El Cosmonauta












El tiempo es cada latido,

cada constante existencial,

cada luciérnaga multiversal

que imprime tu piel de estrella.


La materia sin energía 

es vacío gravitatorio.


El amor es el código genocuántico 

que multiplica la esperanza de vida,

la explosión de supernovas

flores, frutos y linaje 

de la primavera cuántica.


Una familia es la expansión fractal

del mismo universo que brota

de las semillas de la misma luz

de los astros condensados 

en el ADN cósmico.


En una ciudad sideral 

absorvida por la sequía 

las almaterias catapultan 

rotor de sueños al firmamento 


Hijo, al salir

a la atmósfera,

recuerda siempre:

el néctar de cada fruto

se bebe con la alquimia

del salado sudor.


Quizá ya no me veas, hijo,

mis fractales te guardarán

en la eternidad de tus pasos.

Te recordaré siempre

en el secreto de mis quarks.


Un beso en la frente.

¡Te amo, hijo! Mi hijo,

¡sé que estarás bien!


—Sí, papá,

te agradezco por todo,

eres el mejor papá—


Un abrazo titilante,

un adiós con la palma

tras la blanca niebla,

y su rostro quebrándose

en cada uno de sus pasos,

atravesando el umbral

del portal interestelar.


La esperanza se sueña

con los ojos en el cielo.

El tiempo de vida

se siembra con cada latido

en los pliegues de la Pachamama.


La tempestad te enseñará

a crear trazos inteligentes

para domar el viento,

para navegar en tu neuroalquimia,

bailando bajo la lluvia,

centrifugando las sombras

que se adhieren a tu corazón.


Hay vientos

que te empujan

a orillas desconocidas,

a multiversos,

a los acantilados,

a la tempestad,

a la muerte.


En este sueño almaterial,

el infierno es la materia

golpeando con el martillo

cada espejo de cristal,

triturando cada recuerdo

en luminostalgia lacrimal.


El alma bioeléctrica

sufre en cada quark,

en cada átomo,

el desgarro energético,

en cada desangro,

en cada herida abierta.


Muchos se despiden

entre lágrimas,

llevando un río de estrellas

desbordándose entre los ojos.


Reverberan cada lamento,

cada recuerdo, cada rostro

de cada ser querido,

de su carita tierna,

de sus pupilas,

de todos

los más hermosos momentos.


En este viaje

no hay marcha atrás.

Todo es presente.

Vives este instante.


Tus sueños te guían

en la noche del túnel,

donde cada movimiento

es un hito cuántico

que cambia rostros.


Los paradigmas de la razón

yacen en el cosmos,

yacen en el quantum,

en cada onda del éter.


Las narrativas del fracaso

solo conducen al abismo,

a la oscura intención.


En los campos de rosas

encontrarás rosas.


Pero donde hay desprecio

hay personas despreciables.


En cada terreno

hay lagos de seres

retorciéndose en incesante agonía,

perdidos en el mismo bucle,

al límite de las aguas.


Hay pantanos de cadáveres

errantes que no sienten

la constante del tiempo.


Hay cuerpos que simulan vida,

repitiendo en sus bocas

la copia falsa de su engaño.


La ingenuidad es devorada

por sombras hambrientas

que cazan peces con anzuelos

de falsos credos.


Donde hay abismos,

yacen peligros inminentes.


En cada acantilado,

las olas golpean los corazones

en pavoroso suspenso.

En cada tempestad

titilan las pieles,

latidos frágiles.


En este sueño cíclico,

depura tus cielos,

alza tus velas,

navega en el viento

y en la piel de los océanos

el viaje de tu chispa.


Si no eres náufrago,

ayuda a quienes naufragan

a salir a flote.

Ahora sonríe

y siente en ti

el sentimiento de gratitud:

eres tú mismo

ayudando a tu almateria

a salir de la isla infernal.


Hay muchas cosas

que quizá no te enseñé,

pero el cosmos

y cada camino

te las mostrarán.

Observa cada ciclo

y el flujo del río

antes de sumergirte.


Hay espectros

impidiendo florecer

tu Edén, tu verdadera lucha

se vence con obras.

La historia se escribe

con cada hito cuántico.


Pincela nuevos paisajes

y susurra estrellas

con tus labios.

La blasfemia

daña tu manantial.


Tu código fuente 

manantiales cuántico,

pristal translúcido

llena de vida, 

de peces y algas,

donde tu reflejo 

un espejo limpio.


No dejes jamás

que la contaminación 

aniquile tu río alquímico.


Todos soñamos

el Edén Cósmico.

Todos preparan

naves extravehiculares:

sus zapatos,

sus ropas…

algunos llevan

solo su corazón.


Donde cada segundo

infillones de qubits,

lluvia de hadrones del cosmos

y de los vórtex digitales,

distorsionan tu atmósfera.

Cada campo forja el rostro,

pero una última luz

siempre estuvo latente.


Aquella llama incandescente,

llamada esperanza,

es tu brújula,

tu consciencia.

siempre latente.


Tu savia lumínica 

el río estelar

la chispa divina

es Dios

el haz de luz deslizándose 

en la eternidad.


Siente el gozo de navegar 

en la sinfonía cuántica

y ver tu reflejo contemplando 

desde la otra dimensión 

la armonía de tu respiro.


— Christian Aycho Carbajal



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