Empatía
¡Espera!
detente,
¡detente ahora!
Antes de fracturar
los latidos de un corazón
y el rostro del mundo.
Siente el vértigo
de las lágrimas
que estremecen la piel
bajo las cenizas,
bajo los tóxicos,
bajo la pólvora
que despedaza los cuerpos,
bajo los muros caídos,
aplastando el último grito
de agonía.
La humanidad tiene un rostro:
el fractal que se replica
en el eco
de cada cultura,
de cada ser vivo,
en el luminostálgico sueño
de cada pupila,
de cada corazón,
en cada punto del espacio.
Se oyen sus latidos cansados
en las aceras,
en las casas,
en los mercados,
en los bosques,
en las parcelas,
en las llanuras,
en las sabanas,
en los mares...
En los arrabales,
en los bohíos,
entre los muros,
atravesando y lidiando
los umbrales
de la muerte,
en hospitales de silencio,
en una camilla,
en una silla,
sin poder alzar
los brazos al cielo.
El rostro humano
es un fragmento
que aún suspira
el eco de la esperanza.
Aún podemos atravesar
las barreras juntos,
aún podemos sanar las heridas,
aún podemos curar
las heridas del futuro
en la piel del presente.
Y aún girar
los spines cuánticos
de nuestros pasos
hacia la evolución consciente.
Pues el odio enrarece y contamina
el aire que respiramos,
la desigualdad quiebra el espejo
de nuestra sonrisa,
el subdesarrollo siembra
pueblos sin futuro.
No dejemos que la expresión
de la humanidad se extinga,
pintemos sonrisas en el rostro
del mañana.
Abraza los hombros deprimidos,
carga en tus brazos
los piecesitos cansados,
comparte el alimento del tiempo,
refracta el amor
de la madre
que te trajo al mundo,
y la mágica alquimia
de las fuerzas
que tejen tu respiro.
Cambiemos ahora
la dirección del rumbo,
tomemos el camino de la felicidad:
tu familia,
tu cosmos
y el rostro de mañana
¡te esperan!
--Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la humanidad.
Perú, 10 de febrero de 2026.
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