La XXI Sinfonía Cuántica
Papá, esta noche
vi muchas estrellitas
en el firmamento,
mi bebé, cada estrella
tiene un corazón
como el tuyo, cada una envía
señales en tus latidos.
¿Entonces ellos nos impulsan
a vivir? Todos ellos son parte
indispensable de nuestra familia,
todos los seres latentes,
son la creación más bella
y tú eres una de ellas.
Un beso del cielo,
brisa en tus mejillas,
el canto del viento
opera en tus suspiros,
el jadeo de sueños.
Cada quark teje su spin
en el corazón de las galaxias,
besando el rostro del tiempo
en el latido de cada pulsar.
Cada atmósfera bioelectromagnética
es el contenido estelar de cada multiverso,
cada almateria vibra la Sinfonía Cuántica.
Todos deleitan el néctar
de la savia lumínica,
la miel luminostálgica
que vibra en nuestra esencia neural,
fractando la luz de la vida.
El susurro dulce del sol
emerge en las azucenas,
las abejas polinizan el tiempo,
saciando vacíos de luz.
Somos mundos girando en órbita
a nuestros soles,
nuestra razón es la luz.
Hay fuerzas ondulatorias,
hilos tensos,
hilos sofocantes,
hilos que asfixian,
hilos que atan,
hilos que cortan,
hilos gélidos,
hilos en múltiples direcciones,
estresando los cabos nucleares
de las almaterias.
La vida es un campo energético
donde las ondas y las sombras
de diversos puntos
tensan los spines
de cada unidad escalar.
Todo ser vivo es un campo
de fuerzas energéticas
que operan bajo las fuerzas
del cosmos radiante.
Cada planta tiene esencia propia,
tiene un fin, sorbe la sustancia
del barro estelar,
los elementos alquímicos
que tejen su color, aroma, sabor,
textura,... y sus frutos cual almíbar.
Cada planta, cada ser,
tiene razones existenciales,
muchas son cosimbióticas,
no son mera casualidad de una evolución,
existe un determinio sustancial,
su interconexión con otras especies
es ineludible y explicable.
Nada de lo que existe
es fruto de un mero error,
todo fue creado para un fin,
todo lo que nace posee razones.
Cada árbol no solo produce
el elíxir alquímico de las especies,
intercambia frecuencias
y ondas gravitatorias,
no solo producen oxígeno,
refractan sustancias gaseosas neuroalquímicas,
despertando toda especie estelar,
reconectándolos al cosmos.
La comunicación cuántica
de las especies va más allá
de un simple mensaje de amor,
toda especie emite señales
de intercambio de datos.
La comunicación humana no es única.
La humanidad, en su intrauniverso,
posee comunicación neuroalquímica,
todo es interacción cuántica.
Las señales de un problema
son síntomas en cada cuerpo,
cada fenómeno, cada alteración,
cada giro, emite en cada ser
qubits expansivos de alerta.
Cada especie, ente inteligente,
todos somos importantes,
somos los jardineros cósmicos
del arca de nuestro multiverso.
La consciencia es la visión pura
de los cristales cuánticos limpios,
el prisma, pristino, nuestros pristales,
que translucen la sincronía armónica,
la Sinfonía Celestial sostenida
más bella de nuestra existencia.
Con cada péndulo pincela
nuestro eterno andar,
nuestros caminos,
nuestros deseos,
todos tenemos la tarea
de sostener la armonía,
es nuestra responsabilidad.
Cada criatura viva
que teje nuestro aliento,
nuestro mundo,
son nuestros prójimos,
merecen vivir
en la eternidad.
Todos vivimos en el fractal
del sueño del quantum,
la constelación de Dios.
—Christian Aycho Carbajal

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