La XVI Sinfonía Cuántica
Las notas ondulantes
de las estrellas del firmamento,
colisionan en la piel,
pristalando el manantial cuántico
levitando a los quarks
en profundos sueños
en el lecho de la galaxia.
Suena el reloj del tiempo,
marcando el eje de los núcleos,
entonando en cada trenza
el canto multidimensional de Dios,
omnipresente en cada velo.
Cada mar de flores,
mar de abejas,
mar de hormigas,
mar de ballenas,
mar de humanos,...
velos que resuenan
la explosión energética
interdependiente del Big Bang
de nuestra existencia.
Cada gota resonante del teclado
templa el velo de la almateria,
el piano teje la nostalgia
en la cuerda del latido.
Un eco resuella en suspiros
fractando ternura en el pristal,
lloviendo luminostalgia de sueños,
la orquesta etérea de las galaxias.
El tiempo es el rotor que late
cantos de la constante existencial,
el spin en la hélice de galaxias enteras,
péndulos de la Sinfonía Cuántica.
El canto del pajarillo ondula los velos
de las almaterias dormidas,
la semilla despierta para brotar raíces,
las hojas despliegan cantos de clorofila,
los insectos sienten las caricias
de la melodiosa frecuencia alquímica.
En el alba, los destellos del sol
vibran cantos en luciérnagas,
tejiendo pulpas de glucosa
entre suspiros y jadeos que danzan
en cada velo, la luz se entrelaza
en latidos bioeléctricos.
La conocí en una enigmática aurora,
camino a la universidad,
por la escalera se deslizaba
una cartuchera que
por accidente cayó...
cual hilo del destino.
No dudé en recoger y devolverle,
ante mí, una damisela de radiante belleza,
mi corazón latía quarks felices
cuando sus pupilas rozaron las mías.
Quedé al instante eclipsado,
capturado en un entrelazo magnético
como si nuestras almas se conocieran
desde hacía mucho tiempo.
Ahí nació el amor,
solo le pregunté su nombre,
y en un clip del tiempo
ambos colisionamos en la misma luz,
regresé después a los pocos días,
atraído por su fulgor.
Ella estaba sentada,
leyendo un libro,
parecía intuir mi regreso.
Me preguntó cómo estaba,
quería saber un poco más de mí,
y en ese gesto inexplicable
nació el amor.
La brisa, aliento de Dios,
el soplo que despierta
a la doncella dormida,
al alquimista cósmico,
el agricultor de sueños
que cosecha del elíxir divino.
La familia despliega en la mesa
la alquimia existencial,
un jardín sinfónico de aromas,
bandejas de manjares sagrados.
El pan con chicharrón,
la crema de siete semillas
con clavo y canela,
ensalada de tomate, pimientos,
cebolla, cilantro y limón
inunda e invita a toda la familia.
El néctar de almíbar,
endulza las sonrisas
de las almaterias,
el estofado nos envuelve
nuestros latidos en felicidad.
Se toman de las manos,
para cantar el himno de gracias
a Dios, en la alquimia
del entrelazo humano.
Mi amor, no olvidemos
a nuestros prójimos,
las mascotas, al gato, al perro,
a los gallos y gallinas,
que cantan en nuestro pesebre.
Celebremos el canto a la vida.
Dios nuestro,
un día más de vida,
un regalo divino,
te damos gracias.
Por los alimentos,
preparados con amor
por las manos de mi amada,
un gesto de cariño puro,
que nos une hoy en la mesa sagrada.
Bendice estos alimentos,
Dios nuestro y guía,
que nutren nuestro cuerpo
y nos llenan el alma,
que nos recuerden
que somos uno en ti,
y que cada bocado
sea un acto de tu inmenso
amor, de tu bendición.
Las risas neuroalquímicas
de dopamina, serotonina,
endorfina, oxitocina... y
el plan del día teje el abrazo
del núcleo existencial.
Hoy será un hermoso día.
Gracias, Dios nuestro.
La luz, el calor estelar,
es el amor de Dios,
cual campana que retumba
el latido del quark fractal
en el pecho de la galaxia.
La divina ópera
es cada nostalgia de hadrones
tejida en los velos estelares,
el rostro de Dios,
sonriente en su creación.
El alimento es el cuerpo de Dios,
la vida compartida,
la alquimia energética
que brinda el alimento,
aliento y latido de Dios.
Somos rocas vivas,
cristales cuánticos,
proyectados en hologramas,
un caleidoscopio mecánico.
Con pristales de conciencia,
esencia puramente humana,
la creación sagrada que canta
el eco de Dios en nuestras voces.
Somos el soneto de luces
tejido en materia proyectada,
la sinfonía de los espejos cuánticos
fractando el amor de Dios,
la chispa feliz en labios y pupilas,
el gozo de las almaterias.
Los corazones al fin
sienten la luz en sus mundos,
reverberando luminostalgia,
glorificando con sus versos,
con sus voces, el canto
al creador cósmico.
La Sinfonía Cuántica,
el canto de Dios
en las almaterias,
seguirá vibrando
la frecuencia existencial
por toda la eternidad.
--Christian Aycho Carbajal

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