¿Dónde estás?











En los riscos de tu mirada  

donde los espejos tiemblan, 

lloran mares los filones  

y los desiertos exhalan 

sus últimos susurros.  


Tus dedos tocan 

tus cicatrices y heridas 

que aún sangran,

grietas desoladas 

despellejan tus gritos,

tú lloras aquí...

y yo lloro contigo...


Los dolores del mundo

pesan en tu corazón

calcinan en lava tu piel 

y tus memorias de papel  

son rojas cenizas 

que se disuelven...


La luz de tu corazón 

que iluminaba 

galaxias infinitas,

ya no dicta sus sueños,

se apagaron tus risas

en hiel de nieblas.


En ecos que a lo lejos

en las densas nebulosas 

yacen suspendidos

tu cuerpo, 

tu esencia y

tu aliento vital.


Las nigérrimas aguas

del agujero de gusano 

ahogaron tus lápices, 

tu diario, tus sacrificios...

son silencios inmateriales  

tocan el hueco en tu pecho

latiendo sombras...


Te sientes ahogado 

en un grano cósmico  

de arena supermasiva:  

que rasgó tus pupilas

devorando hasta 

tu último deseo y

tu última pizca de luz.


Bebió el color de tus ojos  

el semblante de tu rostro, 

tallando hasta las raíces 

de tus árboles, 

se llevó tus lágrimas..


—¿Dónde estás?—


Tu corazón...

¡Sí! palpa tu pecho


¡Este corazón!

que palpita

nunca se olvidó de ti  

y sigue latiendo y fuerte,

para mantenerte en pie. 


Las células de tu cuerpo  

siguen luchando 

contra las sombras  

para mover tus pies  

a nuevos caminos.  


Tus lágrimas caídas  

aún quieren verte sonreír,

verte sacudir las cenizas  

y renacer tus vientos.  


Despliega tus alas, fénix,  

no estabas muerto:  

eres un oso que hibernaba  

un largo invierno.  


En un bostezo  

enciende la antorcha 

en tu mirada  

refleja en tu alma 

la luz del nuevo alba.


Eres la estrella  

que sólo dormía  

una noche errante,  

hoy eres nuevo sol  

encendido y fiero.  


Traza nuevas constelaciones  

con el pincel de tu alma,  

enciende tus plumas

de arrebol cósmico,

en supernovas que 

rompen el espacio sideral.


Retumba y calcina 

con sus ondas y rayos  

la débil oscuridad.


Revive tus áridos desiertos 

talados por la oscuridad,

siembra nuevas semillas, 

y cultiva un nuevo firmamento.


Las almas de tus árboles 

escribirán la eternidad 

de tu nombre

en los núcleos 

de los átomos 

y de las galaxias.


—Christian Aycho Carbajal


Dedicado a la humanidad, 

está, es su brújula existencial.



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