La XXIII Sinfonía Cuántica
¡Hola papá!
He notado una espiral en la imagen
de una galaxia y se parece
mucho a la espiral
de nuestras huellas digitales.
Hija encontraste el sello
de nuestro origen,
que yace también
en nuestros ombligos,
en la coronilla
de nuestras cabezas,...
Es el universo recordándonos
que siempre fuimos universos contenidos,
la transcripción del mismo cosmos
en distintos tamaños y escalas multiversales.
En lo profundo de tus latidos
brillan luces cuánticas,
las espirales del tiempo,
la luminostálgica savia
que trasciende y transfigura
la belleza sublime de la materia.
En el inmenso multicosmos
de nuestra existencia
yace una fuerza sagrada
que enlaza los velos cuánticos
en sociedades vivientes
que nos abrazan a todos.
La gran red electromagnética
de ondas, fotones y partículas,
savia lumínica de estrellas
que fluye en los conductos
y tejidos de relaciones
que trascienden la materialidad.
Las especies de flora y fauna no titubean,
refractan su código genocuántico
de supervivencia creciendo
hacia la luz, trascendiendo
cielos, llanuras, ríos y mares
en busca de la energía condensada.
El ser humano crea conceptos erróneos
por superposición de nieblas espectrales
que distorsionan su visión neural y celular,
sorbiendo dogmas o creencias
que lo desvinculan de la realidad
y de su ser almaterial.
Pero no todo cuerpo cuántico
es transparente.
No todo cuerpo cuántico es útil,
hay residuos y espectros
que asfixian latidos.
Hay cuerpos que absorben las ondas,
otros que dejan pasar la luz,
algunos que la reflejan,
unos que almacenan energía
como baterías latentes
y otros que la alquimizan.
Cada unidad subatómica
cumple una función esencial,
exhibiendo su naturaleza
de onda y partícula,
sosteniendo el entrelazamiento
y la coherencia del ayni cuántico
para mantener el giro primordial.
Los electrones danzan alrededor
del núcleo atómico,
ligados por gluones
fuerzas fundamentales
que sostienen su equilibrio.
Los átomos se enlazan
para formar moléculas,
en una órbita química.
Las moléculas se organizan
para componer células,
en una órbita biológica.
Las células se entretejen
para bordar membranas y pieles.
en una órbita fisiológica.
Los órganos laten en la espiral
de la red neural del ser vivo,
buscando alimento y aliento.
Los organismos se relacionan
para formar ecosistemas,
en una órbita ecológica.
El río cósmico activo inicia
en microespecies latentes
que emergen de enlaces
en dimensiones invisibles;
somos complejos tejidos cuánticos.
Lloshta, coral, fitoplancton…
fluyen alrededor
de sus hábitats acuáticos
y fuentes de nutrientes.
Las plantas son seres sagrados,
fuerza simbiótica
que sostiene a las especies.
Girasoles, cantuta, orquídeas…
crecen hacia el sol
en la espiral de sus tallos,
copas y raíces,
creando vórtices vivos
en torno a sus polinizadores.
Quina, robles, molles…
entrelazan raíces y copas;
su crecimiento busca la luz
del astro solar,
alimentando a otras especies.
Abejas, mariposas, hormigas…
danzan alrededor
de la savia lumínica
de flores y plantas.
Gorriones, águilas…
trazan espirales
entre sus nidos
y territorios de vuelo.
Leones, elefantes, delfines…
se mueven alrededor
de sus manadas
y hábitats vitales.
Serpientes, lagartos…
habitan ciclos antiguos
entre refugios
y fuentes de alimento.
Los seres humanos gravitan
unos alrededor de otros
en vínculos de creación
y continuidad de la vida,
como órbitas biológicas
de encuentro y origen.
La familia y los hijos
laten en torno
al núcleo afectivo
de quienes cuidan y guían,
refractando alimento
y aliento.
Las familias se integran
en grupos y comunidades
para compartir energía.
Comunidades, pueblos,
ciudades y naciones
evolucionan en espirales
de centros económicos,
culturales y políticos.
Las naciones confluyen
en redes sociales
para custodiar
la energía compartida.
Culturas, religiones, ideologías…
giran sobre ejes
de valores y tradiciones.
La humanidad fluye
entre familias, comunidades,
sociedades y naciones,
tejiendo vínculos globales.
Los planetas orbitan
alrededor de las estrellas.
Las galaxias se arremolinan
en cúmulos cósmicos
dentro de vastos centros gravitatorios.
Vivimos en sistemas
de múltiples centros,
cada nivel se une a otro
formando velos dimensionales,
galaxias cuánticas vivientes
que construyen un todo mayor.
La fuerza electromagnética
y los vínculos invisibles
nos conectan desde lo ínfimo
hasta lo más complejo.
Todos estamos enlazados
a la trama multiversal,
conectados más allá
de la distancia.
Todo emerge dentro
de un campo unificado,
cada nudo, cada almateria,
somos núcleos espirales
vibrando energía consciente.
Son nuestros conductos:
oídos, ojos, boca, nariz,
hígado, riñones, corazón,...
venas, arterias, vasos, capilares,...
órganos alquímicos
los filtros y portales
acceso de paquetes cuánticos
por sostener y depurar.
La percepción es el lente
a través del cual vemos el mundo,
filtro de cristales superpuestos
que pueden aclarar
o distorsionar la realidad.
Los errores que conducen
a la desconexión
abren supermasivos interiores.
La desconexión
de la trama cósmica
desgarra nuestros
vínculos esenciales
y fractura el elíxir
del sentido existencial.
La humanidad,
inteligente y vulnerable,
puede quedar atrapada
en cúmulos neurales
que bloquean su evolución.
El ser humano conoce
procesos alquímicos
de especies y cosmos;
su ciencia se fundamenta
en un código ético
encriptado en cada núcleo
de la materia.
Opera y transforma
con ese conocimiento
la reconstrucción
de su hogar y huerto cósmico,
sembrando semillas de tiempo
las flores del jardín celestial
y los árboles del fruto feliz
en el espacio eterno del amor.
Debemos cuidar
nuestra almateria,
nuestros latidos y conductos
donde fluye la savia
del tiempo-espacio,
nuestro intramultiverso
y nuestro cosmos.
Todo fluye, todo decanta,
somos la evolución almaterial,
la existencia es el río alquímico
en continuo flujo y expansión.
Vivir en Sinfonía Cuántica
con nuestra órbita multiversal,
porque la fuerza que nos une,
el centro gravitatorio
y el amor,
es Dios.
Papá, ¡te quiero mucho!
te puedo abrazar
venga hija, abrazo de oso
tú y toda nuestra familia,
nuestros amigos estelares
y el mundo entero
son la razón de mi felicidad.
Y Dios, es el centro de todo,
es el amor que nos une a todos.
—Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la humanidad.
Perú, 10 de febrero de 2026.
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