La Duda Multiversal
Hijo:
Hola papá,
¿papá tú crees en los políticos?
Padre:
Hijo, necesitas ver
más allá de lo que oyes,
más allá de lo que ves,
más allá de lo que crees.
Hijo:
Pero papá,
no leíste sus propuestas,
son buenas…
por eso molesta hablar contigo,
siempre dices tener la razón.
Padre:
Hijo, quizá la ira
también sea un eco
de su intención.
No soy dueño de la razón,
soy un intérprete
de aquello que teje
nuestra realidad.
No refuto tu idea.
Pero para comer una fruta en el bosque,
primero debes encontrar el árbol.
Luego evaluar si puedes subir,
cómo subir,
cómo bajar el fruto
y elegir.
Hijo, si quieres estar seguro de ti,
duda de todo.
De dónde estás.
De quién eres.
De quiénes te trajeron al mundo.
Imagina que no soy tu padre.
Duda de la escuela,
de tus amigos,
de tu familia.
Duda de los vórtices sorbentes
de las pantallas
de las miradas,
de tu enamorada.
Duda de tu respiración,
duda incluso
de tu existencia.
Vacía tu mente.
Como si nada hubiese sido aprendido.
Ahora observa tu plato.
Dime qué ves.
Hijo:
Estoy sentado en un objeto.
Padre:
¿Cómo sabes que estás sentado?
¿Qué es sentarse?
Hijo:
Estoy posado en algo
que sostiene mi cuerpo.
Un objeto con cuatro pilares
sostiene otros objetos,
donde yace una mezcla
de aroma, color, sabor…
Padre:
¿Ves esto?
Hijo:
Sí, es un fruto.
Padre:
¿Qué es un fruto?
Hijo:
No lo sé, papá.
Padre:
Es la condensación de la luz
en el tiempo.
Un ser lo produjo,
con ayuda de otro:
el agricultor.
Unas manos condujeron
este fruto
hasta tus manos.
Lo que acabas de comer
es la piel de un ser
que ahora será parte de ti.
Hijo, somos la suma de otros seres.
Cada fragmento de tu piel
es un fractal de otras especies.
Hijo:
Entonces, ¿qué somos?
Padre:
El tejido de una trama
que siempre estuvo.
La escuela teje intenciones
en las mentes.
Produce mentes saciadas
y doctrinas del miedo,
al servicio de voluntades ajenas.
La mente ha sido convertida
en un espejo
que refleja intenciones.
Así nadie piensa
más allá del horizonte.
La verdad no está en lo que lees,
sino en la claridad
con que se revela la realidad.
Las intenciones oscuras
se destilan
con luz alquímica.
La verdad nace de la luz:
del astro
que alimenta la clorofila,
del fruto
que sostiene tus latidos.
Es la misma energía
pensándose a sí misma.
Somos energía
en partículas animadas.
Somos memoria cuántica,
repitiendo, observando,
cada hecho, cada suceso,
de un multiverso fractal.
Aprende a reconocer
lo que sostiene tu existencia,
en quien cultiva,
en quien cuida,
en quien alimenta.
En quienes entregan su tiempo
para sostener tu vida.
Todo es ayni,
reciprocidad fractal.
Solo merece tu confianza
quien promueve la armonía
de cada latido.
Depura.
Disipa lo emocional impuesto.
Limpia las históricas
heridas heredadas
que aún resuenan
en cada fractal
de este cuerpo mayor.
Esa es tu conciencia.
La trama misma
diseñó cada forma,
cada estructura.
No para destruir,
sino para construir
el hogar de todos.
Hijo:
Papá… entonces,
¿en qué político puedo creer?
Padre:
En aquel que sepa
ser un fruto útil,
que valga más que un discurso.
En el que ponga sus manos
en la tierra,
no solo en un mitin.
En el que teja latidos,
no miedos, ni muerte.
Hijo, cuando veas a uno así,
no necesitarás preguntarme.
Tu propia duda
se habrá vuelto existencia.
— Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la sed filosófica de la humanidad.
Perú, 03 de abril de 2026.
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