Neogénesis Fractal
Un
eco resonante
quiebra
la señal
en
la brisa estelar,
lluvias
de cometas
de
hadrones y de partículas
colisionan
en cada intrauniverso.
Resuena
el colapso,
sordos
estruendos
sorbiendo
poemas,
poetas
y cosmos,
tormentas
y olas neurales,
apagándose
en un clip
en
tétrico silencio.
El
canto de un pensamiento,
un grito en la atmósfera;
pero si aquella opinión
es copia de otra narrativa,
entonces ni tú
ni
tus pensamientos
son originales.
¿Dónde
está el pensamiento?
Pensador
no eres, solo eres
un
médium, un conducto,
un
túnel que replica los ecos
de una
voz sombría e intencional.
Puedes
cantar mejor que el otro,
pero
si copias sus notas y melodías,
eres
fractal de otro patrón;
original
no eres:
solo
réplica reverberante
temblorosa,
del seísmo
del colapso
de alguien más.
Eres
el rebote del miedo,
del caos, del dogma, de la ideología…
que buscan dividir y romper
la trama del latido del mundo.
Si eres
corrupto o corruptor
y
sigues en el bucle,
repitiendo
cada error
de
tus padres, amigos,
compañeros,
conocidos,
influencers,
famosos…
Repitiendo
cada algoritmo,
cada
código de error del sistema,
cada
eco del diccionario del mal,
sombra
envolvente de almaterias
entregando
a mandíbula de la muerte.
Eres
el eco fractal,
reproducido en cada gota
que cae, una y otra vez,
sobre la lámina vítrea neural.
El
filo iónico sombrío
que
se funde en el fractal,
contaminando
la alquimia
del
quantum del ser.
Eclipse
y oscuridad,
empañadura
espectral
gesticula
tu expresión;
aquella
mancha neural
escrita
en los algoritmos
con
tintas de sombras.
En
esencia ya no eres tú,
solo
eres un eco fractal,
el
error incendiando
los
ejes de cada núcleo,
instalando
en los espejos
pensamientos
fatales
de
autodestrucción.
¿Recuerdas
el momento
en
el que quisiste
acabar
con tu vida,
cortando
tus latidos,
o
acabar con la vida de otros,
colapsando
tu mundo?
¿Recuerdas
cada ofensa…
cada
mal augurio,
cada
disparo, cada puñal,
cada
látigo impactando
en
la piel de tu prójimo,
tu
espejo cuántico?
Cada
puño iónico,
un
agudo proyectil,
despedazando
cada latido,
hasta
dejarlo en añicos…
¿En
qué has llegado a convertirte?
Un
rostro gritando, fotocopiado,
un
error pixelado del sistema,
programado
por espectros
que
han corrompido tu vida.
Te
jactas por copiar un poema
copiado
y reescrito por IA,
dándolo
a conocer como tuyo,
copiando
el mismo código de error.
Sin
emociones,
sin
sentimientos
y
sin valor humano,
jugando
a las palabras,
el
canto sin almateria.
Nos
hemos convertido
en
la copia fiel
de
cada imagen,
de
cada moda,
de
cada mueca,
de
cada distorsión
que
nos tuerce en colapso.
Espejos
repitiendo fractales,
una
y otra vez,
sin
brillo estelar propio,
sin
crear nuevos cantos,
nuevos
versos,
nuevos
paradigmas,
nuevos
verbos…
Errante,
descalzo de una procesión,
arrastrado
entre las sombras
por
cada esperpento,
por
sus narrativas falsas.
Almaterias
amordazadas
fluyen
entre demonios,
rumbo
al abismo
de
la duda existencial,
colapsando
en sus garras
su
última luz titilante.
Repitiendo
sin cesar
la
frase de un pensador
que
piensa en tu mente,
convirtiéndote
en androide.
Mente
fértil produciendo
semillas
del código del Hades;
en
tu mente brotan
aquellos
pensamientos
de
semillas ajenas.
Tu
mente bajo una programación,
mas
no programando en esencia;
¡pero
tranquilo!, llegó la hora
de
quitar de raíz las semillas
y
los arbustos espectrales,
limpiando
tu mente ubérrima.
La
consciencia es libertad,
libertad
de programar
el
cultivo de las semillas
en
tus pensamientos,
donde
broten ideas,
nuevas
soluciones,
nuevos
caminos,
nuevos
árboles,
nuevas
flores,
nuevos
frutos.
Podrás
oír al fin
la
Sinfonía Cuántica,
tejiendo
la armonía
de
tu esencia,
de
tu mente,
de
un nuevo mundo,
en
ti, en tu familia,
en
tu expresión fractal.
Somos
galaxias neurales,
cocreando
una y otra vez
el
mundo en que vivimos:
hogares,
calles, urbes,
paisajes,
los tejidos cuánticos…
Pero
han irrumpido
en
el latido cósmico,
torciendo
el poema existencial
de
los latidos de las especies.
Rompiendo
los esquejes,
calcinando
las semillas,
calcinando
las pieles,
carbonizando,
pulverizando,
yermando,
depredando…
Aquellas
almaterias
que
tejen tus jadeos,
tus
latidos, tus suspiros:
quarks,
átomos, células,
plantas,
animales, humanos…
estrellas,
Pachamama,
galaxias
del firmamento.
Tu
mente, pristal de fractales,
si
tejes una sonrisa,
aquel
bello gesto se reflejará
en
tu caleidoscopio cuántico:
en
cada órgano,
en
cada célula,
en
cada molécula,
en
cada átomo,
en
cada partícula cósmica,
en
tu esencia…
Desconecta
el interruptor del Hades
que
inunda tu portal,
en
tus galaxias neuroalquímicas,
el
horripilante agujero negro,
programando
en tus espejos
el
infierno devastador.
Aquel
agujero sombrío que ingresa
por
la rendija de la narrativa,
el
sello intencional en cada mensaje,
fundiendo
en tu alquimia
nieblas
del Inframundo.
Libando
de tus manos
su
sed desgarradora,
sorbiendo
al abismo infernal
a tu
amada, a tu familia,
a
tus amigos, a las naciones,
a
los hábitats,
colapsando
mundos.
¡Eres
tú!
El
programador de tu mente,
el
músico maestro
de
la Sinfonía Cuántica,
el
pensamiento latente,
el
narrador de otra
nueva
historia cósmica.
Ríe
en tus espejos:
la
felicidad es alquimia,
el
pensamiento es alquimia,
el
pensamiento es programación;
que
tu acción es alquimia,
que
ilumina el camino,
eres
verbo existencial.
Tu
rostro es la luz,
es
el patrón original
de
tu fractal.
No
permitas que
otros
patrones
fijen
ceños y fracasos
en
tus gestos
ni
en tu alquimia.
Tus
sueños tú los delineas;
no
copies los rumores tejidos
en
los vórtices digitales,
en
tus galaxias neurales;
deja
que tu quantum
revele
tu expresión.
Deja
que tu consciencia
verse
tus cantos
en
tu flujo alquímico,
en
tus venas,
en
tus núcleos,
en
tu caleidoscopio:
aquellas
refracciones
de
amor y ética cósmica,
integradas
en tu pristal cuántico.
Tu
esencia existencial pura
eres
tú, programando el cielo,
tu
casa, tu mundo, tus latidos,
sembrando
el elíxir
de
tu propio código.
¡Eres
tú—
el
programador de tu mente,
el
músico maestro
de
la Sinfonía Cuántica,
pensamiento
latente,
narrador
de una historia cósmica
nunca
antes escrita.
Eres
el pianista,
la
partitura, los dedos y
las
teclas del piano,
lloviendo
luminostalgia y paz
en
cada uno de tus pasos.
Dejan
huellas de armonía
con
tus pensamientos
e
hilvana con tus manos
el
Edén de tus reflejos.
Y
cuando el último eco se funda
en
el pristal de tu esencia,
recuerda:
esta sinfonía
es
solo el neogénesis
de
tu esencia sinfónica,
de
tu fractal consciente.
—Christian Aycho Carbajal



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