Alquimia familiar












Mi cielo, hay algo por concordar

bajo el flujo del tiempo.


Construyamos un fractal  

con nuestras vidas

con nuestras manos 

latiendo en un corazón.


Sí mi amor,  

el universo espera ansioso  

nuestro próximo despliegue.


¡Te amo!  

¡Te amo mi vida!


Inventaremos cada pluma  

y cada ala para volar juntos

en la interdimensión 

de nuestra ecuación cuántica.


Conoceremos los confines  

de nuestros cosmos almateriales  

fundiendo cada secreto,  

disipando cada defecto,  

perfilando cada virtud,  

forjando el ser  

en el despliegue de la luz.


Depurando el manantial  

de nuestra savia lumínica,  

restaurando nuestros núcleos  

y cada fractal del río energético.


El elixir alquímico:  

depuración constante,  

armonía sostenida  

activa las hebras genocuánticas  

replicando la concepción  

de un pequeño y fuerte cosmos.


Todo lo que obstruye los conductos  

son tinieblas, pesadillas,  

lagunas neuralquímicas,  

inflamaciones, enfermedades,  

sufrimiento e infierno cuántico.


La superposición de partículas  

densas y supracalóricas  

son obstáculos de los electrones,  

de las chispas que conectan neuronas  

y células en el árbol neurocelular  

del intramultiverso.


El beso no es solo saliva y labios:  

intercambio de información  

de datos genocuánticos,  

lazo y trenza de lumbre,

sueño y alquimia del amor.


Comunicación genética  

por conductos de gametos,  

tejido del ADN  

que trenza ondular  

la alquimia del amor.


La infidelidad de uno de los dos  

genera otra reconfiguración;  

todo nace del mismo contacto.  

Modifica la atracción  

de los cuerpos entrelazados,  

las rupturas suelen  

ser dolorosas  

por la conexión vigente  

que aún late en los fractales.  

Que por cierto,  

cambia cuando se genera  

otra nueva reconfiguración.


El conducto sufre cortes;  

hay sustancias que anestesian  

el dolor o falsean la expresión.  

Toda panacea sin conciencia  

es voz de la misma incoherencia.


El fractal de las heridas:  

el dolor se describe  

en depresión,  

en gritos,  

en llanto,  

en el espejo de la realidad.


Planear la multiplicación  

es depuración almaterial.  

Pensar en un nombre  

para un corazón fuerte  

que nazca para construir  

del mundo un lugar habitable.


Un ser  

es responsabilidad cósmica,  

presente y futuro,  

armonía del eterno río etéreo.


Cada ser, desde que nace,  

aprende a dar sus pasos,  

autonomía y sostenimiento.


El ritual rutinario de casa,

escuela de saberes paternales

forje de instrumentos y algoritmos,

brindando por los frutos 

de cada escalón.


La receta del quehacer 

es legado,

no un secreto que muere

en padres y aulas.


Sembrar una semilla,  

sostener la transfiguración  

hasta la cosecha,  

cuidar los frutos y semillas.  

Enseñar los caminos,  

los límites, los peligros,  

cada obstáculo y contexto.


Dar amor sin compensar  

conductas erróneas;  

la conciencia no consciente  

siembra errores 

que hoy astillan caídos.  


Un error se hereda

se réplica en cada fractal,

cortarlo implica 

apagar el Hades.


Enseñar a transformar  

desiertos en bosques vivos,  

ríos impolutos  

en fuentes puras,  

plantar esquejes y semillas,  

sostener bellos paisajes.


Despertar todo talento,

toda pasión;  

se despliega del río

que bebemos.


Enseñar a oír la música  

de la naturaleza,  

amar la belleza  

del firmamento.


La limpieza de tu casa,  

cada alimento,  

cada aliento,  

se refracta  

en tu manantial cuántico,  

en tu rostro,  

en tu cuerpo,  

en tus pensamientos.


La cuchara sucia  

refracta tu esencia;  

su brillo es tu rostro,  

tu espejo,  

tu ventana.  

tu visión más allá 

luminostalgia y esperanza.


Tu cuerpo te avisa:  

cada síntoma,  

cada dolor,  

invoca la figura alquimica 

que llena el vacío.


Cada hijo necesita  

conocer la alquimia  

detrás de cada fruto,  

valorar sus hitos.


Las aves necesitan
aprender a desplegar
sus alas para batir 
y disolver cada obstáculo,
atravesando las superposiciones
de sombras que ocultan
el secreto del universo.


Surcando los horizontes 

del Eden Cósmico

que desvela la conciencia.


Enseñar el fruto tóxico  

y el fruto saludable  

para no contaminar  

el manantial  

y la fuente pristalina.


Amar lo que hace  

disfrutar en familia:  

celebrar cada logro  

como un fruto maduro,  

el buen augurio  

por cada hito obtenido.


Enseñar el camino de la vida,
donde el temor no es a la muerte
sino a las huellas del dolor
que rompan la coherencia
del latido del mundo
el ciclo de cada ser,  
el cuidado del otro,  
el abrazo,  
el ayni mutuo.

Preparar la transición,  

construir familia abrazada  

que vele por los patriarcas  

en el amor a Dios,

el fractal del  gran río energético.


Mientras el fractal

late en un solo corazón,

el universo se observa 

y aprende a amar

en la piel del espejo cuántico.


--Christian Aycho Carbajal


Dedicado a la humanidad 

Perú, 01 de abril de 2026

Derechos reservados 


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