X Canto a Dios

Te busqué por todas partes:

cuando el infierno

crepitaba en mis falanges,

calcinando mis latidos,

cuando larvas sórdidas 

devoraban mi almateria.

 

Desesperado, 

me arrodillé

a ti, mi señor, 

huyendo del Hades.

 

Bajo los umbrales,

de la polución asfixiante,

de las ruinas de la guerra,

del hospital abandonado,

de las catacumbas,

del holocausto, 

 

Mientras la depresión,

succionaba mis esperanzas 

desde lo hondo de la fuente,

en mi reflejo en el puente 

en aquel lago, mis lágrimas

torsionaban mi existencia.

 

Lloré pensando 

que me habías abandonado, 

pero estabas aquí 

en mi pecho,

en mi corazón, mi Dios.

 

Mi chispa bioeléctrica,

latido de mi existencia;

en los bosques, 

se oyen tus cantos 

cual alabanzas

a tu bendita obra.

 

Eres el trino de las aves,

el canto del delfín, 

el graznido del cuerpo,

el chapoteo del manantial,

el susurro del viento...

 

Eres la nube de algodón

el rocío luminostálgico

que hidrata las raíces

del árbol de la vida.

 

Eres la Pachamama,

eres el sol,

eres cada estrella,

eres cada luna

eres cada neutrino

eres cada quark

eres la galaxia,

eres el pulso iónico

que late la vida

en toda tu creación, mi Dios.

 

Tu luz, tu espíritu,

tu chispa primordial

se desliza en

todo mi multiverso

y soy consciente mi Dios,

de tu grandeza.

 

Eres la energía etérea

que enciende soles,

la luz del alba

en las pupilas

del recién nacido,

la energía de los padres

al ver a sus hijos,

la energía radiante

de nuestras sonrisas.

 

Eres la belleza

de las galaxias,

mi fascinación

en los jazmines

en los colores,

en el fruto y el néctar

que nos energiza

para seguir adelante.

 

Gracias, Dios mío,

por cada momento,

cada latido eres tú,

cada instante es tu reflejo,

contemplando nuestros rostros

con la brisa de tus pulsos.

 

Porque eres tú la luz,

la partícula matriz,

el lazo ondulante,

el tejedor cuántico,

el programador cósmico,

el poeta y el poema

de nuestro firmamento.

 

Eres tú, mi Dios

la sinfonía cuántica,

el rey de los reyes

que operan por la luz,

el alfa alquímica

del Edén Cósmico,

y el omega contra el Hades.

 

Eres tú, mi Dios

el salmo infinito

del río cósmico,

la energía radiante,

que ilumina cada núcleo,

cada estrella.

 

Trenzando melodiosos

coros filarmónicos

que cantamos

las luciérnagas estelares 

y los ángeles

el himno de tu gloria.

 

Cada fragmento

de mí historia

de mis tristezas

de mis preocupaciones

de mis lágrimas

aquellas que duelen

imploran de ti, mi señor

redención y tu bendición.

 

Señor, he pecado,

me arrodillo a ti

para pedirte perdón

con arrepentimiento,

y que disipes de mi mente

la tentación de caer

en el mismo error.

 

Purifica mis pristales

las sombras que me inducen

al abismo del pecado,

a pensar mal,

a desear el mal

a la blasfemia,

a la envidia,

al egoísmo

al orgullo,

al odio,...

 

Señor, ¡venceré contigo!

soy tu creación

que se redime ante ti

y quien lucha contigo,

contra los espectros

que me acechan

y me abaten...

 

 

Porque la lucha inicia

en mí almateria, 

mi señor,

porque la lucha inicia

en mi cuerpo, 

el templo que canta tu gloria,

¡Aleluya, mi Dios!

 

--Christian Aycho Carbajal








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