Las Hebras
—Mi amor,
¿puedo decirte algo?
—Claro, mi cielo. ¡Dime!
Sabes, me encanta haber llegado
a esta curvatura constelar contigo
y que sigamos recorriendo juntos
este inmenso mar,
amándonos sin fin.
—Amor, ¿puedo hacerte
dos preguntas?
—¡Adelante, mi vida!
—¿Qué es el amor?
¿Y qué es la vida?
—¡Perfecto!
Comencemos por la vida.
Hay un ser misterioso
que emerge de la oscuridad
con todas sus fuerzas,
buscando la luz.
Nacido de un núcleo
fractal lumínico,
de la energía condensada
y de la esperanza.
Hilvana el tiempo
en sus palmas,
provee aliento a los seres
con su savia lumínica.
Cada raíz es el brazo
de la mágica estrella
que entrelaza el río alquímico,
sorbe el agua
y susurra
tu aliento,
tus latidos.
Teje los ciclos de las aguas,
vibra con el susurro de la luna
y de los astros en su piel.
Infillones de seres
crecen en sus bordes expansivos.
Es semilla de semillas,
núcleos cuánticos abrazados
a una estrella expansiva
estallando en infillones de múltiplos
en un perpetuo vaivén.
El estallido de las hebras,
de los linajes del latido etereal,
se vuelve polen de luces,
semillas encapsuladas que vuelan
en naves vivas
a conquistar
los pliegues
de la Pachamama viva.
Sus hojas contemplan
el rostro del sol
para transfigurar el néctar
de las especies.
Los frutos que cada día
sorbemos y refractamos
en la luz radiante de nuestras pieles,
en los sueños vivos
que fluyen en nuestras venas
y en nuestros huesos.
Especies arbóreas
y especies latentes
tejen la energía escalar
del mismo cosmos.
Especies codificadas
perpetúan los ciclos
espirales de la vida.
El río continuo
de todas las luciérnagas
cuánticas y cósmicas.
Cada ser es un campo energético
a escala cuántica,
refractando la sinfonía
en la piel del firmamento.
En toda esta trama
de velos gravitacionales del cosmos,
hilos de enlace
unen la creación viva.
Una invisible fuerza nuclear
une los brazos de intercambio
del río lumínico,
activando los nudos de luces
a través de cada conducto.
Aire, atmósfera…
calles, túneles, cables…
venas, arterias, capilares…
xilema, floema…
ríos, corrientes oceánicas…
enlaces, campos electromagnéticos…
orbitales, filamentos cósmicos…
Conductos del libre deslizamiento
de los electrones
en magnitudes fractales,
en ecuaciones cíclicas.
En cada conducto yacen
cadenas de cristales puros,
túneles de enlace
que encienden las órbitas
de las almaterias.
El flujo libre de los electrones
en cada conducto
es consciencia,
fluido de datos coherentes:
la vida.
Cada especie tiene un programa
de réplica y refracción
de sí misma
con sus reflejos fractales.
Los hilos cromáticos
del quantum copian
los fractales cuánticos
de las especies,
a imagen y semejanza
de sus ancestros.
El amor no es solo
un ciclo reproductivo.
Es un acto sagrado del cosmos
expandiendo el rostro
de la vida.
La energía que se refracta
en los núcleos de los velos
requiere coherencia radiante
para enlazar
con la otra parte,
con la otra mitad.
Es un acto de conexión cuántica,
de atracción, enlace y réplica.
Es el universo mismo celebrando
la expansión cósmica de la energía.
Y viendo el nacimiento
de un nuevo ciclo,
en un eterno canto cósmico,
el eco fractal del amor:
un hijo ha nacido.
El amor es una ecuación
de partes que se compensan.
Son porciones que se funden
en un todo,
en un corazón vivo.
Los hijos son el fruto,
la semilla expansiva.
Cada especie, un código ancestral
escrito en la luz de sus hebras.
El códice genocuántico
que replica el latido
del cosmos.
Aniquilar una especie
es cortar el hilo genocuántico
que sostiene el latido del cosmos,
la creación divina:
es asesinar a Dios.
En cada cuerpo
hay energía radioactiva utilizada,
energía inservible
que busca liberarse,
disiparse de los giros.
La acumulación genera
estancamiento
y vórtices opuestos
a la existencia:
la muerte.
Cada ser necesita depurar
la energía que sorbe
y proteger sus campos
de refracción
y sus latidos.
La vida es un velo energético
con dos vertientes:
hacia los picos altos de la luz
y hacia los picos bajos
de la oscuridad.
Las fuerzas liderantes,
hélices de vórtices,
filos de los vértices,
conducen los velos
a ambos extremos:
al Edén
o al Hades.
La humanidad ha tocado la cima,
los límites más elevados
del asombro humano.
Arquitectura inteligente
de la bioeléctrica humana.
La conciencia iluminada
capaz de lograr
mucho más.
El amor somos tú y yo.
Somos almaterias,
el quantum animado
creado por el universo
para continuar el viaje
del tiempo-espacio.
Y aquel universo inteligente
que cree en este amor
sonríe al vernos felices,
deleitando cada latido,
construyendo en él
un hogar armónico
lleno de felicidad.
—¡Te amo!
—¡Te amo demasiado,
mi cielo,
mi vida!
Ambos se funden
en un abrazo eterno,
contemplando con luminostalgia
las pupilas del cosmos.
En un paisaje constelar
donde cada historia
siembra fractales vivos.
Donde aquel universo
es Dios.
Y en este cauce eterno
se desliza la energía
que refracta el amor,
pulsando la vida
del cosmos.
—Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la humanidad.



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