Las flores del Edén
En un puerto del multiverso
donde aún se abrazan
las hebras del linaje del cielo
del gran río estelar.
Aún titila un corazón
refractando su voz...
¡Illa!
¡Illa!
Hola, Illa,
dónde estás,
mi hija,
fractal mío.
Si alguien la vio,
envíenle este mensaje:
¡Te llamé!
¡Te escribí!
no sé nada de ti,
desde que tu madre
partió a otro fractal
por un trágico accidente.
Te busco, luz mía,
desde antes del tiempo
Sé que estás trabajando,
sé que estás ocupada...
Voy cayendo,
preocupado
en lento abismo
por saber cómo estás.
No he podido cerrar los ojos,
esperando las ondas de tu señal
en la orilla digital.
Recordando las sondas
que sorbieron tu esencia
en salto evanescente.
Sigo en el puente;
tan cerca,
pero tan lejos.
Lloro
en cada letra
del silente teclado,
que deletrea
versos de rocío
en cascada lenta,
secando cada lágrima
con el pañuelo frío
de tu olvido.
Tu ausencia
borra cada qubit
de mi reflejo,
opacando lo que soy,
en lápida hueca
de latidos rotos.
Acaricio tu fotografía,
en un bucle suspendido.
No sé
si aún late tu corazón.
He preguntado por ti
tras cada portal vacío.
Todos llegaremos
a curvar nuestra mirada
en el pliegue de la tierra,
volviendo al repliegue.
El eco de mi espejo
implora tu nombre.
Una palabra tuya
es mi consuelo,
el último aliento
que sostiene los mundos,
para marcharme en paz.
Pesa en mis latidos
el luminostálgico amor,
cuando eras pequeña,
mi firmamento alegre,
cuando te mecía en mis brazos,
alzándote a los velos del cielo,
mi estrella,
contemplando el fractal
de mis fractales.
Ternura y brillo de tus lágrimas
sonriendo tras el reflejo
de tus risas.
Tus primeros pasos,
desplegando tu vuelo,
balbuceando tus primeras notas,
la partitura de tu sutil canto.
Mi corazón no encuentra paz
en este devastador silencio.
Recuerdo los años juntos,
y la grieta espectral
que rompió el universo
con la muerte de tu madre,
la tristeza nos alejó.
Memorias que aún reverberan
la sinfonía del quantum
refractando legendarios instantes.
Eco de mis hebras,
sinfonía de mis vértebras,
tus brazos,
tus piececitos,
tus pestañas,
lumiflexión alquímica,
del manantial jade,
despliegue de mi piel,
fruto de mi amor.
¡Te amo, hija mía!
¡Te amo!
Los pétalos de las flores,
tus manitas,
tu carita,
y tu madre a quien la extraño,
resonancia de la savia lumínica,
trazo y ondulamiento,
la belleza del iris,
y de tus pupilas
colores más allá del espectro:
pristales de qubits priscromáticos.
Pedacito de mi corazón,
lumiflexión alquímica,
expresión y fuente pura
de mis reflejos.
Astro y poesía,
crisol y manantial
río alquímico de infillones
de radiantes núcleos orbitales,
de árboles que fluyen,
los cantos de la materia:
en toda vertiente,
en pulsos y olas
de onda y partícula.
Envoltura y almateria,
¡recuerda!
cada credo es un constructo;
la cosmovisión un umbral;
las ideas, túnel perceptivo;
la lengua, canto y voz alquímica;
la ética, sed y brote en el desierto;
la política, anhelos y crisis;
los políticos, expresión mental de los pueblos.
La pureza del río yace:
Bajo las sombras,
bajo los vestigios,
bajo la luminostalgia,
en la esencia prístina,
en el reflejo de los prismas,
en la sinfonía de ladrillos cuánticos,
yace el corazón,
y el rostro oculto
envoltura sombría de los pristales
que oculta el Edén cósmico.
No es un sueño,
no es una promesa,
no está en la otra vida,
porque la vida es aquí.
Es el libro que se abre
pliegue tras pliegue,
donde se desliza la luz almaterial,
escribiendo cada verso,
atravesando cada portal mágico
de la vida eterna.
Cada fragmento del Paraíso
se pliega y despliega
en constante movimiento;
es preproyección y proyección,
girando la energía condensada
de los ríos que libamos.
Las flores fueron semillas,
las semillas atravesaron
todos los estados del río
para refractar la belleza del cosmos,
mostrando la alquimia viva.
Un fractal de luz
sorbe flujos de materia
para expandir más luces,
abrazando el polen,
aferrándose a las arpas del cielo,
para resonar sus cantos,
refractando nuevas semillas de luz
en belleza pura y sublime.
Mi almateria alquímica,
transfiguración celestial,
alma y materia entrelazadas:
onda, fotones y partícula,
manantial y caleidoscopio cuántico
de la luz que restaura sus ciclos,
sus pulsos y sueños,
luminostalgia fractal latente.
Todo fluye
en multiversos del río energético,
en mutua interacción y ayni,
replicando el viaje de la luz
en cada foco,
el eco de la expansión
y del tiempo
en constante movimiento.
La hermosura de los cristales
es la sinfonía cuántica
en el orden coherente
de las cuerdas armónicas
que brotan:
de las hojas, de las abejas,
de los cantos humanos,
volviendo al multiverso
que teje nuevos velos,
el nuevo alba
de las estrellas
del eterno cielo.
El Huerto Sagrado
no está arriba,
no está abajo,
ni en el fondo del infinito;
yace aquí,
en el erróneo abrazo a la muerte,
en la semilla guardada,
en el amor aislado en el ego,
en el río tóxico,
en el bosque yermado en arena,
en el jardín transfigurado
en este infierno devastador.
Estés donde estés,
recuerda que en este rincón
estoy,
esperando tu llamada,
tu visita.
Quisiera saber
si estás durmiendo bien,
si el hambre y el abrazo
tocan tu puerta.
Yo aún estoy aquí,
abrazándote, hija mía.
Hija,
entre cristales cuánticos,
eres tú,
pristal y pureza
entre las sombras.
Te extraño mucho
entre las paredes frías
del pequeño mundo
donde creciste.
Mi corazón
en el abra vacío
que aún guarda cada trazo
de tus manitas,
dibujando entre garabatos
a tu mamá,
a tu papá,
el paisaje vivo de tu familia.
Tras la ventana
que tocan mis manos,
aún toco tu espalda
con mi voz de aliento.
Atrapado en la isla
de mi ventana,
esperando ver tu silueta
entre el semáforo,
entre la acera,
entre las miles de personas
que pasan por la calle.
Aún guardo:
nuestros álbumes vintage,
limpiando tus diplomas y trofeos,
el collar con la foto de tu madre.
Contemplando las bellas plantas
y las flores del césped
junto al aura del recuerdo,
de la flor más hermosa
que vibra en tus ojos,
estrellas difusas alejándose de mí,
mi razón existencial,
mi constante de luz.
Entre las paredes
de esta casa
se desmorona mi mundo
en mis pestañas.
¡Te amo, hija mía!
¡Te amo!
estrella y flor mía
del Edén Cósmico.
En el silencio,
mi boca y mis ojos se pliegan.
En la última luz,
mis latidos despliegan
un suspiro
que se ahoga en tu nombre.
¡Illa!
fractal y pristal mío.
Te adoro.
Siempre,
tu padre.
—Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la humanidad
Perú, 22 de marzo de 2026.
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GLOSARIO
Almateria
Sustantivo
Fusión de alma y materia; unidad indivisible entre lo espiritual y lo físico. Principio ontológico que recorre el poema.
Ayni
Sustantivo
Reciprocidad andina; en el poema, principio de intercambio energético y mutua interacción cuántica en el multiverso.
Bucle suspendido
Sintagma poético
Estado emocional detenido en el tiempo, sin resolución; imagen de la espera que no termina.
Fractal
Sustantivo
Unidad que contiene el todo en sí misma; en el poema, la hija como extensión del padre y cada parte que refleja cada patrón del caleidoscopio cuántico del multiverso fractal desde un cristal cuántico hasta la totalidad cósmica.
Infillones
Sustantivo plural
Cantidad inconmensurable, superior a lo cuantificable; uso poético para magnitudes cósmicas.
Illa
Sustantivo - Nombre
Proviene del quechua, luz, brillo o resplandor; en el poema es el nombre de la hija.
Lumiflexión
Sustantivo
El ser como caleidoscopio cuántico fractal que se flexiona en pliegues a través de la luz, con carga emocional, material y espiritual.
Luminostalgia / Luminostálgico
Sustantivo / Adjetivo
Nostalgia luminosa; añoranza que no solo duele sino que ilumina la memoria con belleza. Mezcla de dolor y resplandor afectivo.
Orilla digital
Sintagma poético
Espacio liminal entre lo humano y lo tecnológico donde ocurre la espera emocional; el vórtice digital.
Priscroma / Priscromático
Sustantivo / Adjetivo
Esencia cromática primordial que contiene significados emocionales y energéticos; relativo a una gama de colores más allá del espectro físico.
Pristal / Pristales
Sustantivo
Entidad híbrida entre prisma y cristal; estructura de percepción que refracta la realidad emocional y espiritual. Representa estados de conciencia o del alma fragmentada, uniendo lo prístino con lo cristalino.
Salto evanescente
Sintagma poético
Transición entre planos de existencia, caracterizada por su fugacidad.



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