El Renacer
No hay umbral distante,
el ser humano es una estrella
por naturaleza,
guarda en su centro estelar
compuestos y núcleo ardiente
de la materia del firmamento...
Tus verbos humanos
son destellos del fulgor cósmico
que tú reflejas,
es la lumbre de tu conciencia,
son fotones perceptibles;
la tecnología del futuro
ya logró descifrar estos códigos.
Somos energía atómica,
la suma de biomoléculas,
materia encendida por energía
bioquímica, aprovechada
del astro solar
y de las ondas vibratorias.
Somos polvo cósmico que se
reinventa una y otra vez,
somos estrellas que mueren
y renacen.
Tus deseos a las estrellas nunca
fueron en vano, estabas pidiéndole
a otra estrella redirigir sus energías
para atraer tus deseos; las cuerdas
del arpa cósmica funcionan.
Si elevas tus plegarias a las estrellas,
tus más sublimes deseos
reflejarán tus fotones
y ondas para tejer
tu destino en materia.
Dios opera en toda la energía: desde
los quarks hasta el último quasar
del Cosmos.
Eres luz y seguirás siendo luz,
y volverás a renacer en otro ser;
tu alma es la nueva abeja,
el picaflor, la flor, el árbol, el ciervo,
el humano...
Todo depende de tu lumbre
y de la pureza
de tu conciencia...
Eres un ser humano,
—¡renacerás!—
Pero, si tus obras son oscuras,
no podrás exigir nada
cuando dejas que las tinieblas
muerdan tu cuerpo
y se lleven tus pedazos
al supermasivo.
¡Tú decides!:
o dejas que el huracán
te consuma en el sufrimiento
de retorno y decreciente,
o que la lumbre de Dios
ilumine tus nuevas vidas
hacia la ascensión espiritual.
Disfruta los mejores momentos,
abraza a tu familia,
transmite el fulgor y tu calor;
expande en sus pupilas
la esperanza y la ternura de Dios.
Enséñales aquello que les permita
ser buenas personas,
en los buenos valores humanos;
enséñales a encender sus luces,
que destilen la consciencia humana.
Enséñales a amar sus otros reflejos:
desde un insecto, árbol, humanos,
sol, luna, la tierra, hasta Dios.
Recuerda: somos todos la creación
y poseemos la tarea de cuidar y amar
nuestro mundo, y vayas a donde vayas...
En algún tiempo de tu otra existencia
fuiste un árbol, alimentabas
al mundo con tu savia cuántica.
Somos la luz vibrante
de la materia,
somos el polvo cósmico
y allá vamos.
Que tu vida dance en sintonía
a la partícula celestial
que enciende todos los núcleos
del firmamento: Dios.
Y que las cuerdas del Arpa Celestial
vibren a tu favor por toda la eternidad.
—Christian Aycho Carbajal
El poema que la humanidad necesita leer.



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