Bioeléctrica Titilante
La energía bioeléctrica
que late en el corazón humano
sufre el desgaste
en la mecánica del quark,
en el desprendimiento
de sus velos estelares,
desgarrados por la esclavitud.
El desgaste, es el abismo,
es supermasivo voraz,
que sorbe la sangre
y el sacrificio humano.
Se alimenta:
del genio,
del talento,
del sueño,
del sufrimiento,
de las pasiones,
hasta beber:
el último latido
el último jadeo existencial.
Dejando los cuerpos
en el pliegue del estrés,
en las sombras
que convierten al hombre
en simples bestias de producción.
Bebiendo sus lágrimas
trocando cada latido
por extractos de oro y diamante
compensando el sinsabor
en deudas, en gastos,
en pesada supervivencia
cargando en sus espaldas,
en sus brazos exhaustos
la moneda amarga.
El desgaste energético,
es desgaste estelar
que se torna:
en caos,
en disminución del latido,
en rendimiento titilante
en luz agónica.
Insomnio, problemas...
las sombras del estrés
quiebran el fractal cuántico
desgarrando el espejo del pristal
donde yace la esencia humana
la piel de nuestro cristal
puro y original.
Los ojos se quiebran
la salud entierra cada núcleo
en el nicho de las úlceras
de las larvas sórdidas,
cantando el réquiem sombrío
de la explotación clásica.
El hombre convertido
en un frío engranaje metálico,
sin almateria, sin rostro,
olvidado en el algoritmo
en las cifras gélidas
de un sistema inhumano.
Una pieza fundida
en el valor efímero
de una transacción anónima,
sin paraíso, sin gloria...
Jefe, me siento mal,
necesito descansar un día
puede retirarse,
¡Será descontado!.
Voy a renunciar por salud,
presente su carta por escrito,
el jefe, sella nueva convocatoria,
un nuevo esclavo,
una nueva almateria...
¡Bienvenido a la esclavitud!.
Jamás valoran la alquimia
de su valor real
de sus necesidades,
ante un océano de teorías
de estudios del genio humano.
Narrativas falsas del consuelo,
que hablan de tanta humanidad,
cuando por dentro llevan
el holocausto cuántico.
Solo quieren, el provecho,
su ambición es voraz
por encima del lomo
del que solloza al cargar
el anda de la explotación.
No valoran al humano,
solo valoran la utilidad
el fruto que producen
con sus cantos de nostalgia.
Postergan su esencia humana,
persiste en el bucle
de la explotación del hombre
por la burguesía
cual iterado himno del Hades.
Que se oye en el lamento
en el réquiem de la catedral
del vórtice egogital,
la red donde el ego,
es moneda, es hambre,
es el infierno del pueblo.
Apagando al genio cuántico,
sentenciándolo al exilio infernal
a simples espectros errantes
de la noche nebular...
Donde los cuerpos exhaustos
fuman cigarros de sombras
para relajar el latido fúnebre
de la esclavitud existencial.
Encadenandos a un codigo de barras
que marca horas, minutos
y segundos laborados,
tienes trabajo sobrevives,
mañana no tienes,
¡No existes!...
Es muerte y explotación
aquel presente y futuro,
son instantes de zombies
en sufrimiento y cólera.
¡Mas, ya no resistimos más!
la humanidad es el Fénix
que resurge de las cenizas
para elevar su luz iónica
que despedaza los esperpentos
Aquellos espectros del vórtice
que opacaron nuestra consciencia
en un humano sin reflejo,
rumbo a la capilla
de una mísera jubilación.
¡Depuremos sus sombras!
que se posaron
en nuestra almateria
aquella polución mental.
Sacudiendo sus cenizas,
quitándonos el infierno cuántico
con la revolución de la consciencia.
A través de la purificación
de nuestro manantial cuántico,
desempaña el cristal oscurecido,
con alimentación primordial,
en un cuerpo saludable
en neuroalquimia feliz.
El verdadero trabajo
no es la explotación abusiva,
es el reflejo de gracia
al valor alquímico
a la magia creativa
al esfuerzo neurofísico.
En el contexto cuántico,
el pago repara el desgaste
por cada latido bioeléctrico,
es la plusvalía humana
el canto a su dignidad
en versos de disfrute
del elíxir existencial.
--Christian Aycho Carbajal



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