Arquitectura de la Mente
Es la mente un helicóptero
surcando el mar de las posibilidades,
sus hélices girando a altas velocidades
tejen rutas invisibles en el huracán
de las probabilidades.
El combustible no es solo sangre,
sino voluntad y esencia neuronal pura:
un deseo ardiente que incendia distancias,
acorta caminos,
y convierte el objetivo de destino en lugar conquistado
mucho antes de que el cuerpo
emprenda el vuelo.
Navegante ancestral en aguas tempestuosas,
tu red es un fino tejido de pensamientos
lanzado al océano de existencias paralelas.
¿Qué peces elegirás?
Los plateados (frágiles, fugaces)
o los de escamas profundas,
los que habitan en fosas
de sombra y requieren
paciencia de cirujano y valor de buzo? .
El universo reflejará en sus olas
solo el perfil del pez
que insististe en dibujar.
¡Mucho cuidado!
con el código heredado:
aquellos programas
que ejecutas en sueños,
Esos scripts antiguos que gritan
No puedes mientras tus dedos
teclean "volaré".
Como el panadero que repite
el ritual del pan quemado:
la harina aún sin comprar,
el horno aún frío
y ya huele a ceniza en su imaginación.
¿No ves? La falla no está en las manos,
sino en el algoritmo oculto
que convierte trigo en carbón
antes del amasado.
¡Desfragmenta el disco duro
de tu alma!
Libera aquellos gigabites
de rencores pre-históricos
aquellos que anclan tu vuelo neural.
Vacía la papelera
de lamentos acumulados,
de fardos comprimidos.
los virus disfrazados de
(yo merezco poco).
Y sobre todo:
ejecuta el comando sagrado
que borra aquel archivo corrompido
llamado (miedo a reconfigurarme).
Porque esta máquina divina
tu cráneo (hardware)
no es jaula, sino taller
de dioses neuronales.
¿Actualizarás tus fragmentos hoy?
¿Reescribirás los códigos que dicen:
el mar es límite
por otros que susurren:
el mar es mi alfombra?
El hardware es mortal,
pero el software...
Ah, el software puede volar
más allá del helicóptero,
más hondo que el pez abisal,
más lejos que el humo y
del olor a quemado
del pan imaginario,
que mucho antes era
aquel hambre insaciable.
Programador de luces y latidos,
el universo no es código
es el vértigo que creas
al borrar tus límites.
—Christian Aycho Carbajal



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