Sinfonía del Quark
Siento golpes en mis quarks,
lapidando mis rocas;
bravías olas que esmerilan
la piel de mis protones.
Siento la sien estrellada.
Abrí la puerta del balcón
para envolverme en la piel
del viento constelar.
El oxígeno se desliza frío
en los ríos de mis paisajes.
La mirada de este cuerpo,
reflejada en el espejo,
me advierte el tiempo:
el giro desgastado
de mi colosal intrauniverso.
Las ventanas de mi nave,
con los cristales rotos,
llenos de polvo cósmico,
de cenizas, de huellas
en el camino, cual muestras
recopiladas en cada cubo.
He viajado en el río
que arrastra mi cuerpo
a islas, a puertos,
a las penumbras,
a los ejes de las tormentas.
He aprendido a deslizarme,
cual embarcación contra el viento,
contra la corriente,
para no caer en el abismo
del ahogo del mar
de mi almateria.
Puedo contar infillones
de núcleos vibrando
en mi lucha estelar;
cada latido es el cantar épico
de mi sinfonía existencial.
Me voy al trabajo;
el bus sale en cuatro minutos.
Tengo que llegar a tiempo.
El corazón late al ritmo
de mi desesperación.
Olvidé el lugar donde
dejé mi llave.
Pasa por mi nube;
la rutina consume,
pienso en tantas cosas.
Mi desesperación tuerce
mi pristal, sudorando mis manos
ante los minutos que pasan.
Lo busco en mi pantalón;
logré encontrarlo al costado
de la alacena.
Las escaleras lucen brillosas
en cada paso que doy.
Cada latido golpea mi camino,
dejando sombras y chispas
que rozan el velo duro
de los átomos petrificados.
El bus ha llegado,
estrellando mi visión
en la luna, viendo cada pupila
absorber mi almateria.
En cada cuerpo y cada cuerpo
estrellan sus óndulos en mi tensión.
Mi cuerpo siente el giro
del remolino nuclear
que alerta y altera
la velocidad del cometa
en la trayectoria al trabajo.
La tensión conmueve mis latidos.
He llegado temprano, con el aliento
en serena sinfonía.
Mis pristales han cumplido
la misión de la llegada.
Siento el estrés martillando
mis latidos, atornillando
con los giros del motor en sus ejes.
El cubo de pristales suda
la alquimia mágica del néctar.
El elíxir, la bebida luminar,
delinea los costados
de mis estrellas favoritas.
Mis pensamientos giran
en torno a ellos:
mi esposa ha de estar bien,
mis hijos en el deber.
Todos giramos en cada instante.
No vivimos el futuro,
no vivimos el pasado:
vivimos el movimiento,
la relatividad de la materia.
Ayer terminaron de demoler
las viviendas antiguas
para comenzar la construcción
de una plaza con nuevos jardines.
En seis meses, este paisaje
de nuestra calle
será otro verso.
Nada es estático;
somos otro rotor
de la relatividad.
Cada sueño es un canto
de la materia iluminada,
la bioeléctrica titilante
que gira el tornillo del tiempo.
Volví a casa, compré el pan
y los alimentos
para reactivar las sonrisas
y la voz de mis amadas estrellas.
Vivo con el verso encantado
que incendia el poema existencial
con sus melodías que nos alientan,
que nos motivan a torcer
las manivelas del juguete a cuerdas,
reproduciendo, altisonante y nostálgica,
el himno de la alegría.
En la eterna noche
de las luciérnagas estelares,
los reflejos de las estrellas
vibran en nuestros
corazones cuánticos.
Cada pedacito del firmamento
gira en nuestro multiverso,
en la piel de nuestros átomos,
en las capas de quarks,
en la lluvia, en tormentas,
en el golpe de hadrones,
pincelando los matices
de la alquimia del sueño.
En las películas bioeléctricas
que ondulan los neuroalquímicos
en la memoria cuántica
del ADN, tejen los puentes,
los caminos, los conductos;
moldean la manzana dulce,
rebosando de jugo en los labios.
Tejen el horizonte
del Edén Cósmico
en capas interdimensionales,
abrazando entre los hijos
y la esposa a infillones
de quarks, átomos, moléculas,
células… en un vasto entrelazo
intergaláctico del cuantum.
No abrazas tres vidas,
abrazas multiversos completos:
las razones de tu existencia
tejidas en lenguaje cuántico,
que repiten tu sonrisa,
reflejando tu vitalidad.
Vacío es ausencia ondular.
Los sueños del quark,
pintados en el firmamento
del tapiz bioeléctrico,
son la constante existencial
que transfigura la belleza
del árbol de la vida.
Eres el verso de sus sinfonías,
el primer canto de cada pristal,
la partitura de Dios
en tus sentidos,
esculpiendo la felicidad
de las almaterias
en tu mundo.
Tu voz es el jadeo de los quarks,
resonando el canto
de tus cuerdas cósmicas
en sonrisas y latidos
reverberantes y radiantes
que iluminan el río etéreo.
Aquellas estrellas radiantes
que Dios creó,
cifrando en la partitura
el código cuántico
de las luciérnagas,
su divino susurro ondular.
--Christian Aycho Carbajal
Neologismos:
Pristal: Es el núcleo luminoso donde la conciencia se refracta como un prisma cuántico.
Une pureza, percepción y energía subatómica en una sola vibración interior.
Es la célula primordial de la identidad, la ventana donde el ser se reconoce.
Almateria: Es la unión indivisible entre alma y materia, un continuo vibratorio existencial.
Integra emoción, biología y energía cuántica en un solo campo de presencia.
Es la materia iluminada por el alma, y el alma encarnada en la materia.
Infillones: Son cantidades infinitas que desbordan lo numerable y simbolizan abundancia esencial. Se refiere a las fluctuaciones innumerables del cosmos y de la experiencia humana. Son el infinito que sentimos: posibilidades, latidos y universos en expansión.



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