Punto Cero












¡Hola!, 

sé que estás aquí...

y aquello que te trajo

hasta este punto

al límite del abismo,

donde podrás contemplar 

el claro del firmamento.

 

El susurro del cosmos

teje los versos de tu respiro

canta suspiros en tus latidos,

el sístole y el diástole

no nacen del vacío existencial.

 

La sincronía del cosmos

es la Sinfonía Cuántica

donde las especies 

danzan la armonía

del código sagrado.

 

Cada especie es cada velo

y cada velo son capas cósmicas

de la trama del multiverso.

 

La vida es el manifiesto 

de un tejido interdependiente 

cada capa complementa al siguiente

cual fardos del telar cósmico,

 

Desde los pequeños núcleos

hasta las titánicas galaxias

compuestos por unidades cuánticas.

 

Cada ser es una estrella

una especie arbórea.

 

Cuyas raíces entrelazantes

se fractan hacia el espacio y

se refractan hacía el interior 

de sus intrauniversos

a sus campos electromagnéticos 

a sus cuerpos condensados.

 

Todos latemos el ritmo

del tiempo-espacio,

sorbiendo fotones de energía,

la savia lumínica

de las partículas 

de estrellas ancestrales,

transcritas y delineadas

por la nucleosíntesis estelar.

 

Todos giramos bajo las fuerzas

de las espirales mayores,

en nuestros velos cuánticos 

un río energético el barro cósmico 

se desliza iluminando cada núcleo.

 

Cada ser sorbe del río

irradiando luz y calor, 

pulsos, aleteos, pasos, jadeos,

susurros, respiros, latidos,...

en sus campos bioeléctricos.

 

Cada estrella radiante

atrae partículas 

con sus campos magnéticos

para alimentar 

su cuerpo, 

su núcleo, 

su corazón, 

su intramultiverso 

cada unidad subatómica

de su existencia.

 

Y en este entramado de espirales 

El ser humano, último velo desplegado

de los velos estelares de la tierra,

un ser de consciente, responsable,...

de la custodia de cada capa.

 

La distorsión, la aniquilación 

de los núcleos de cada capa

conllevan a la catástrofe 

en cadena de su existencia.

 

El hombre es el guardián

astronauta y polen espacial,

el jardinero cósmico

y co-tejedor 

de cada hilo

de cada nudo 

de la trama cósmica.

 

Si desgarramos estos nudos

ocasionamos nuestro propio colapso.

 

La base de nuestra existencia humana 

son todas las especies escalares 

de la tierra, 

cada estrella, 

cada luna, 

cada planeta, 

cada galaxia, 

cada multiverso

cada universo.

 

La distorsión no siempre 

se fracta desde afuera,

se refracta desde adentro, 

de la fuente, 

del error nebular 

en el código.

 

Del manantial superpuesto

por la basura cósmica, 

por las nieblas, 

por partículas espectrales

que retienen la luz

obnubilando la existencia

la razón, creando resiliencia

y adaptación forzada.

 

Obligando a las especies 

a la reconfiguración 

de sus conceptos

a la muerte 

sin dejar rostro.

 

Estas partículas 

son espectros de la combustión

esperpentos infernales

que tuercen los núcleos vivos

para aniquilar su luz.

 

El dolor es el desgarro 

de cada electrón 

en los velos 

del cuerpo estelar.

 

El dolor es el síntoma 

de aquella estrella

que dejó de encontrar

el alimento cósmico.

 

Todos los seres transforman

la energía de todos,

en un abrazo cósmico 

que nos permite respirar.

 

No masticas un fruto, 

disfrutas la energía condensada,

el néctar alquímico del tiempo

de la materia estelar.

 

Comes el esfuerzo 

la resistencia 

del mismo cosmos,

por mantenerte con vida.

 

Aquel aliento del éter 

se transforma con cada estrella, 

en un susurro cósmico 

que envuelve nuestros corazones 

con cada pulso.

 

Cada especie que fue diseñada

por un ser supremo

para verte nacer, crecer 

y cumplir tu misión cósmica.

 

Pero, nos equivocamos

desde tirar un sobre 

de basura al piso

desde encender un cerillo 

que ocasionó un dantesco infierno 

para las otras especies.

 

Dejamos de sentir empatía 

si la humanidad fuéramos

aquellos otras inocentes especies

aquella humanidad se defendería

con guerras por la peor amenaza 

que representa nuestra falta 

de conexión y empatía 

con nuestros prójimos cósmicos.

 

Sus pieles son nuestras pieles,

el frío o calor infernal fractado

es el mismo que retornará

a nuestros rostros

a nuestras manos 

calcinando nuestros pies.

 

Somos el mismo tejido cuántico

de la vida, el daño es a nuestra

misma cuerda existencial.

 

¿Quiénes extinguen... la vida de los seres?

 ¿Quiénes contaminan? 

¿Quiénes destruyen la Pachamama, 

hurgando los recursos? 

¿Por qué Noé salvó a las especies? 

¿Qué estamos haciendo con nuestro mundo?

 ¿Por qué llegamos a odiarnos 

hasta el extremo de desvivirnos?...

 

Estamos acabando 

con nuestra existencia

Cada árbol, 

cada flor,

cada abeja, 

cada liebre, 

cada ratoncito,

cada lagartija,

cada venado,

cada oso,...

ardiendo en llamas,

hasta quedar 

en cenizas.

 

La liebre de tiernos ojos 

—pristal de luminostalgia—

captura el momento nulo: 

el fuego del Hades

 calcinando sus costados.

 Su piel tiene alma humana.

 Sus gritos, estremecedores,

 se rompen.

 En el silencio cruel.

 

Aquel sordo silencio,

donde las lágrimas curvan

el rostro del mundo,

disolviendo la indiferencia

de la neural distorsionada

y de las manos, ciegas

que vierten el infierno

en la tierra.

 

La inteligencia tecnológica

nos ha llevado a buscar vida 

en el más allá de los confines

en el destello de los cohetes

luciendo trajes extravehiculares 

más allá de los lentes telescópicos,

 

Pero aquí, 

nos hemos dedicado 

a arruinar nuestro hogar

nos hemos empeñado

en aniquilar a nuestra Pachamama.

 

Eres político, filósofo, profesional, 

obrero, agricultor,... estudiante, 

ama de casa, un viajero del mundo,

dime qué haces para curar 

las heridas del mundo.

 

Antes de perder 

nuestro sentido humano 

estamos perdiendo nuestra conexión 

con todo lo que verdaderamente importa

nos hemos olvidado de quienes somos.

 

Dejamos que las voces deconstructivas 

destruyan nuestra esencia

nuestro talento, nuestro latido,

nuestro amor por cada ser,

por nuestros padres, hermanos, 

por nuestra pareja, hijos, 

por nuestros amigos...

por nuestras mascotas

por las especies, 

por el cosmos.

 

Por aquellos que un día 

compartieron la alquimia 

de un pan, de un plato, 

de una bebida, de un abrazo, 

de unas palabras, que llenaron 

de luminostalgia y esperanza 

con su ayuda, volviendo 

a latir tu corazón, 

 

No compartieron comida,

compartieron latidos de vida

dándonos más razones 

para atravesar la barrera 

del tiempo, espacio y luz.

 

Aquel punto donde 

todas las especies 

vibran en frecuencia armónica

es el punto cero, 

 

Donde el amor de Dios

vuelve a moldear

a pincelar y recalibrar 

el giro de cada especie.

 

Somos las estrellas 

que salvarán la tierra 

nuestra casa,

 

Limpiando cada lente

de nuestras ventanas,

secándonos las lágrimas,

sembrando paisajes 

en nuestros corazones áridos.

 

Sembrando en cada hijo

viñedos ubérrimos, 

y en cada fractal escalar 

la sonrisa divina

en cada abrazo de miel

en los ojos del tiempo.

 

Nuestro linaje beberá 

del río del Edén Cósmico 

de Adan y Eva.

 

Porque aquel jardín soñado,

es la tierra.

El eco del fractal melódico

de nuestros cantos de hoy.

 

Cada ave del cielo

surcará las inmensidades

llevando los quarks y ondas

de la revolución 

de nuestra historia,

el brillo de cada pétalo

de cada piel y el color

devueltos a la Sinfonía Cuántica 

de nuestra humanidad.

y aquello que te trajo

hasta este punto

al límite del abismo,

donde podrás contemplar 

el claro del firmamento.

 

El susurro del cosmos

teje los versos de tu respiro

canta suspiros en tus latidos,

el sístole y el diástole

no nacen del vacío existencial.

 

La sincronía del cosmos

es la Sinfonía Cuántica

donde las especies 

danzan la armonía

del código sagrado.

 

Cada especie es cada velo

y cada velo son capas cósmicas

de la trama del multiverso.

 

La vida es el manifiesto 

de un tejido interdependiente 

cada capa complementa al siguiente

cual fardos del telar cósmico,

 

Desde los pequeños núcleos

hasta las titánicas galaxias

compuestos por unidades cuánticas.

 

Cada ser es una estrella

una especie arbórea.

 

Cuyas raíces entrelazantes

se fractan hacia el espacio y

se refractan hacía el interior 

de sus intrauniversos

a sus campos electromagnéticos 

a sus cuerpos condensados.

 

Todos latemos el ritmo

del tiempo-espacio,

sorbiendo fotones de energía,

la savia lumínica

de las partículas 

de estrellas ancestrales,

transcritas y delineadas

por la nucleosíntesis estelar.

 

Todos giramos bajo las fuerzas

de las espirales mayores,

en nuestros velos cuánticos 

un río energético el barro cósmico 

se desliza iluminando cada núcleo.

 

Cada ser sorbe del río

irradiando luz y calor, 

pulsos, aleteos, pasos, jadeos,

susurros, respiros, latidos,...

en sus campos bioeléctricos.

 

Cada estrella radiante

atrae partículas 

con sus campos magnéticos

para alimentar 

su cuerpo, 

su núcleo, 

su corazón, 

su intramultiverso 

cada unidad subatómica

de su existencia.

 

Y en este entramado de espirales 

El ser humano, último velo desplegado

de los velos estelares de la tierra,

un ser de consciente, responsable,...

de la custodia de cada capa.

 

La distorsión, la aniquilación 

de los núcleos de cada capa

conllevan a la catástrofe 

en cadena de su existencia.

 

El hombre es el guardián

astronauta y polen espacial,

el jardinero cósmico

y co-tejedor 

de cada hilo

de cada nudo 

de la trama cósmica.

 

Si desgarramos estos nudos

ocasionamos nuestro propio colapso.

 

La base de nuestra existencia humana 

son todas las especies escalares 

de la tierra, 

cada estrella, 

cada luna, 

cada planeta, 

cada galaxia, 

cada multiverso

cada universo.

 

La distorsión no siempre 

se fracta desde afuera,

se refracta desde adentro, 

de la fuente, 

del error nebular 

en el código.

 

Del manantial superpuesto

por la basura cósmica, 

por las nieblas, 

por partículas espectrales

que retienen la luz

obnubilando la existencia

la razón, creando resiliencia

y adaptación forzada.

 

Obligando a las especies 

a la reconfiguración 

de sus conceptos

a la muerte 

sin dejar rostro.

 

Estas partículas 

son espectros de la combustión

esperpentos infernales

que tuercen los núcleos vivos

para aniquilar su luz.

 

El dolor es el desgarro 

de cada electrón 

en los velos 

del cuerpo estelar.

 

El dolor es el síntoma 

de aquella estrella

que dejó de encontrar

el alimento cósmico.

 

Todos los seres transforman

la energía de todos,

en un abrazo cósmico 

que nos permite respirar.

 

No masticas un fruto, 

disfrutas la energía condensada,

el néctar alquímico del tiempo

de la materia estelar.

 

Comes el esfuerzo 

la resistencia 

del mismo cosmos,

por mantenerte con vida.

 

Aquel aliento del éter 

se transforma con cada estrella, 

en un susurro cósmico 

que envuelve nuestros corazones 

con cada pulso.

 

Cada especie que fue diseñada

por un ser supremo

para verte nacer, crecer 

y cumplir tu misión cósmica.

 

Pero, nos equivocamos

desde tirar un sobre 

de basura al piso

desde encender un cerillo 

que ocasionó un dantesco infierno 

para las otras especies.

 

Dejamos de sentir empatía 

si la humanidad fuéramos

aquellos otras inocentes especies

aquella humanidad se defendería

con guerras por la peor amenaza 

que representa nuestra falta 

de conexión y empatía 

con nuestros prójimos cósmicos.

 

Sus pieles son nuestras pieles,

el frío o calor infernal fractado

es el mismo que retornará

a nuestros rostros

a nuestras manos 

calcinando nuestros pies.

 

Somos el mismo tejido cuántico

de la vida, el daño es a nuestra

misma cuerda existencial.

 

¿Quiénes extinguen... la vida de los seres?

 ¿Quiénes contaminan? 

¿Quiénes destruyen la Pachamama, 

hurgando los recursos? 

¿Por qué Noé salvó a las especies? 

¿Qué estamos haciendo con nuestro mundo?

 ¿Por qué llegamos a odiarnos 

hasta el extremo de desvivirnos?...

 

Estamos acabando 

con nuestra existencia

Cada árbol, 

cada flor,

cada abeja, 

cada liebre, 

cada ratoncito,

cada lagartija,

cada venado,

cada oso,...

ardiendo en llamas,

hasta quedar 

en cenizas.

 

La liebre de tiernos ojos 

—pristal de luminostalgia—

captura el momento nulo: 

el fuego del Hades

 calcinando sus costados.

 Su piel tiene alma humana.

 Sus gritos, estremecedores,

 se rompen.

 En el silencio cruel.

 

Aquel sordo silencio,

donde las lágrimas curvan

el rostro del mundo,

disolviendo la indiferencia

de la neural distorsionada

y de las manos, ciegas

que vierten el infierno

en la tierra.

 

La inteligencia tecnológica

nos ha llevado a buscar vida 

en el más allá de los confines

en el destello de los cohetes

luciendo trajes extravehiculares 

más allá de los lentes telescópicos,

 

Pero aquí, 

nos hemos dedicado 

a arruinar nuestro hogar

nos hemos empeñado

en aniquilar a nuestra Pachamama.

 

Eres político, filósofo, profesional, 

obrero, agricultor,... estudiante, 

ama de casa, un viajero del mundo,

dime qué haces para curar 

las heridas del mundo.

 

Antes de perder 

nuestro sentido humano 

estamos perdiendo nuestra conexión 

con todo lo que verdaderamente importa

nos hemos olvidado de quienes somos.

 

Dejamos que las voces deconstructivas 

destruyan nuestra esencia

nuestro talento, nuestro latido,

nuestro amor por cada ser,

por nuestros padres, hermanos, 

por nuestra pareja, hijos, 

por nuestros amigos...

por nuestras mascotas

por las especies, 

por el cosmos.

 

Por aquellos que un día 

compartieron la alquimia 

de un pan, de un plato, 

de una bebida, de un abrazo, 

de unas palabras, que llenaron 

de luminostalgia y esperanza 

con su ayuda, volviendo 

a latir tu corazón, 

 

No compartieron comida,

compartieron latidos de vida

dándonos más razones 

para atravesar la barrera 

del tiempo, espacio y luz.

 

Aquel punto donde 

todas las especies 

vibran en frecuencia armónica

es el punto cero, 

 

Donde el amor de Dios

vuelve a moldear

a pincelar y recalibrar 

el giro de cada especie.

 

Somos las estrellas 

que salvarán la tierra 

nuestra casa,

 

Limpiando cada lente

de nuestras ventanas,

secándonos las lágrimas,

sembrando paisajes 

en nuestros corazones áridos.

 

Sembrando en cada hijo

viñedos ubérrimos, 

y en cada fractal escalar 

la sonrisa divina

en cada abrazo de miel

en los ojos del tiempo.

 

Nuestro linaje beberá 

del río del Edén Cósmico 

de Adan y Eva.

 

Porque aquel jardín soñado,

es la tierra.

El eco del fractal melódico

de nuestros cantos de hoy.

 

Cada ave del cielo

surcará las inmensidades

llevando los quarks y ondas

de la revolución 

de nuestra historia,

el brillo de cada pétalo

de cada piel y el color

devueltos a la Sinfonía Cuántica 

de nuestra humanidad.


--Christian Aycho Carbajal 


Dedicado a la humanidad.


Perú, 02 de febrero de 2026.

Derechos Reservados ®

















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