Memoria del Quantum
Hay espejos de cristal
que aún guardan el reflejo
de la luz anhelada
de los ojos del cielo,
de los rostros,
de los cráteres heridos,
de la felicidad...
en ladrillos fractales gluonados
que tejen multiversos escalares
de seres y constelaciones.
Los sueños, pesadillas,
miedos, emociones,...
no siempre son tuyos,
son de otras vidas pasadas
que se refractan
en cada núcleo,
en cada estrella cuántica
en cada luciérnaga
que libas, sorbes y absorbes,
en el continente
de tu intramultiverso.
Cada manjar alquímico
como el dulce beso de tu amada,
como el calor de cada caricia
como cada gesto alquímico
como el elíxir de la vida,
son patrones perceptibles
que se refractan y titilan
en tu corazón,
en tu piel de estrella.
No es carne, ni hueso,
son velos multiversales,
tejido de quarks,...
donde yacen infillones
de historias ancestrales
de bacterias, árboles,
herbívoros, omnívoros,
frutos, granos, hongos...
composiciones encriptadas
en partículas y ondas estelares.
De otros amores,
de las almas retornando
una y otra vez al quantum
a cada nuevo cuerpo
que nace y renace
en la espiral,
en expansión perpetua.
Aquí yace un misterioso mundo
donde se traza y pincela
la historia de una bella doncella
que viajó a otra ciudad
para grabar en los fractales
su nueva vida.
Me enamoré de un chico
alto, simpático, gallardo,
varonil y muy atento.
Juntos recorrimos
lugares de ensueño.
Un DJ, un hombre mágico
que susurró en mi red neurofractal
y en cada latido de mi corazón
suspiros y sueños cuánticos,
un cosmos de posibilidades.
Me siento tan feliz:
conocí mi futuro
en su radiante semblante
en su sonrisa varonil.
Ya hablé con mi familia,
le presenté a las personas
de mi mundo:
a mamá, papá,
a mis hermanos,
a mis amigos...
a mis compañeros de trabajo,
a quienes confían en mí.
Pero él?
vibra en otro mundo,
eco de otra cultura,
late en otro ritmo
de otras costumbres,
de otras sociedades,
de otras familias.
En su trabajo yace
una amplia gama de alternativas,
de estéticos patrones
de diversas mujeres.
Pero su corazón
ya tiene otra historia
un bucle de amor
que lo retiene atrapado.
Él sabe lo que hace
con aquella señorita,
pero ella insiste:
está muy enamorada.
Mañana habrá una fiesta
con las personas de mi país.
Él la invita a la fiesta.
Ella ya tiene listo el vestido;
se puso muy hermosa para él.
Él no logró dormir bien,
preparando la figura extraña.
Temprano conversó con su amigo
para preparar el contexto.
Habló con un amigo
para entretener a su amada
que irá con ella a la fiesta.
Pero hay otra chica:
la mujer a quien ama.
que vino a la fiesta
y está aquí.
Su amigo arma el teatro,
se hace cargo de ella
para mantenerla ocupada
con cortés atención.
Él tiene listo el escenario.
Su amigo, otro DJ,
tiene planeado reproducir
los valses del engaño.
Él invita a bailar
a la chica que ama.
Pero su amada contempla,
con disimulo,
la luminostálgica escena del desengaño,
con el corazón palpitando
imágenes rotas y sombrías.
Mientras su amigo se esmera:
—¿Acepta usted bailar conmigo?
Ella acepta con cautela.
Paso a paso, él se encarga
de sostenerla en el punto ciego.
Toma sus manos,
girándola para ocultar la imagen
lejos de las órbitas entrelazadas
de quien ama
y de la otra chica,
quienes danzan
en otra dimensión.
Él la trata con indiferencia,
cual espectro abstracto,
cual persona desconocida.
Él se cerciora:
nadie debe enterarse
de que sale con ella.
Ella ahoga su luz
en un cúmulo de mentiras.
Nota los coqueteos de la chica
y muestra rabia e incomodidad.
Ellos hablan en su idioma,
indicando que ella está celosa.
Ella muestra serenidad.
Ella dejó que la fiesta pasara.
Ahora no hay marcha atrás.
Sabe lo que sucede:
él jamás la amó,
solo la quería
para unos momentos.
Retorna a casa,
en ríos de llanto.
En el trabajo,
sus compañeros ya no notan
la alegría de sus labios
ni la felicidad de sus ojos.
Su amiga escucha el drama
entre lágrimas,
sin creer que su amado
se mostrara así.
—Amiga, debiste marcharte
sin mirar atrás,
fuiste humillada.
Suena el teléfono.
Ya van más de cien
llamadas perdidas
y mensajes en WhatsApp,
miles de disculpas
en las redes sociales
con mensajes de voz.
Un mañana escuchó
una llamada
y contestó por error.
Era él,
suplicando disculpas.
Ella se apareció
en la puerta de su casa.
Caricias y gemidos sensuales
estrella de cuerpo perfecto,
terminaron en la alcoba.
Él se sentía feliz.
Pero ella asiente:
—Lo que dije fue verdad:
ya no te volveré a ver
nunca más.
Hice esto para despedirme.
En ese momento
cambió el rostro
de aquel chico.
Él trató de reparar la situación:
—Vamos, te invito un almuerzo.
—Bueno ¡Vamos!
Fue el último momento
en que compartieron
el almuerzo final.
Se despidieron.
Él aún la rogaba.
Ella se fue sin reparo.
Volteó la esquina sin girar,
con la mirada siempre adelante.
Ella ahora guarda el mal recuerdo
en cada uno de sus quarks:
un amor incoherente
que utilizó la superposición
de fractales de la mentira
para enamorar a la chica
de un corazón puro.
La expresión del amor
se desliza en la duda
de las probabilidades,
donde las relaciones
se basan en fuerzas
de distinta naturaleza:
culturas, pueblos, educación,
conocimiento, valores,
aliento y alimento.
En nuestra sangre,
en la piel,
fluye el río
del cosmos vivo.
Comemos datos:
en cada bocado,
el néctar del mango
de un árbol frondoso,
un animal que huyó despavorido,
las partículas de supernova
de una bella estrella ancestral.
La memoria cuántica
no es archivo:
es la piel del árbol
que aún recuerda el sol
con nostalgia alquímica.
La consciencia
es la Sinfonía Cuántica,
el flujo coherente
de la comunicación
en los circuitos,
el reflejo fractal brillante
de la información encriptada.
Soñamos los datos
contenidos y almacenados
en los cristales cuánticos.
No eran pesadillas:
era información multiversal
del mundo cuántico,
los mensajes que yacen
en la materia viva
en el giro de los electrones.
La carne de cada animal,
la pulpa de cada fruto,
la piel de cada grano
es transcripción energética,
es información resonante
sorbida por el cuerpo
para latir el mismo cosmos.
El sufrimiento animal,
las condiciones deplorables,
la historia de cada ser
está contenida en la materia
que preserva energía alquímica.
Como aquel amor que parecía amor,
hay contraalimentos que obstruyen
el río alquímico de electrones,
superponiéndose, obstaculizando
el viaje de la savia lumínica,
aniquilando los núcleos vivos
en agonía y sufrimiento
de cada cuerpo.
Somos la expresión
del mismo cosmos:
el sueño latente
de algoritmos reflejados
en qubits de quantum
que fluyen en cada escala,
la suma cuántica
que forma todo cuerpo estelar.
Nuestros pensamientos,
emociones, sueños, deseos
son energía subatómica.
Cada estado del contexto
resume y resuena
en cada cuerpo
la lluvia de rayos vibracionales
en cada giro electromagnético.
Somos cuerpos absorbentes
del cúmulo de probabilidades
y posibilidades energéticas,
el caleidoscopio nuclear
que irradia los patrones cuánticos
en su expresión,
en los qubits
de su bella piel
la rosa del firmamento.
Cada ser latente
una almateria.
No existe el alma
sin cuerpo,
el software existencial
es la energía gravitacional
del cosmos.
La fuerza que reproduce
toda resonancia vital
de todo lo que vive,
todo lo que gira,
todo lo que contiene
el código existencial
es Dios: el multiverso.
Ella acaba de forjar
el nuevo ser en su cuerpo,
en su caleidoscopio fractal,
una nueva memoria
con un corazón fuerte
que no cree en voces,
sino en sucesos
que demuestren la esencia
el abrazo del entrelazo
del amor cósmico.
— Christian Aycho Carbajal
Dedicado a la humanidad.
Perú, 05 de marzo de 2026.
Derechos reservados ®



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