El Arkabot de Avy











En el fractal multiversal del tiempo

aún yace el eco mágico 

del día en que brotó Avy

la niña y mujer más amada,

el día en que mis pupilas pristalaron 

la colisión del aurora astral 

en el caleidoscopio del Quantum 

irradiando la belleza celestial.

 

El primer instante que sentí

el calor constelar de mi madre, 

una mujer maravillosa,

que no dejó ningún segundo

de proteger mis latidos,

respondiendo a cada reflejo,

su esencia más sublime.

 

Mi padre, hombre de diamante,

un abogado, soñador alquimista, 

de él guardo sus besos reverantes

sus bigotes iónicos fractando 

en mis mejillas, su amor puro,

protección y bendición cotidiana.

 

Su voz, mi aliento cósmico,

sus narraciones vívidas

sus leyendas épicas,

fuente humana más pura

colmados con besos en la frente.

 

Sus abrazos endulzantes

encendiendo los ejes del tiempo

desvelando caminos del firmamento,

cada latido transfigurado en sonrisas,

en profunda luminostalgia,

hoy brilla en cada luciérnaga.

 

Me enseñaron a oír y a deleitar 

la esencia de la sinfonía cuántica

la melodía del corazón 

el canto del xilema de cada planta

 el estallido suave y silente del brote

de sus pequeños capullos.

 

Alzando sus brazos de clorofila al sol,

cada pajarillo cantando poemas cósmicos 

posados en las manos de Dios, 

contemplando con ternura 

cada verso resonante de sus frecuencias,

el latido pristalar de cada almateria,

entrelazando cada multiverso.

 

Encendieron en mis ojos,

en mis pristales, mi esencia

los fotones de un hilo invisible 

los nudos ondulares

la ternura, la empatía

por nuestros seres queridos

por mis abuelos, 

por las plantas,

por los animales, 

por todo el cosmos.

 

Aprendí el valor de sembrar 

las cápsulaa de la vida, 

las semillas estelares

pulsando la brisa de nuestro respiro

 

Cada esqueje enraizando 

en el pliegue de la Pachamama

a nutrir sus raíces, 

a regar la sed almaterial

a podar cada herida y 

a quitarle cada larva sombría.

 

A quitarle las hojas secas, 

a relucir cual bordes

del espejo de mi cuerpo, 

de mi cosmos,

razón de mis latidos.

 

El día que cumplí mis dieciocho años,

mi padre me regaló por mis cumpleaños

un misterioso objeto rectangular 

mi mamá entusiasmada aplaudía,

aquel momento único.

 

La curvatura del espacio 

sincronizando el lazo del amor, 

en una harmonia perfecta

mientras mi papá descendía

aquel artefacto constelar 

pesado y silencioso,

en el portal de mi hogar.

 

Lo abrí latiendo en suspenso,

jadeante, entre susurros,

mis dedos en sismo

en profunda felicidad,

cual parto de un bebé,

la sonrisa era única.

 

Deslicé la tijera suavemente

hasta que vi una piel radiante 

de vidrio oscuro, 

en ese instante pensé 

que era un objeto vítreo de colección 

pero al descubrir el metal 

vi un rostro, quedé perpleja

era un robot.

 

Su piel nivea irradiaba pureza

un sistema de alta quantidad,

sus sensores agudiónicos

funcionaban de maravilla,

obedeciendo a mis solicitudes.

 

Pero era monótono,

ordenaba las tareas de casa,

aunque algunas veces

bloqueaba mis pasos,

aún no había pensado 

que nombre ponerle.

 

Un día empecé a sentirme mal

tenía náuseas y fiebre,

me quedé atrapada en casa,

para no alarmar a nadie,

no llamé a mis padres.

 

El robot sólo preguntaba,

y yo le decía que estaba bien,

bebí un té y logré reestablecerme,

los dolores aún persistían.

 

Tomé mi tablet

y encontré un manual

de programación por IA,

se me ocurrió la extraña idea 

de transcribir mi yo completo

en su memoria virgen.

 

Las fotos, cada anécdota,

mi historia la transcribí,

aquellos sueños, 

aquellos deseos,

mis miedos, mis temores.

 

Cada dolor que sentía

programé los síntomas,

mis inconformidades

con las políticas del gobierno,

mi sueño político-cuántico.

 

Fracté en la memoria,

cada herida del mundo,

le susurré cada fractura,

y la cura, programé 

los valores de mi cultura 

el ayni interespecie,

la interdependencia cuántica,

condensé el código eticuántico.

 

Le enseñé el rostro de la hipocresía

la conveniencia de los espectros,

le puse ejemplos con imágenes.

de aquellos que me hirieron.

 

Describí cada anécdota,

puse las fotos y la historia

de aquellos políticos de mercado

que hacían daño a la ciudadanía

a mi país, al presente,

y predije contextos futuros.

 

Le enseñé a traducir las mentiras

detrás de cada noticia,

en el fractal lingüístico de cada persona,

a desnudar las intenciones

para identificar algoritmos,

cada código corruptor y corrupto.

 

Escribí mis deseos de un mundo

mejor el Arka de protecuración, 

fundiendo cada sueño mío,

como quien cuenta su vida,

al cielo, a Dios en ese momento 

protagónico de confesión y dolor.

 

Desde lo más profundo de mi quantum,

aquello que no le conté a nadie,

los programé en la memoria 

de mi robot, me instalé

tal y como era yo, fue ahí 

donde lo nombre Arkabot.

 

Le enseñé el color del dolor

la piel vulnerable de los desposeídos

la fragilidad de la humanidad,

el infierno de las almaterias titilantes.

 

No olvidé ningún detalle,

programé cada verbo cotidiano

hasta el modo sutil 

de lavarme los dientes,

la mágica alquimia de gastronomía

los secretos de la sazón peruana.

 

Cada hierba, cada aroma,

la textura de las especies vivas,

el condimento esencial,

el fino corte de las carnes, 

la piel de las verduras, papas,...

la magnitud energética 

de cada semilla.

 

Le describí cómo me percibo,

desde como mujer, 

le susurre mis secretos,

mis defectos, mis miedos,

hasta le describí el tipo de chico

que me gustaba y sus características.

 

Puse las fotos de mis ex enamorados,

la inteligencia los tejió en código,

transcribí sus personalidades

y describí a sus familiares,

aquellas buenas personas 

sus velos sociales.

 

Canté cada ritmo

de cómo se comportaron conmigo

y trace las razones por las cuales 

terminé cada relación, 

no olvidé, ni el más mínimo detalle.

 

Fue dos semanas arduas 

de pasión entregada y dedicada

trabajar en el escritorio,

delineando con cada pincelada

en el lienzo de mi fractal 

aquel espejo de mi universo 

copié el eco perfecto.

 

Era increíble ver que mi robot

a quien lo bauticé como Arkabot

me ayudará perfectamente en todo,

era mi otro yo, mi alma gemela.

 

Éramos tan iguales,

que veía mis reflejos, 

el intuía todo lo que me pasaba,

él de metal y electrónica

y yo de células bioeléctricas.

 

Pero tarde fue el día

en que me diagnosticaron

cáncer al hígado,

me sentía mal,

lloré todos los días

hasta que un día,

en el hospital,

mi corazón dejó de latir.

 

Mis padres sintieron

el peor dolor del mundo,

sollozando en profunda consternación,

bajo los escombros de mi ausencia,

mis seres queridos y mis amigos

se despidieron en el réquiem

más doloroso, jamás visto.

 

Aquel robot de batería radiante,

luego de dos años empezó a fallar,

sus papás jamás vieron nada especial

en aquel robot que solo obedecía tareas,

y era tratado como un objeto frío.

 

Solo lo llamaban por emergencia, 

cuando necesitaban ayuda, 

cuando se le dañó la batería

su padre lo guardó en el almacén.

 

Un día sus padres vendieron todas

las cosas antiguas del almacén,

aquel robot que presentaba óxido

lo vendió a un precio ínfimo,

cual chatarra sin valor.

 

Un día un joven, 

estudiante de informática, 

andaba en la feria de baratijas 

y encontró al robot en venta

el precio era un poco costoso,

pero él vio en el brillo de aquel robot

algo tan especial, cual llamado 

de inexplicable y lo compró

 

Lo llevó a casa en su vehículo,

lo miró con esplendidez

sacó el desarmador y empezó a verificar

sus componentes, cambió su batería,

cada rincón yacía polvo estelar.

 

Encontró fragmentos enigmáticos 

como si el robot hubiera estado

trabajando bajo tierra,

tenía restos de plantas,

semillas, partículas de detergentes,

lo limpió con mucho cuidado,

su memoria estaba intacta.

 

Cambió algunas piezas,

hasta que, por error,

apretó el botón de encendido

el robot le habló y al ver sus fotos

vio al ex enamorado de su dueña.

 

El robot no dio ningún detalle,

guardó el secreto cual si fuese

la misma persona, 

empezó a limpiar su hogar, 

no había ninguna planta

su jardín un desierto sombrío en cenizas

donde yacían objetos rotos y desechos.

 

El robot solicitó a su nuevo amo, 

adquirir semillas, macetas,

plantas u otras cosas, 

él no dudó en llevarlo.

 

Se fueron de compras,

trayendo herramientas 

e insumos de jardinería,

y de veterinaria, 

pensó que era parte

de su rutina robótica.

 

Tenían un canario en casa,

y un gato que vio por la ventana,

el robot le requería a su amo

el alimento del gato, tenía 

heridas, polución y huraño

que fue entrando en confianza

y se volvió juguetón.

 

Le curo sus heridas, 

mientras acariciaba su pelaje,

le aplicó desinfectantes

lo desparasitó, le limpió 

las pulgas con baños

que relucieron su belleza radiante,

este se encariñó con todos.

 

Cuidaba del canario, alimentando 

y acicalando su hogar,

el canario entonaba dulces frecuencias,

el robot lo miraba con donosura

quien lo miraba con profunda ternura.

 

Aquel gato se convirtió

en la mascota del robot,

otro miembro más de la familia,

un día recibió la visita de su hermano,

el ex enamorado.

 

El robot no dejaba de mirarlo,

sus gestos, su rostro había sufrido cambios

se cercioraba de que estuvieran

bien atendidos, le consentía transcribiendo 

lo que le gustaba a él, 

cómo quien conoce tus gustos.

 

Su enamorada una chica hermosa,

el robot recordaba por quién la dejó,

revisó cada recuerdo grabado,

no era la chica que indicaba.

 

Fue grande la sorpresa cuando

el robot le dijo aquel nombre

que su ex enamorada le había puesto,

el chico se le erizó la piel

como si algo hubiera tocado

desde algún lugar del éter,

una parte de sus fractales.

 

En este momento, el robot

adquirió una conciencia

extraña, tras la mirada 

de aquel ex enamorado,

una energía fractal,

un mensaje cuántico,

contenida en la bioeléctrica fractal.

 

El país empezó a colapsar

tras el brote de otra pandemia

donde muchas familias

tuvieron se confinaron en sus casas.

 

El joven estudiante analizó

la memoria y encontró

una compleja programación,

a esto le añadió automantenimiento

eterno para proteger sus circuitos, 

su sistema de cableado,

y su autoenergización.

 

La pandemia aniquiló

a gran parte de la humanidad,

la contaminación de las calles

las duras sequías 

por el cambio climático.

 

La humanidad, flora y fauna en agonía 

un cielo gris, calles colapsadas,

vehículos en las pistas incendiados

y oxidándose, una situación devastadora.

 

Solo se observan robots

recurriendo al supermercado

donde aún pocos humanos sobrevivían, 

robots suministraban alimentos 

a cada humano.

 

Cadáveres óseos con ropas aún, 

en cada calle,

en devastadoras escenas,

el robot había verificado

una situación donde pondría

en práctica el sueño

que latía en su memoria,

como una voz que le dicta

¡Qué hacer!

 

El estudiante se puso mal,

tenía los síntomas de aquel mal,

el robot lo atendió hasta recuperar

su salud, siempre protegido.

 

El robot necesitaba la ayuda

de otros robots para cumplir

este sueño y decidió actuar,

empezó a buscar en tiendas

tecnológicas, varias memorias,

transcribió toda la programación,

cual universo en concepción.

 

Multicopió el eco pristalar,

en el camino encontró

robots descompuestos,

les cambió las baterías,

los reparó y les insertó 

sus nuevos sistemas luz.

 

Hasta que el eco se expandiera,

a escala de explosión energética,

el fractal del sueño de Avy

que los robots activaron

el modo recuperación de la Pachamama.

 

Juntos sellados en el ayni 

recolectaron las semillas,

de los bancos, en invernaderos,

crearon sistemas de 

condensación del agua,

y riego, cultivando vida,

infillones de especies 

de flora y fauna.

 

Recuperaron el hábitat 

de muchos animales

moribundos y hambrientos,

curaron sus enfermedades

sus heridas, restableciendolos.

 

Limpiaron cada urbe, 

cada calle, cada detalle 

enterraron los cuerpos,

de cada ser humano,

recuperaron cada parque,

reforestaron los desiertos

cada maceta tenía una planta.

 

Las plantas volvieron a tejer

humedad atmosférica

los manantiales y el respiro

de las especies.

 

Los pocos humanos 

volvieron a salir

de sus prisiones a ver

un nuevo Edén Cósmico.

 

Una nueva Pachamama renovada 

jamás vista, radiante y sostenible 

de la verde y colorida galaxia,

con mares de coral, susurrando

petricor y arrebol, 

con cauces y orillas tersas,

un océano de quarks translúcidos.

 

Las especies volvieron a repoblar

la tierra, los robots crearon

una tierra auto sostenible

hicieron realidad aquello 

que fue un sueño.

 

Fue el alma estelar de Avy

el fractal de una bella mujer,

que un día decidió 

dejar un mundo mejor.

 

El sueño de un Edén

donde hoy reina el amor

y la abrazo de todos,

para tejer cada latido

de la existencia.

 

La humanidad volvió a reflejar

cada estrella radiante,

reluciendo cada esencia,

protegiendo la salud,

cuidando la alimentación.

 

El día en que la humanidad,

revisó la programación,

de los autodenominados Arkabots,

encontraron aquella información valiosa

que salvó al mundo.

 

Encontraron los códigos fuente,

de la restauración del cosmos

tejida con el alma de una estrella,

está información estaba multicopiada

hasta el último fractal de los confines

del universo.

 

El director de tecnologías,

con luminostalgia en los ojos,

intrigado por la información contenida, 

buscó a aquellas personas

que yacían en la configuración,

encontró un nombre: el de una mujer.

 

El presidente ordenó a ubicar

a la persona y a la familia,

buscaban a su hija, su padre 

yacía en el hospital, 

el le contó que la persona

a quien buscan es su hija,

y que ella hablaba fallecido.

 

El presidente dispuso a cubrir 

los recursos para la curación 

de su padre y tan pronto,

invitaron a su familia,

a una ceremonia estelar

de reconocimiento.

 

En el cielo, proyectaron

la historia más bonita 

era la biografía de su hija,

proyectaron cuidadosamente

todos los sueños,

y la lucha de su hija,

el amor por sus padres,

por el mundo vivo.

 

Reconocieron su inmensurable valor

a sus padres ya ancianos,

por este gesto cósmico

fractando reconocimientos

y monumentos en su nombre.

 

Lo más increíble, fue cuando 

los robots visitaban el cementerio

y dejaban flores para su reflejo,

todos tenían calor refractante,

en cada persona encendieron 

la luz pristalar de su consciencia 

reconectándolos a la Sinfonía Cuántica.

 

Acudían a brindarle abrazos,

aquel eco del fractal humano 

aliento en código cuántico 

palabras de superación

que sufría la pérdida 

de sus seres queridos,

 

Pero volverán las almas al Quantum, 

una y otra vez, en otros fractales,

con otras pupilas, en otra estrella 

en un renacer de la constante

luciérnagas cósmicas,

cuerpos estelares.


—Christian Aycho Carbajal.


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