La Mazmorra del Ego
Se caen las almaterias
se retuercen devastadas
en los abismos gravitatorios
desgastándose, expoliados:
Con cada golpe,
con cada llaga,
con cada mentira,
en el crepitar del fuego ardiente
en la piel seca del árbol talado.
Hay fractales maquillados
de ilusiones mitológicas,
con mensajes tiernos,
con pieles lozanas,
reflejados en las pantallas
con luces y música emocional
que simulan los latidos,
aprisionando tu neuroalquimia.
Pero detrás de cada qubit intencional,
detrás de cada ranura,
de cada rendija,
se esconde el esperpento
alistando y afilando sus cubiertos,
lamiendo su horripilante hocico
para devorar tu esencia humana
con tentáculos de algoritmos.
Colonizaron la neural humana
con doctrinas, con ideologías,
aniquilando y allanando cada obstáculo,
vampirizando el saqueo de los recursos,
celebrando con festines y bacanales
sobre charcos de sangre inocente.
La sociedad desgarrada
desde la raíz neuronal:
implantaron en cada hombre
el software del odio
a otros humanos y el autoodio:
de su ser,
de sus sueños,
de sus pasiones,
de su sangre,
de su suelo,
de su lengua madre,
de su sueño nacional,
de su velo social.
La identidad de cada pueblo,
maculada y corrupta
por el ego voraz,
destartalando el entrelazo vital
del Ayni cuántico-cósmico.
La alienación feroz,
proyectil de aniquilación cultural,
sigue devastando la raíz del árbol
de las sociedades cooperativas.
La contaminación no es un desliz,
son misiles nucleares,
síntomas letales
que destruyen los bellos fractales,
extinguiendo los núcleos escalares
del paisaje cósmico.
Destruyendo con sus larvas
toda estrella latente,
física y neural,
aniquilando semilla y cultivo
en pieles yermas.
El verde firmamento
del Amazonas terrestre
es un eriazo de Marte;
la agricultura familiar y social,
leyenda olvidada y sin nombre...
Dejaron de cultivar en los andenes
hasta olvidar la ingeniería agrícola,
socavándolos a ruinas turísticas,
los negocios de unos pocos.
Las alzas y devaluación
de la moneda,
látigos que erosionan
la economía de los pueblos,
diseminando desempleo,
fracturando los núcleos sociales
en pavorosos latidos,
en hambre, en desolación familiar.
Quebrando las condiciones humanas,
arrasando y lapidando ahorros,
desgarrando sueños y futuros,
degradando el valor
de los recursos nacionales
al punto de arrastrarlos
al abismo de la quiebra
y la ganga para el feliz saqueo.
Las invasiones vampiristas
liban la savia lumínica
y los recursos energéticos de las naciones,
implantando falsas doctrinas
del servilismo consumista.
Si un país que posee materias
es blanco perfecto para atacarlo,
si un país no posee recursos
no es razón de sus mapas.
Cuantos más recursos,
habrá más razones,
habrá más métodos sombríos
para su control,
instalando en cada campo
del holocausto neural
los métodos ideológicos
del saqueo del latido existencial.
Las posturas ideológicas
fueron diseñadas para discutir
la negociación de los recursos;
más la defensa de la bioeléctrica humana
y de nuestra Pachamama
sirve solo en teatros electorales
y en las agendas, canciones olvidadas.
Las ideologías simulan valores,
juegan papeles de falsa esperanza;
en el asiento del poder
pierden su color,
absorbidos por fuerzas oscuras.
Hoy, ¡no hay políticos!,
solo hombres elocuentes
que cubren las pantallas,
que cantan en campañas
el sufrimiento humano
para escalar al cubo corrupto.
Día a día lidia la pobreza,
dura proeza de supervivencia,
donde una cita de salud
dura días para tabletas genéricas
de letales contraindicaciones.
Pueblos y urbes
con obras estancadas
y abandonadas,
pistas y trochas dantescas,
veredas en ecos rotos;
la basura emana el hedor
de la siniestra corrupción.
Un desecho de servilleta higiénica
se desliza con el viento gris,
entre las miradas indiferentes
y murmurantes de la estación;
sostienen sus conversaciones
sin inmutarse.
Tomo la bolsa de mi mochila,
lo recojo y lo pongo en el tacho;
todos me miran con desdén.
Una paloma camina lenta,
a pocos metros de mis pies,
con una patita dañada y débil,
con las plumas mojadas,
cargando en cada paso
nuestra devastación.
Unos perros hurgan comida,
desgarrando las bolsas rebasadas
del tacho; unas palomas
los acompañan, celebrando
el colapso humano.
Aquella savia robada flamea
en los residuos de plásticos
y gotea ahora en las alcantarillas
de esta calle, donde la paloma
coja liba el fin de un sistema
que opera en la mentira.
Miles de colillas de cigarrillos,
miles de botellas alcohólicas,
miles de rostros anestesiados
adornan el panorama;
unos hombres sentados
hablan desde otras dimensiones,
lentos mensajes del fractal roto.
Cada blasfemia, cada ofensa,
desgastes de las almaterias,
se parten entre ecos
en el supermasivo infernal;
las drogas quiebran sus rostros
en fractales de humo, ruinas.
Cada bar es un vórtice negro,
campo de estrellas errantes
que son libados por el Hades,
quien succiona cada carcajada
hasta el último latido agónico.
El malhumor, el estrés, se refractan
en la neuroalquimia de otras esquinas;
tuerce sonrisas y atmósferas felices
en momentos desagradables.
Dime ahora,
¿qué hicieron con tu país,
con tu sociedad,
con tu familia,
con tus valores,
con tu educación?
Cuando logres decodificar
las razones en piel humana,
sabrás de qué estás hecho
y podrás desconectar de ti
aquello que rompe tu campo
de armonía y tu calor humano.
Cada mensaje que llega a tus portales,
cada narrativa de los gobiernos,
cada anzuelo del deseo
ingresando por tus pupilas,
¡tú los controlas!
Nada ni nadie puede ocupar
tu casa neural; es lugar seguro.
Tú limpias este espacio,
eres filtro de tu intrauniverso.
No dejes ir aquel tesoro
que olvidaste preservar.
La fractura expansiva
aniquila los nudos del amor,
deformando la lucha
de la unidad existencial
en latidos de angustia
y separación.
Dejas ir el tesoro
que olvidaste preservar;
naves piratas cargan
la riqueza de las naciones
la esperanza de vida.
Olvidaste volar
pensando que no tienes alas;
tus alas son las estrellas,
cada almateria
que va contigo
a la cima del cielo.
Vamos ahora juntos,
juntos estamos ahora,
juntos en este multiverso,
como familia y cosmos.
El camino del universo
es un dulce horizonte
de almíbar y tulipanes,
de espinas y lastres.
El Edén Cósmico soñado
yace oculto y custodiado
bajo las mazmorras del ego.
Te preguntas:
¿cuál es la huella
que dejas en el quantum?,
en este inmenso camino,
¿acaso son sombras del Hades
o señales con dirección de luz
que encienden galaxias enteras?
Mientras el esperpento
siga eructando ondas
de autodestrucción,
de odios, de holocaustos,
de guerras, del colapso,
nosotros volvemos al código fuente
de nuestra conexión humana.
Con nuestro intramultiverso,
con nuestro Cosmos,
con nuestra Pachamama,
con nuestro Dios, luz ondular,
despertando nuestra consciencia.
Abrazando a nuestras familias
en el desarrollo compartido,
restableciendo la Sinfonía Cuántica,
dejando que se disuelvan las armas
del colapso en la boca del Hades.
— Christian Aycho Carbajal
Poema dedicado a la luz de la razón existencial.



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