesado.
Morí y quizá sólo sea
un alma perdida
en el lago de mis lágrimas,
en los muros del silencio
paredes que
me borraron del mapa,
cual Tartaria negada.
Mataste al dragón
lo dejaste sin fuego
y sin historia,
su color de alegría
ahora es el Sahara de Marte.
Aquellos ojos
se apagaron atrapados
en el misterio
de tu mirada, de tu ser,
grabada en el mármol
de mi corazón.
Ahora aún sonrío
sin alma en un desierto
sin agua y sin aire,
seco y espinoso.
Soy arena del desierto
de tu olvido.
En cada estrella,
grabé nuestros sueños
y en cada una,
vastos deseos,
aquellos que tú y yo,
solíamos dibujar.
Quedó un vacío de silencio
en los ojos del firmamento
y mi alma condenada
al espacio sin oxígeno,
atado al delirio eterno
de mil años luz de silencio.
Pero los fragmentos
de mi corazón,
siempre reflejarán
las fotografías
de tu rostro.
--Christian Aycho Carbajal



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