Fractales del Amor
Hola, papá.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro, hija, adelante.
—¿Qué es el amor?
—Hija, ¿ves una familia de cisnes?
—Sí, papá. Descríbela.
—Hay dos cisnes con tres bebés.
Ambos les enseñan a deslizarse en el lago,
les enseñan a buscar alimentos,
también comparten la comida.
—Veamos otro ejemplo.
—En tu lonchera hay un mango,
hay comida, refrescos.
no son solo alimentos;
son evidencia de un tesoro,
del amor más puro
de tus padres,
que al masticarlo
se transfigura
en latidos de vida.
Este mango es el fruto
que provino de una semilla,
muchos de aquellos mangos
lo disfrutan también los jilgueros,
los gorriones, los chiwacos,
las ardillas, los ratoncitos.
Los mangos al colisionar en el suelo,
otros animalitos e insectos como:
las hormigas y especies microscópicas
liban de la savia lumínica
para seguir entrelazando
el latido del cosmos.
Una persona de gran corazón
cosechó este fruto
para enviarlo a través
del espacio tiempo
a la atmósfera de los patrones
atravesando la alquimia
del cosmos,
para llegar a nuestras manos.
Era una semilla que fue sembrada
en la piel de la Pachamama.
El riego calmó su sed,
despertando del sueño
su corazón para echar raíces,
emergiendo del oscuro subsuelo
para abrazar con sus hojas
cada rayito del sol.
Con cada hoja transfigura los fotones
en glucosa, floreciendo con radiantes
pétalos de aromas celestiales
que atrajeron abejas, colibríes…
Las abejas polinizaron las flores,
uniendo los gametos del amor
en nuevas semillas con un fruto:
un nuevo mango que hoy
está en tus manos.
Aquí yace el néctar dulce
del tiempo condensado.
Es el mismo amor cuántico.
—Papá, entonces el bosque
y cada ser vivo
son la expresión del amor
en diferentes cuerpos.
—¡Exacto!
La expresión del amor
es refracción natural
al amor de tu vida.
La contemplación
del firmamento,
de las estrellas,
de las rosas,
de los animales,
de la humanidad.
—Papá, el día que fuimos
de paseo, mi compañera,
por un descuido,
dejó su refresquera
en el bus. Se puso a llorar
y mis compañeros
se burlaron de ella.
Yo me acerqué,
hablé con ella,
la abracé y le invité
mi refresco.
Lo que me gustó fue que
su expresión triste
se tornó en alegría,
y desde ese día
ella se hizo mi amiga.
La ayuda solidaria,
la empatía, es variación
de la refracción
de las descargas bioeléctricas
para reanimar otras almaterias.
Somos campos bioeléctricos,
campos cuánticos condensados
en caleidoscopios corpóreos,
entrelazando titilantes cuerpos.
Somos estrellas pequeñas
del vasto multiverso celestial.
Amar a las estrellas
es refractar energía en ellas
para revivir sus núcleos
y el latido del tiempo.
El alimento, el aliento,
una mirada, un beso,
un abrazo, un buen augurio,
una mano extendida,
los momentos felices…
Son reflejos ondulares
de la bioeléctrica cuántica.
Es la energía misma
fractando vida, latidos,
en los otros cuerpos.
Salvar una vida
es amor al prójimo,
es compartir la vida,
no como sacrificio,
sino brindar tu frecuencia latente
con los gestos
de cada núcleo cuántico.
—Papá, el próximo mes habrá
una actividad de reforestación.
Vamos a plantar arbolitos…
¿Vendrás conmigo, papá?
—Claro que sí.
Pediré permiso en el trabajo.
Ese día será una aventura,
un día para sonreír juntos.
Plantaremos árboles,
y con ellos, esperanza
y vida para nuestro mundo.
—Hija, tú eres fruto del amor
entre yo y tu mamá.
Tu mamá, igual,
es fruto del amor de sus padres.
Y tú, hija mía,
eres fruto y semilla
de un nuevo mundo.
Eres la expresión del amor,
eres un caleidoscopio
de la energía estelar,
capaz de amar y construir
Edén Cósmico con la ayuda
de todos los seres multiversales,
Cada alimento compartido,
la savia lumínica que circula,
el elíxir alquímico del ser,
el susurro del aliento,
el patrón secreto del amor,
la irradiación de la vida,
el latido del cosmos vivo:
¡ahí yace!
Dios.
—Christian Aycho Carbajal
Poema dedicado a toda la humanidad.



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