El Pueblo

 












Jonathan, el primogénito,

creció en un hogar de calaminas,

donde la pobreza cada tarde

susurra vacíos en la silueta del té.


El eco quebrado de su madre

invoca al ritual de la cena;

las manos caídas de su padre

fracturan los mendrugos

del pan enmohecido.


Sus bigotes se quiebran en jadeos.

con la garganta sofocada,...

con la saliva cansada de rabia y sal,

esperando paciente el día

que el sol refleje sonrisas en sus labios.


La espalda de su padre,

flagelada por el trabajo

por la demora de sus pagos;


La escoba empolvada,

el mandil desgastado;

los ojos luminostálgicos

de mi madre orbitan los suelos,

buscando las constantes 

que sostengan nuestro andar.


La áspera y vieja mesa de madera

baila en el piso de tierra y piedra,

donde agradecemos a Dios

con nuestros platos en protesta.


La luz opaca del humo en los cielos

invade con sus oscuras sombras

nuestro comedor; las ventanas, con hulla,

los cristales ya no reflejan luz,

sorben el colapso cual supermasivo.


Hace mucho no comemos carne,

mientras el gobernante 

primera noticia de bistec 

y escándalos de corrupción

aparece en los portales digitales.


Mi madre, embarazada;

sin recursos, sin suplementos:

los médicos advierten que mi hermanito

podría nacer envuelto

en  espejos rotos de la anemia…


Ayer, la nación flagelada por:

el alza de la canasta, de las tarifas,

de las pensiones, de la salud…

nos declaramos insurrectos.


Mi padre, con el primer canto

de los jilgueros, salió a protestar;

mi familia, mis vecinos,

sienten en cada llaga

esta cruenta crisis.


En las noticias: los suicidios,

los robos, los crímenes,

los secuestros, la corrupción…

síntomas espectrales virales

reverberan el infierno presente,

cada cuerpo sufriendo en magnitudes.


La protesta fue rotunda,

pero las fuerzas dantescas

asesinan protestantes

para escudar su ruin poder.


Con el sudor de la nación

compran más armamentos,

proyectiles, refuerzos y tanques

para disparar contra la población.


Violando toda norma de papel,

cometiendo crímenes

contra la misma existencia.

¿En dónde cabe lo inconcebible?

¿Quién utiliza el dinero del pueblo 

para refractar infierno mortal?


¡Vaya, hermosísima democracia!

Mi padre respira gas pimienta,

el asfixiante aroma a desarrollo y libertad.

Murieron setenta, murieron tres mil,

con las balas de la justicia social

que los esperpentos braman.


Hoy, el pueblo muere

en los colmillos del Hades.


La vecina llegó con premura,

tocando la puerta.

Mi madre, cual estrella fugaz,

salió dejando abierta la casa,

rumbo a emergencias del hospital.


Mi padre, en latidos titilantes,

dejó un mensaje final

a los paramédicos:

“a mi esposa, a mis hijos,

díganles que los amo”.


Eran las cinco de la tarde

la sombra se cierne

en congoja total en la familia,

por el asesinato de mi padre,

una bala tirana atravesó su homóplato

su voz de protesta calló eternamente 

velamos el horror del sistema infernal.


Ya nada comprendo,

arde y remuerde la razón;

rompiendo los corazones 

en profundo llanto,...

extraño a mi padre,

extraño sus abrazos, su voz 

nos quitaron el pan y la luz,

nos quitaron el cielo.


Es ahora cuando entiendes:

¿quiénes mueren en las guerras,

en fosas comunes, socavones,

ciudades, holocaustos, hospitales,

obras de alto riesgo, miseria,

enfermedades, protestas…?


Los espectros que rompen

la sinfonía cuántica,

la armonía de los pulsos

de los pueblos, de las especies,

eclipsando las constantes existenciales.


Todos corren por sus vidas,

cada paso en la fatídica rutina;

todos corren tras los anzuelos,

tras los engaños del Hades,

tras los frutos distorsionados

tras los conservantes degenerativos.

tras los patrones deshumanizantes.


Quienes fractan a la humanidad

no lo hacen para gobernar,

sino para esclavizar el ego débil

para sorbernos la bioeléctrica.


Deformándonos, expolian

recursos, réditos y soberanía

hasta el último aliento.


¿Quiénes ganan?

Ganan los falsos dueños 

de los frutos del sacrificio,

de la luminostalgia colectiva,

de aquellos anhelados sueños

de una sociedad avanzada,

dejando almaterias yermas.


Sorben tu energía bioeléctrica:

sueños, pasiones, presente y futuro.


Quienes pierden:

el pueblo, la humanidad en su conjunto,

esclava de los patrones digitales,

de los falsos ecos de esperanza.


Sus falsas pócimas, vertidas

en los manantiales neurales,

irrigan infiernos cuánticos,

vierten larvas del colapso,

devorando intrauniversos:

edad, pieles, cabellos, 

órganos, células, energía,…


Refractando desde el exouniverso:

holocaustos, contaminación,

extracción, tala, odios vertidos,

epidemias, hambrunas…


Contaminan los manantiales neurales

con bits, qubits y algoritmos,

distorsionando los neuroalquímicos

para concentrar los deseos de consumo

en favor de su caudal catastrófico.


Lamen... 

tu destello,

tu último ión,

tu aliento de vida,

tu constante existencial,

tu percepción del mundo;

tus pensamientos los devoran.


Cada luciérnaga bioeléctrica

es condenada a sobrevivir.

Mi hermanito, otra almateria más,

yace en las orillas del vórtice,

bebiendo esta distorsión.


El envenenamiento cuántico

aniquila:

a mi padre,

a la humanidad,

a la Pachamama,

a las especies vivas,

al multiverso latente.


El enigma del cosmos divino

tiene encriptados

los códigos éticos cuánticos

de las especies;

la consciencia interespecie,

pristal inmaculado.


Podrán alterar, degenerar y matar,

derramando espectros en los océanos,

fulminando peces, aves, mamíferos…

pero no podrán ocultar

la consciencia cósmica.


El fruto que nos arrebatan

son los ejes de nuestra evolución.

No solo somos esclavos:

paralizan el spin cuántico,

liban el paso y la rotación,

nos aprisionan en el bucle del infierno.


En el fractal de falsos representantes

sonríen esperpentos demoníacos…


Despójate del manto infernal del Hades,

¡disuelve su red neural!


Mañana la humanidad

verá la realidad con otros ojos:

la consciencia social,

pristal y manantial puro,

fractal que renace

de los huesos añicos 

de las cenizas,

del alquitrán,

de la pólvora…


No es resiliencia, 

la vida es un derecho cósmico.


Las voces apagadas

exclaman desde la interdimensión:

practiquemos el deber natural del ayni

para construir el Edén Cósmico,

este sueño yace en nuestro intramultiverso.


— Christian Aycho Carbajal


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