Filo del Suicidio
¡Hola!
Quizá no sea el más indicado
para acompañarte en este instante.
Sé que todo ha llegado a este límite;
aquí el cielo pinta negrura.
Donde la mente, el corazón
y el cuerpo duelen tanto,
como cuchillos torsiendo
cada latido,
cada pensamiento;
es una tortura.
Lo sé: todos somos humanos
y quizá no logramos encontrar
la fórmula perfecta
para quitarnos
las agujas del dolor.
Quieres llorar,
lloremos juntos,
toma este abrazo,
¡lo necesitas!.
El mundo se ha tornado inaceptable,
hasta el punto de romperse
en nuestra mirada.
Hay sucesos que hablan
de quiénes son las personas.
Lamentablemente vivimos
de las imágenes,
de las escenas,
de aquello que
envuelve nuestra historia.
Pero ahora te invito
a dar un paseo,
¿Me acompañas?
Recuerda el problema que tienes,
ahora piensa que es el clip de una película
y que ahora eres el espectador,
mirando atentamente
la escena de la tragedia.
Analiza esta situación
desde los ojos de otra persona.
Ahora vayamos más allá:
piensa que cada escena,
cada imagen, es un patrón.
Los patrones tienden a repetirse
en los espejos de tus ojos,
en tu mente,
en cada partícula de tu cuerpo
cada cristal cuántico, un espejo,
repitiendo la misma escena trágica.
Hay hechos que fluyen en imágenes,
como los ríos de la savia roja,
la savia verde de las plantas,
nuestra savia lumínica…
Pero hay una solución.
Es simple y efectiva:
cuando dejas de recordar la imagen,
dejas de repetir
el patrón que te ha llevado
al filo de este suicidio.
Hay figuras que no encajan
en tu rompecabezas,
esta figura no pertenece
¡No es parte de ti!
no le pertenece a tu existencia.
No te aferres al dolor;
aférrate a ti,
a tu corazón.
A aquellos infillones de motivos
y razones que tejen tu vida;
a quienes confían en ti,
a quienes ven en tus ojos
a un ser de un increíble corazón.
Aférrate a tus sueños,
a aquella pasión dormida.
No abandones el plan.
Reconecta con tus amigos
que dejaste por error.
Deslices tuvimos todos.
El intento con otra figura
es la opción que el universo
intercambia para forjar
la sabia esencia del ser.
Por sus huellas
se conocen los hombres;
por sus frutos al árbol.
Refracta una sonrisa
en el patrón de este caos.
Las tierras yermas
susurran silencios de muerte,
aquel nudo tensado
en la garganta del tiempo.
El nudo que asfixia
tú lo desatas
cambiando el escenario.
Tú tienes el control
de este televisor.
Por último,
tú decides:
salir a un paseo,
planear un viaje,
una nueva visión.
Apaga la pantalla
el vórtice que te sorbe,
el silencio te devuelve
al abrazo de la vida
al calor de los cuerpos.
A las personas,
a las mascotas,
a la receta perfecta
que cura las heridas;
ellos desempañan
tus fractales,
tus espejos enlodados.
La cebolla tiene tantas capas;
por dentro protege un corazón.
El abrazo, el afecto,
el alimento, son capas
que protegen el corazón.
Cuidar el corazón
es cuidar la vida.
Ellos no te juzgan
dibujan en tus fractales
la línea de tus carcajadas
pintan consuelo y aumentan
capas de firmeza a tus latidos.
Las capas son corazas
que protegen la vida.
El abrigo a la espalda fría
es un acto de amor,
los latidos de vida.
Las cebollas se aferran
a la vida porque sostienen,
con la piel,
con cada manto,
esperanzas de vida.
¿Cuál es la piel
que has perdido?
recuerda que tienes
más fractales que una cebolla.
Ahora te quedan
otras capas.
tu corazón está protegido
por capas de amor y esperanza,
late el deseo de sentirte mejor
con nuevas risas al amanecer,
y una nueva historia por escribir,
¡hoy renaces!.
No es una caída,
tampoco una trampa
es la plataforma
de tu despliegue
no tenemos alas
pero tenemos la imaginación
que nos llevó a volar
en aves de aluminio.
Naciste para crear,
para crecer.
Bajo la lluvia que huele
a polen, a petricor,
la tierra espera paciente
las huellas de tus próximos pasos.
—Christian Aycho Carbajal
¡Dedicado a ti!
Perú, 22 de febrero de 2026.
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