Allin Kawsay
Un campo de fractales
despliega sus velos sutiles,
envolturas de luz y sombras,
en cada rincón del hábitat,
en cada aliento de los seres.
Tensos hilos que tejen
su atmósfera
sus suelos,
sus caminos,
sus ríos,
sus viviendas y
sus modos de vivir
la neuroalquimia
en una realidad
de fractales multiversales.
En las pupilas de luminostalgia,
en el rostro de un niño de Gaza,
en una ciudad devastada,
en las plumas de las palomas,
en la agonía de un río,
en los paisajes de la pachamama
se refleja la realidad fractal.
Para los miembros de una doctrina,
esposar un capullo es correcto
porque está dentro de su sistema
de creencias neurales
límite invisible de sus fractales.
Para otro miembro
del mismo fractal
esposar a varias
es sinónimo de poder,
y se encierra dentro
de su sistema de creencias.
Para otro fractal
que no es de este sistema,
es aberrante esta escena:
prefiere la monogamia.
Pero hay otro observando el fractal
del monógamo crítico:
observa que este
posee relaciones extramatrimoniales
con otras mujeres.
Este otro observador es monógamo.
Dentro de su sistema de creencias
él se cree fiel, mas su esposa es infiel.
En el último fractal del cielo
se visualiza un mundo torcido
de creencias que se traduce
en múltiples torbellinos de problemas
donde se rompen las sonrisas en tristezas
la desconexión del ser con su mundo
refracta sombra y ceguera existencial.
Todo ser vivo posee un estado,
como el manzano: para florecer,
dar frutos y echar semilla.
Quien corta los frutos verdes,
quien rompe los brotes,
los esquejes de las flores,
corta la belleza del firmamento
extingue el linaje de las especies,
rompe el ciclo y la armonía
del Río cósmico de la vida.
Donde el respeto al otro
se condensa en la responsabilidad
de formar una familia
y proteger la continuidad
de su linaje, de su especie.
Para cada fractal,
una verdad bordea el límite
de sus reglas, leyes, doctrinas:
una cultura, matrix
vientre de datos.
El ser humano
vive en fractales cerrados,
en campos de creencias.
El fractal humano
aún no deleita
la sinfonía cuántica
que teje sus latidos.
Mientras la ballena
canta su fractal de agua,
la abeja teje el tiempo luz,
unas manos cortan los hilos
contaminando la fuente
la ponzoña lenta y letal
que ellos mismos beben.
Si alguien transgrede los límites,
es sometido a condenas
que van desde la muerte,
prisión o exilios.
La libertad de la savia lumínica,
la que anima todo ser,
yace en la última verdad,
tejida en los fractales
de la razón de las plantas.
Aquellos ríos puros y diáfanos
que también fluyen en las estrellas
emana en las venas del cosmos
es el amor al prójimo,
el ayni del abrazo
a todos los seres.
Donde la ética no es entropía,
ni caos, ni guerra, ni colapso:
es aquella donde la armonía
siembra y cultiva el Edén Cósmico
con esfuerzo y sacrificio puro –
el buen vivir: Allin Kawsay.
Mayukuna waqashan
wawakuna waqashan
¡Uyariy!
—Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la humanidad —
kawsayninchiqraiku (por nuestro vivir).
Derechos reservados ®
Perú, 24 de abril de 2026.



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