Epopeya Cuántica













La vida se desplaza 

en silencio constelar, 

guardando un secreto,

en sinfonía cuántica

que hilvana cuerpos...


Cada susurro, 

cada suspiro,

versos constelares 

fluyendo del quark 

a tapices celulares,

deslizando cantos

del viaje multiversal.


Somos neutrinos 

y quarks yendo 

y viniendo dal Pléyades,

y a los confines,

en explosiones de luz,

de ondas y partículas.


Almaterias entramadas 

núcleo a núcleo,

en abrazos iónicos

que alientan latidos,

trenzando fractales 

en alquimia mágica,

materia transfigurada,


Somos el beso 

de dos novios tejiendo

en el Vals de los Serafines ,

el lazo del Big Bang,

del río cósmico.


Ahí, dónde infillones de seres,

en diferentes capas, 

dimensiones escalares,

desde un neutrino hasta

los confines de galaxias 

u otros universos.


La galaxia acariciando

las mejillas del neutrino,

que ríe cantos estelares 

en supernovas de poemas 

de un Dios bioeléctrico.


En el espejo cuántico,

los pristales que flejan

y reflejan nuestra sinfonía 

el palpitar ondulante.


El pulso de los astros

que emerge de nosotros,

en la voz en el quark

entonando la revolución cuántica 

con los ojos de luminostalgia.


Nuestros latidos vibran

en las cuerdas fractales

en las venas del fluido bioeléctrico

en el éter carmesí,

la savia lumínica de la vida.


Cada movimiento defectuoso

brota de las fisuras y desgastes

que dificultan el giro de los ejes,

de nuestra rotación estelar,

trazando la mecánica

de nuestros pasos holográficos.


Haciendo que el caminar sea

pausado y erróneo o correcto

en los conductos, 

en cada circuito 

de nuestra existencia.


El obstáculo primigenio

son aquellas fallas internas,

opacas empañaduras que cegan,

la óptica neuroalquímica,

desequilibrando y quebrando

en los engranajes del cuerpo,

la articulación de los hélices.


El problema no siempre es la senda,

la vida es un bosque de posibilidades

posee caminos amplios, caminillos,

atajos, marañas, abismos,

llanuras, escarpas, caminos sin salida,

bayas venenosas, frutas, flores,

hongos, espinas, rocas,

pedregales, pantanos, lagos, ríos,...


El hombre que ha

logrado la conciencia,

opta por el camino llano

seguro de continuar,

no sin antes consultar

los oráculos del conocimiento.


Consulta a las almaterias

que cruzaron catástrofes

por el puente del tiempo,

¿Cómo es el rumbo

al horizonte estelar?


El hombre cegado,

escucha las voces espectrales

de la boca de un amigo,

aquel que te incita a correr riesgos

por tu vida, por tu salud,

diciéndote ¡prueba, por única vez!


Te sibila cual Eva a comer 

el secreto del vacío tétrico

el enigma de las bayas tóxicas

 embriagan y confunden,

hongos alucinógenos,...


Distorsionando tu equilibrio,

desviándote del camino,

vendado tu consciencia

opacando los pristales 

de tu esencia humana.


Perdiste de vista tu mapa y tu eco,

no sabes dónde estás

ni dónde está el camino llano,

optaste por la senda sin salida

a los filones del abismo,

justo aquel donde caen los cuerpos

en las manos del Hades.


Aquellas voces que susurraban

tu confusión, llevándote

con espejismos y arpas líricas,

eran las voces sombrías

para retenerte en el bucle

el infierno de los espectros errantes.


Descuida, descuida

¡ahora saldrás de esto!

este momento es una luz,

que te muestra el abismo

de nada sirve morir

en el anonimato,

¡Toma mi mano!


Urga tu intrauniverso,

este cuerpo que habitas,

¿late tu corazón

con un ritmo normal?

tócalo, siéntelo,

eres la creación sagrada,

de nuestro Dios 

que late tus venas.


Palpa tus galaxias neurales,

siente tus reflejos,

¿Y si es eco que del estrés?

La salud no es solo un diagnóstico

o tu radiografía, sino la radiante

y diáfana luz en tus pristales.


¡Acuérdate!

el alimento del mediodía,

la cena olvidada,

¿Si llegaron a tiempo o los huecos

se han llenado con gastritis ulcerante

de una jornada que perdió la sinfonía

cuántica, tu luz sagrada?


Porque tu rumbo lo defines

desde tu cosmos interno,

Este es el primer paso

en tu intrauniverso.


Los conductos de tu cuerpo

son los primeros caminos

donde tus células, tus moléculas,

tus quarks, cada oscilación

y tu energía ondular,


Definen el giro de tus ejes,

a la velocidad y a la claridad,

con cuerpo de atleta,

cual estrella fugaz 

al rumbo soñado.


El camino posee problemas,

puedes ayudar a otros

a seguir el camino 

o llevarlos al camino,

mas tienes que seguir 

el camino llano.


Si alguien te ofrece

la manzana ponzoñosa

¡no lo recibas!,

viene en forma de idea,

consejo de un "amigo"

que anhela quebrarte

no es una alternativa,

es el mismo abismo.


La mejor forma de tomar el vuelo

es sabiendo a dónde vas

y por dónde deberás llegar,

donde el alimento es el aliento

y el elíxir energético es Dios,

la deidad energética-ondular.


Antes de alzar el vuelo,

debo sanar mis heridas,

mis plumas, mis alas,

el peso de mi cuerpo

para no caer en el intento.


Todos tenemos llagas,

aquellas heridas que duelen,

aquellos padres o amigos,

desde un ser que dejó de existir,

el amor que se fue,

los espectros que echaron

en abandono a un hijo,

el cese del trabajo

el negocio que no funcionó.


El camino de los latidos

es un océano de problemas,

hemos remado en turbulencias

en lluvias y tormentas,...


Ahí donde protegíamos

nuestros corazones de las fauces

de la muerte, donde una luz

de esperanza brotaba

desde el quantum.


Siempre atravesaremos

por estos puntos,

cada almateria vivirá

estos momentos.


Venimos al mundo

en el sueño de la vida,

el largo andar requiere

de un pristal liviano,

donde dejemos atrás

el dolor sumido en lágrimas

en los rocíos de sal.


No nacimos para llorar,

no para vestirnos de un infierno

venimos a disfrutar

el almíbar existencial,

donde la alquimia

teje nuestro linaje,

las constantes existenciales.


No vivimos un ciclo,

vivimos el largo andar

de renacimientos,

una y otra vez.


Somos los viajeros

que rompimos el bucle

una y otra vez,

para deleitar la evolución

del alma en el quantum.


Somos aquel quark,

en el ala estelar

y en las pupilas neurales

que vuelve a ver

la esencia del ser

en otros rostros

de la eterna luz.


Pero con la misma razón

del pulso sostenido

en tus protones, neutrones,

con tus gluones atrayendo

electrones de tus latidos

de bioeléctrica luz.


El eco de las estrellas

de galaxias enteras,

en un vaivén infinito,

rotando en nuestras fuentes.


Nuestros sistemas

guardan el código cuántico

encriptado en tu corazón,

y en tu genética sagrada

que plasma el linaje

en melodías fractales,


Donde la luz épica perdura

en el latido infinito,

chispa divina en el corazón

del multiverso consciente.


--Christian Aycho Carbajal



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