Bioeléctrica del Amor


















Érase una lejana luz 
en un viaje de estudios 
del cosmos del saber,
el día de sol feliz de Liam.

Aquel donde desveló los rotores 
de la bioeléctrica que despertaron 
los latidos de su existencia,
en las pupilas y en la voz
de una estrella del firmamento.

Al volver a casa, 
su desbordante felicidad
generó cuestionamientos 
en la mente eclipsada de su madre, 
refractó severa amonestación 
y rechazo a su relación.

Su madre ansiaba con frenesí 
para su hija un espectro dorado; 
Liam, tratado con desprecio, 
pese a la lucha de ambos, 
quedó eclipsado en la nebulosa.

Mas el bucle torcido
desvía los ejes y órbitas de su amada
al desvío del camino,
a la desembocadura del fractal 
de su madre y de sus amigas
en las fauces del huracán.

Aquellos espectros la embarcaron
al muelle aparente de riquezas,
transfigurando al amor 
en el ojo del supermasivo.
En libertinaje de fuego y llagas,

Curvando el tiempo oscuridad
las falanges del Hades
quien celebra el crepitar 
de los cuerpos errantes.

A Liam lo soterraron en desdén,
continuó su andar sin delirios;
conoció otra luz en su tempestad,
el brillo de una fémina emprendedora
con quien reencendió cada spin
de su sostenido viaje en el tiempo.

Con miradas de amor,
con brazos sembrando esperanza,
el color de la felicidad
que pincela la alquimia del amor.

Mas la fuerza sombría
en su ex amada y en otros
destruye el latido del universo,
destruye cada núcleo,
cada ión bioeléctrico
en suspenso, agonía y sufrimiento.

En los campos del holocausto
solo siembra muerte titilante
en el fluido cuantialquímico,
donde los quarks y las estrellas 
danza la partitura de Dios.

Destruye la sinfonía en bucles de dolor,
en sollozante angustia y blasfemia,
el letargo de la sequía neural
y el sufrimiento como armas
de autodestrucción masiva.

Destruye familias,
irrumpe en el fractal de los hijos,
pariendo nuevos fractales quebrados
del bucle infeccioso infeliz.

Los espectros tranzan la piel
en nombre del amor,
convirtiéndolo en frío metal de compra.
Hoy solo vale números,
mañana se termina el saldo
y se disuelve el espejismo
que aparentaba ser amor.

Torcieron el umbral de la cultura,
patrones corruptos del fractal digital
para sembrar prisiones mentales,
atrapando hombres 
en bucles del ego
repitiendo un mañana
anclado en el pasado
a corazones rotos 
que fractan más ruptura.

Esta no es la única razón ética
que ha sido absorbida:
un espejo equívoco cambió
el verdadero concepto del amor.

La solidaridad, la empatía,
la ayuda a los demás,...
se han convertido en algoritmo
de seguidores y reacciones,
donde la moda arquetípica
ha corrompido la ética neural.

La infidelidad se ha convertido
en novelas virales,
en lienzos rotos,
en espejos sin retorno,
en el patrón del bucle infernal.

La ternura del color del amor
ha sido reemplazada
por la sombría y fría moneda,
gélida infelicidad almaterial.

La moneda no es amor.
El amor es un proyecto
que se construye
bajo el cimiento del sacrificio
y del trabajo mutuo.

El amor es la luz
tras el pesado camino
durante el proceso alquímico;
es caminar juntos,

Brindándonos el escudo,
el abrigo de los dos en la intemperie,
bailando el vals del tiempo
con luminostalgia.

Compartiendo aliento y brindis,
llegar a la cima no es el fin:
es el despliegue, el vuelo
y la sostenibilidad.

El amor es deleite
del elíxir existencial,
fruto cultivado
con el esfuerzo
sostenido y mutuo.

El árbol del linaje,
tejido desde la semilla,
se cultiva en el presente:
se riega, se protege,
se atraviesan otoños
e inviernos,
y se disfruta
la primavera cuántica.

Ambas almaterias
aprenden el mundo,
fractan la sabiduría
de las especies
para evolucionar un hogar,
tejido desde la piel,
desde el sueño y el sacrificio,
con tierna pasión.

Ambos valoran más el amor
cuando ambos esfuerzos
confluyen en la cima
y el horizonte de sus sueños.

El amor es el trayecto 
forjado con alegría 
con sincronía de dos pasos 
con fe compartida.

Es fidelidad constante,
es conciencia,
es el pristal puro
de dos corazones.

El amor es la fuerza expansiva
que brota en las especies
de pétalos, pelajes y pieles;
la belleza cósmica.

Las semillas fluyen 
la savia lumínica
tejida en el corazón fractal
de dos almaterias.

El amor es la voluntad de Dios,
un lazo cuántico luminostálgico;
mas las fuerzas sombrías
intentan romper este núcleo
para fractar infierno y muerte.

El amor no es apariencia,
es sinceridad del pristal
que refracta las intenciones,
manantial cuántico puro
que riega el cultivo
del Edén soñado.

¿Pero qué es en realidad el amor?
El amor es la belleza
forjada como el diamante
desde las cenizas:
proceso alquímico
que extiende sus alas
hacia la eternidad.

El amor es la belleza de la lucha
que se expresa en las flores
que brotan,
pese a la resiliencia
del caos sembrado.

El amor es la raíz de los valores,
el patrón original de los fractales.
Donde no hay amor
hay odio,
hay agonía,
hay guerras,
hay contaminación,
hay mares de reverberante sufrimiento.

Hay hospitales colapsados,
cementerios derrumbándose,
enterrando entre ruinas
del infierno al amor,
en las sombras del holocausto.

Aniquilan familias y niños,
extinguen especies,
rocían en cada fractal neural
el código error
que anula el amor
en odio y ego.

El amor es semilla que emerge
desde las profundidades
para elevarse al cielo,
con flores y frutos,
besando la brisa del cosmos
y tejiendo el arrebol
del firmamento.

El qubit sombrío
es la máscara del comercial,
el túnel,
el telón y el bucle
que han soterrrado a la humanidad
en un abismo existencial.

Los fractales de aparente sapiencia
siguen urdiendo narrativas
y paradigmas sombríos
nos hunden en cifras y modas,
empujándonos al vacío esclavo,
donde compras un nombre al nacer
y mueres bajo una lápida sin letras.

Desconecta el infierno,
reconecta el cielo.

El bucle se disuelve en sinfonía,
la moneda se revela en herrumbre ,
y en la grieta del dolor,
en tierra fértil
donde nace la flor del amor.

Porque el amor, 
es la sinfonía cuántica 
es la chispa encendida de Dios
en el latido de dos corazones
en el suspenso de un abrazo
en el beso alquímico más dulce
de la neuroalquimia existencial.

En aquella luminostalgia 
que ilumina el firmamento
de luciérnagas estelares
con su luz, cuyo nombre 
de Dios es la eternidad.

—Christian Aycho Carbajal

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