Hilos













Hola papá, sabes,  

a veces me cuesta dormir  

pensando en el colapso  

del mundo que nos afecta.


Lo sé, hijo, lo sé,  

ambos se funden en un abrazo

observando por los cristales.


Yo aprendí a caminar  

en medio de las sombras,  

cuando ya no tenía razones,  

pero volví a mirar atrás,

tú, tu madre, mis padres,  

mi fuerza y aliento.


Hijo, el ser no es uno,  

sino un caleidoscopio  

de núcleos en vilo  

tensados por fuerzas sin rostro  

que vienen de todas partes  

de bocas y pantallas,  

filos de onda y partícula.


Un cúmulo de fuerzas  

sorben latidos y corazones  

torciendo órbitas y movimientos.


Son hilos que atan y desarraigan

almaterias...

al abismo oscuro y árido.


Cada hilo tenso  

ensancha el centro  

del no retorno.


Hilos vectores lo nombran,  

sutiles tentáculos  

arrastrándolos a sus fosas  

a la peonza de esferas.


Lenguaje, deseo, imagen, vacío  

gravitando sobre la piel del sentido.


La mentira se fractura  

y cada filo es un espejo  

devolviendo rostros astillados.


La crisis de los intestinos  

sequía, ahogo y polución  

del río lumínico  

reflejado en el pelaje ajado  

y rostro desorbitado  

de la wiskacha que huye.


Los abismos neurales,  

del espejo ciego  

que odia sus esquinas,  

sus sombras.


La publicidad del deseo  

que reorganiza el Hades  

en muros de latidos y pupilas.


Guerras del linaje, 

dogmas verdugo,  

publicidad del deseo ajeno,  

pecados néctar, 

desenfrenos del Hades.


El búmeran cuántico  

que retorna los puñales fractados.


Cada núcleo responde  

la memoria de la herida  

y se inclina  

hacia la luz o la sombra  

sin saber que ambas lo empujan.


Pesan tus costados,

pisas espinas e

hilos de escollos

que atan tus pensamientos.


Las cuerdas infernales  

conciben mentes frágiles  

que las tuerce  

en el bucle sombrío.


Piensan en libar un sorbo ultraprocesado  

repetir lo que ves hasta quedar vacío,  

o comprar el auto  

que encaja con tu estatus  

de deudas.


Codician ropa, cuerpo, rostro ajeno  

menoscaban cicatriz, colores…  

a los que menos tienen,  

a los vulnerables.


Vociferan críticas infértiles  

odian sin remordimiento 

cada rostro,  

cada figura,  

cada resultado.


No hay sentido de pulso,  

de siembra, ni cultivo,  

solo ruptura y colapso.


Hasta que terminan en agonía  

afilando y empuñando blasfemia  

a todo lo que te rodea.


Estos son los hilos del Hades.  

que antes eran susurros  

y hoy, hocico y dientes  

que engullen todo.


Pero hay un punto cero 

bajo el ruido de las fuerzas,  

una observación del eco  

que mira los hilos pasar  

sin volverse hilo.


Toca la fuente que yace en ti  

observa su color y depura  

hasta ver el cielo en tu piel.


Algo en ti  

se resiste a apagarse  

yace en tus venas,  

la savia lumínica  

en tu cosmos interno.


Bajo el suspiro de tu boca  

en los reflejos tras la orquídea  

bajo los cristales de jade  

y aún así una luminostalgia  

titila dentro de ti en la caída.


Y en ese instante breve  

el sistema respira distinto:


no cae, no asciende,  

se sacude las ataduras.


Corta los hilos podridos de la herida,  

ordena el caos, disciplina el sollozo  

y reconecta su cuerpo a la savia lumínica  

del río cósmico.


El ser es manantial

en sinfonía cuántica,  

viaje y silencio 

de la expansión cósmica.


Gracias papá,  

me quitaré las ataduras  

que no me permitían ver,  

ni andar en el cosmos.


-Christian Aycho Carbajal  


Perú, 18 de abril de 2026  

Dedicado a la humanidad  

Derechos reservados ®



Comentarios

Entradas populares