Desconexión y Reconexión
Hay momentos desgarradores
donde la angustia oscurece
tus ventanas neurales,
tus pristales cuánticos.
Una fría sábana cubre
tu colapsado intrauniverso,
tieso en una almohada vacía
cayendo en profundo agujero negro.
Tus pies fríos,
tu estómago tenso,
tu pecho palpita toxinas,
tus manos gélidas
rozan las grietas de tu rostro,
resonando entre tus callos
los años no vividos.
Tus pensamientos,
se detienen, se quiebran
en jadeos ansiosos
en imágenes tétricas,
en momentos sin retorno,
Contemplas el techo y la ventana,
un firmamento sin rumbo alguno,
viendo cada gota de la intravenosa,
jadeando sollozos ácidos
llenando tus ojos de luminostalgia,
tú lloras y yo te abrazo en estas
líneas.
En este momento,
cuando los médicos se reúnen
para discutir tu caso,
viendo el resultado de tu diagnóstico
volteando a ver tu semblante
y tus latidos, una y otra vez...
Es ahí, cuando has llegado a la cima
de la camilla de oscuras comillas.
Cada contralatido, un grito amordazado
atado a tu garganta, a tu corazón,
torciendo tu respiro en asfixia
tosiendo el aroma del humo.
Te toman el brazo,
te inyectan dosis fúnebres,
te conectan a tubos y cables,
controlando tu fiebre, tus pulsos
lentos...
Sientes haber perdido la batalla,
contra aquellos espectros fatales,
sí aquellos, quienes vertieron
las nieblas en tu cuerpo.
Tú creíste que era lo correcto
lo tomaste entre bromas,
has desfilado en el bar del Hades
inundando tu sed con la muerte.
Pero, ¿Te has preguntado
y qué sucedería si dejas de pensar
en tus preocupaciones?
¿Qué sucedería, si dejas de lado
todo aquello que controla
tu ansiedad? ¡Desconéctalo!
O acaso, ¿El estrés la causa
de tu desconexión,
aquel trabajo esclavizante
que te desconectó de tu almateria
de tu mundo social, de tu vida misma?
Todos perseguimos
con locura los anzuelos del
hambre,
sembrados en nuestros estómagos,
con el deseo que otros
programaron
conectando y vertiendo publicidad
en nuestros caleidoscopios neurales.
Todos hemos libado, masticado
y devorado los frutos de las sombras,
conectándolos a nuestro mundo.
instalando el infierno en nuestra
almateria.
Escribimos el verso corrupto,
en nuestros latidos
conectando los errores intencionales
que otros dictan y dosifican.
Hiriéndonos con nuestras
propias manos, con la daga
que ellos vierten,
apuñalando nuestros corazones.
¿Alguna vez has pensado
en otra alternativa, lejana al bucle
del código de barras, a los algoritmos,
de los patrones, que inundaron tu
mente?
Te preguntas:
¿Dónde está el sentido?
¿Dónde están los valores…,
tu esencia, tu razón,
tu personalidad?...
ellos la disolvieron para llevarte
al lugar donde estás ahora.
Te cuestionas:
¿Qué es lo que te ofrece
una mujer en tu existencia?...
¿Qué te ofrece un amigo?...
¿Un familiar o un extraño?...
¿Qué les ofreces tú?...
Quizás no logres hallar
nada más que cosas de poco
o mucho valor destructivo:
alcohol, drogas, chisme,
infidelidad, corrupción,
polución, guerras, maldad...
Y si ves el mismo fuego
calcinando tus manos,
suelta las cuerdas,
desconecta el infierno.
¿Cuál es el sentido de tener amigos,
si su amistad se basa en beber
alcohol
riendo y blasfemando con ironía
de los hombres débiles,
de sus defectos, de las desgracias?
Imagina ahora: quitarte cada
imagen,
el suspenso dramático de tus latidos,
de ver el partido de fútbol,
de ver las noticias virales,
de escuchar los chismes,
de seguir contaminándote.
Dejas de preocuparte por aquellas cosas
que no te aportan latidos;
entenderás quién es tu amigo,
si existen unos o ninguno de
centenares.
Al final, tu existencia se basa en
llenar
el rompecabezas de los demás;
sentirás que el verdadero valor
de la vida, es una construcción
de las fluctuaciones ondulares,
el tejido de mármol del apoyo mutuo.
La comunicación cuántica
el latido ondular compartido;
todos vivimos bajo un intercambio
que fluctúa entre nuestros latidos.
La vida es una elección continua,
un diálogo eterno, intercambio
constante
de ondas de fotones, aliento, calor...
¿A dónde iremos a parar
si dejamos este mundo,
si nos enteramos que todo el tiempo
perdimos la vida,
masticando
manzanas envenenadas?
Nos incitan a comer más
aquel contraalimento en las pantallas,
a contemplar sin empatía,
viralizando cual icebergs,
el dolor del mundo; sin preocupación
por el infierno ajeno.
La manzana enferma,
contagia su podredumbre;
el infierno oscuro
que aniquila sin duelo.
Tarde será cuando
toque tu piel, y te consuma.
Ahora te preguntas: ¿Qué es la amistad?
¿Qué es el amor? ¿Qué es la familia?...
¿Y cuál es su valor? ¿Quién soy?
Y quizá logres determinarlo
con el latímetro existencial,
el eco vital que alarga
tu esperanza de vida
y el verdadero disfrute.
¿Y cuáles son aquellas
razones sombrías que sorben
tu libertad, beben: tu sudor,
tus lágrimas, tus sueños
tus esperanzas, dejándote morir
en silente abandono...?
Pero hay algo, más allá,
no detrás de la muerte,
sino bajo tu galaxia neural,
recordándote, que la vida...
¡tu vida!
Es un cubo de líquidos,
donde la purificación
es purga e intercambio
de nueva savia;
Los males son guerras épicas
y tú, eres el comandante principal,
el proveedor energético
de las baterías alquímicas.
El elíxir de la vida
es purificación continua,
es aliento constante,
y la constante existencial,
son todas aquellas razones
que te brindan más latidos.
No compartes alimentos,
compartes latidos;
brindar el elíxir alquímico
es brindar latidos, la vida.
Todo acto solidario
en favor del prójimo
es compartir vida,
es brindar latidos.
El alimento alquímico,
la motivación ondular,
los abrazos, afecto, ternura,
las palabras sinceras de aliento,
Aquellas fuerzas cuánticas
que pincelan e imprimen
tu neuroalquimia, tu felicidad,
tu sinfonía, reconectándote a la vida.
El abrazo al paisaje cósmico,
a tus seres queridos,
a tu resonancia existencial,
la razón de cada latido que das,
¡Vas a recuperarte pronto!.
—Christian Aycho Carbajal



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