Fragmentos de un Adiós
Tengo en el corazón,
en mi intrauniverso
el gélido cráter del olvido,
apagado en trágica angustia.
Atrapado en un punto,
oscilando soterrado
en la lápida de un adiós,
en cada cristal de mis lágrimas
que cayeron en el amargo vacío
de aquel tétrico momento.
El péndulo inerte
de un corazón muerto
sigue latiendo el eco
de una capuleta intención
que no cesa.
Mi cuerpo estremecido,
mi mirada perdida,
mis ojos no lograron
hallar la luz,
perdí las huellas del camino
abrazando a mi sombra.
Mis padres vieron
cómo se derrumbaba
mi mundo y lloraron junto a mí.
Los ecos de mi hogar
reverberaban
cada lamento,
cada río de lágrimas,
envueltos en el bucle
del dolor.
Amé en silencio
tu carita, tu sonrisa;
guardo cada foto
en el quantum
de mis latidos.
Anhelé la vida contigo,
pasar los mejores días
refractando,
con cada susurro,
aliento y vida en tu corazón,
enseñándote la constelación,
el horizonte de nuestro destino.
Pero los muros espectrales
dividieron nuestros mundos,
fracturando nuestras vidas,
superponiéndose para alejarnos
con sus oscuras fuerzas.
Quiero que sepas
que eres el fragmento
de mi corazón,
la cuerda existencial
del piano de mi vida.
Mis brazos y pies
se desvanecen
tras las ventanas;
mi grito se ahoga
en el silencio
de las sombras vítreas.
¡Te amo!
Te amo en la penumbra
del portal digital,
el vórtice huracanado
donde yacen mis rodillas
quebradas y mis ojos
desvelados en luminostalgia.
Abrazo tus palabras,
con cada suspiro
llevándote de la mano,
viajando en el sueño
de una fotografía rota.
Lloro en el fractal
de tu dulce voz,
en el suspenso
de mis sufrimientos,
alejado e invisible
en la dimensión
del tiempo.
Aguardo en cada verso
de mi atmósfera neural
tu radiante estrella,
mi nostalgia resonante
por toda la eternidad.
— Christian Aycho Carbajal



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