Seres Supermasivos

 












El río cósmico que hace fluir la vida,

luciérnagas escalares en deriva,
velo del telar estelar,
nudos de almaterias entrelazadas:
la trama de seres abrazados
que tejen el sentido existencial.

La revolución sincrónica del latido
es apoyo, es motivación,
es trabajo en equipo;
la Sinfonía Cuántica
del spin y de la rotación
de la vida.

El ser humano, otra especie más,
ser social por naturaleza cuántico-cósmica,
interdepende de otros núcleos
con igual sincronía alquímica
para hacer latir el tiempo-luz.

El velo de la humanidad es un tejido más,
una capa frágil entre tantas;
cuando los núcleos colapsan,
se desencadena la ruptura cuántica,
y las olas del colapso existencial
atraviesan toda forma de vida.

La debacle se origina en los obstáculos
que tuercen el giro estelar en sentido opuesto,
arrastrando las almaterias hacia la gravedad,
hacia campos de fuerzas destructoras.

Hay seres que actúan
como supermasivos:
su única función es sorber
el aliento de otras almaterias.

Se insertan en cuerpos humanos
y en otras especies;
utilizan el velo fractal
de la belleza o del atributo
para drenar el aliento vital
de sus víctimas.

Rompen sueños,
destruyen familias,
pueblos y naciones;
devastan ecosistemas,
colapsan imperios
y desalientan voluntades.

Desvían caminos,
inclinan destinos al fracaso,
jalando almaterias,
estrellas y galaxias enteras
al vacío de su gravedad.

¿Alguna vez te has sentido cansado,
sin fuerzas, sin vitalidad,
deprimido, desmotivado y desgastado?

Ese camino desviado
te condujo a los dolores más hondos:
miras tu reflejo y ya no eres tú,
sino aquello en lo que te convirtieron.
Te duele el corazón y el cuerpo,
y se diluye el sentido existencial.

Tu andar se ha truncado;
sientes que tus pasos
no conducen a ningún lugar.
En los sueños no avanzas:
regresas siempre al mismo bucle.

¿Alguna vez te sentiste presionado
a soportar, a ser resiliente,
junto a quienes jamás te ayudarían
a avanzar un solo paso
hacia tu visión?

Das y te desgastas.
Miras tu reflejo:
cada minuto, cada día, cada año
es tiempo perdido.
La lozanía se desvanece
y el rostro suda vacío.

Nos hemos olvidado de nosotros mismos,
ocupados en complacer
agujeros de gusano
que se alimentan de nuestro sufrimiento
y de nuestro sacrificio.

Hemos amado tanto
que convertimos a otro ser
en un huracán absorbente
de nuestra propia vida.

Un espectro que nos arrastra al abismo
con deudas nacidas de caprichos,
de lujos frívolos y rimbombantes
que erosionan la razón vital.

No busques en ellos consejo:
sorben incluso tus ideas
y las truecan por miedo,
error y un anonimato
gélido y estancado.

Para iniciar el viaje
necesitas construir,
sembrar la semilla en tierra firme,
regarla y cultivarla.
No necesitas un compañero
que te incite a talar
el árbol de tu existencia.

Nadie piensa mejor que tú,
nadie hará aquello que sueñas.
Solo tú, desde tu grandeza,
construyes tu mundo;
solo el ser que despierta
el jardín cósmico interior.

No permitas obstáculos parasitarios:
tú eres el arquitecto alquímico
de tu felicidad,
el único vector consciente,
el arquetipo de la evolución.

Pronto aparecerán muchos
que compartan tu sendero,
que pongan pulso y rumbo
hacia la luz
al final de este infierno.

Estos espectros no habitan solo en humanos;
están en todas partes,
en todo fractal que distorsiona la mente
y consume el aliento neural
y almaterial.

Aquel ser —o seres—
que te condujeron al deterioro,
al punto de atentar contra tu vida
o fracturar tu esencia,
no eran guías,
eran fuerzas de colapso.

A menudo se presentan
con el rostro más tierno,
hasta que llega el instante del caos
y se quitan la careta,
revelando el semblante del Hades.

Existen fractales opacos
que no devuelven reflejo alguno:
devoran tu salud,
jamás darían algo por ti
y solo absorben tu bioeléctrica.

Hay momentos en que deseas avanzar
a pasos cuántico-cósmicos,
pero fuerzas opuestas operan,
desgastando tu estrella
hasta la muerte.

Las semillas no piden permiso para brotar:
esperan el contexto oportuno
y fracturan su núcleo
entre barro y luz,
en el ayni ondulante
del vuelo estelar.

Entonces florecen y fructifican
los campos del verde firmamento
en el vaivén continuo
del latido sinfónico
del corazón de Dios.

Cuando hallas fractales
que devuelven tu reflejo,
espejos que resuenan
con tu sinfonía cuántica,
bebes del río
de almaterias conscientes.

Así se disipa cada supermasivo
con el canto de tu pristal original:
cristal cuántico puro,
prístino y luminoso.
Tu mundo se transforma
y vibra en frecuencia feliz.

El río viaja en la eternidad
en constante vaivén,
donde aprendimos a convivir
en armonía,
en el latido bioeléctrico
de Dios.


--Christian Aycho Carbajal

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