La Mente
La mente es un
espejo cuántico
que no sólo percibe
fotones de luz,
sino que percibe
latidos de lágrimas
y los convierte en
constelaciones.
El ser humano
es un ser sensible,
una estrella que
late los pulsos
de recepción de
energía y expulsión
de meteoros sin luz.
Si la mente percibe
un panorama oscuro
y desolado, dejará que
esto afecte directamente
su universo interno,
reflejando así el mismo
rostro del panorama en
su cosmos corpóreo.
La mente es materia
activa, que no merece
encerrarse en cuatro
paredes: eso es un suicidio.
La mente necesita
rotación y actividad
en su cosmos.
Por eso, a una persona adulta
mayor que cesó sus
labores, encerrarlo en un
departamento cerrado
es enterrarlo vivo
en la fosa supermasiva.
Así, la persona percibe en
su cosmos reducido a
cuatro paredes, su epitafio
en vida; en la pantalla
parpadea su último fulgor
de neuronas, y admite una
realidad provocada: una mente
que dicta desactivar su luz.
En consecuencia,
su mente empieza
a desactivar sus
órganos para morir.
Esto nos pasa a todos,
pues la mente necesita
movimiento, paseos,
caminatas, actividades
que requieran esfuerzo
físico y mental.
En esencia, la mente necesita
constante actividad
para dar funcionalidad
a todo el cuerpo.
El sentido de la vida
es dedicarte a las actividades
que encienden tu luz-savia,
tu consciencia, tu vida.
Así, las personas se dedican
a actividades que llenan
los vacíos sin luz con consuelo
y esperanza, para activar
la mente con luz e intensidad.
Además, el hombre necesita
sentirse útil y que sirve a
su familia, a su sociedad.
Es necesario coadyuvar
en esto.
Pues la mente no sólo guarda
información: la transforma
con el conocimiento tanto
su universo interno como
el externo.
El cerebro es el láser radiactivo,
que cura la savia lumínica
de su alma, mientras limpia
las cenizas de las estrellas
muertas.
--Christian Aycho Carbajal



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